La ciencia del pan con aceite no parece tener mucho misterio, nos comentan los amigos de Directo del Olivar. Es verdad que el pan es básicamente agua, harina y levadura. El aceite de oliva es sólo zumo de aceitunas. Pero esta sencilla mezcla con buena materia prima y una elaboración de calidad, da como resultado un alimento rico, natural, saludable y apto para todos los públicos, incluso para celíacos y personas sensibles al gluten. El problema es que hoy, en un mundo altamente industrializado, no es fácil encontrar ni buen pan ni buen aceite de oliva. Y como este inicio nos ha parecido interesante y prometedor, reproducimos hoy lo que nos cuentan bajo el título «El pan con aceite de mi madre».
El problema es que hoy, en un mundo altamente industrializado, no es fácil encontrar ni buen pan ni buen aceite de oliva. La mayoría de los panes se elaboran en grandes obradores industriales y llegan ya precocinados a las panaderías y supermercados, donde en el mejor de los casos se hornean y venden en el momento como pan recién hecho. El resultado es un pan insulso que recién horneado da el pego, pero que al cabo de unas pocas horas se vuelve insulso y sin sustancia, acabando normalmente en la basura. Como alternativa, podemos guardarlo y que termine sus días dignamente dentro de una buena sartén de migas, pero en cualquier caso como pan es lamentable. Algo parecido ocurre con muchos aceites de oliva virgen extra (AOVE) que frecuentan las estanterías de los supermercados, procedentes de almazaras industriales orientadas a producir grandes volúmenes y que dan como resultado aceites ligeros y económicos, que muchas veces desde luego no deberían venderse como virgen extra.

Vamos a echar unos números. Puedes comprar un buen pan de masa madre por unos 3 € el kilo y un verdadero aceite de oliva virgen extra por menos de 6 € el litro. Teniendo en cuenta que una rebanada de este pan puede pesar unos 50 gramos y le podemos añadir unos 15 ml de aceite siendo generosos, el coste total del plato no supera los 0,20 €. Sin duda, un alimento barato que en cambio aporta hidratos de carbono complejos (fáciles de metabolizar), grasa monoinsaturada de la buena (ácido oleico), vitaminas y antioxidantes naturales… Eso sí, el mérito siempre para las proteínas acompañantes: jamón, queso, anchoas…
Es verdad que parece un anuncio, pero hay una singular mezcla que a nosotros nos transporta directamente a la infancia… la Nocilla de Jaén: pan con aceite, más aceite, un poco más de aceite y una cucharadita de cacao en polvo. Una receta rica, con grasas saludables y una buena dosis de calorías de calidad como las del aceite de oliva, muy necesarias cuando somos niños activos y guerreros.
Por cierto y como curiosidad, ColaCao y Nocilla, son dos marcas históricas con un gran valor emocional para muchas generaciones de españoles. Fueron lanzadas al mercado en 1945 y 1967 respectivamente por dos empresas de alimentación míticas como Nutrexpa y Starlux. Ambas han desaparecido ya, pero sus productos estrella siguen triunfando gracias a esa nostalgia, y en la actualidad los fabrica el grupo catalán Idilia Foods.

Otro clásico, esta vez de nuestros desayunos y cenas, unas tostadas calentitas regadas con aceite de oliva virgen extra. No sabemos a quién se le ocurrió la idea de tostar el pan por primera vez, pero seguramente que le movía el hambre o la necesidad, que agudizan el ingenio. Y es que al tostarlo, incluso ese pan insulso, chicloso y sin sustancia del día anterior, es capaz de recobrar vida por el simple efecto del calor, que recupera la elasticidad de su miga y le aporta un intenso olor y sabor. Por ello, a la hora de regar la tostada, es recomendable hacerlo con un AOVE frutado y potente…
Y hasta aquí llegamos hoy agradeciendo la información facilitada por los amigos de Directo del Olivar.

