La elegancia del vino elegido Mejor Tinto de Crianza por la Guía Vinos Gourmets 2025, se vuelve un gran aliado para afrontar los cambios del otoño. Este tinto tiene la capacidad de rememorar los atardeceres otoñales de su terruño situado en el corazón de la Ribera del Duero. Con un 90% de tempranillo y 10% cabernet sauvignon, en su elaboración se refleja el saber hacer de Beatriz Rodero, directora técnica y enóloga de la bodega, que su padre, Carmelo Rodero, convirtió en una de las emblemáticas de la Ribera del Duero.
La añada 2021 estuvo marcada por condiciones climáticas desafiantes. El ciclo comenzó con un invierno marcado por la borrasca Filomena a principios de año y que trajo consigo fuertes nevadas y lluvias. El verano fue cálido y seco, características típicas de nuestra región, lo que favoreció la maduración de las uvas. Sin embargo, las precipitaciones fueron escasas, y la falta de humedad en los suelos influyó en el proceso de maduración, obligando a usar las reservas de Filomena. A pesar de las adversidades, las condiciones climáticas extremas marcaron el resultado final de la cosecha calificada como excelente.
La verdad es que Carmelo Rodero imprimió en sus hijas Beatriz y María el amor por su tierra, al que ellas dan continuidad con renovadas ganas e ilusión. En los aromas de frutos rojos maduros y especias que se abren en este Crianza 2021 se percibe el carácter del viñedo, que la mano experta de Beatriz sabe extraer. Las notas bien integradas de su crianza de 15 meses en barricas nuevas de roble francés aportan complejidad, sin restar un ápice de frescura. Su grado alcohólico es de 14,90 % y su PVP de 27 €.

Hablar de Bodegas Carmelo Rodero es hablar de la ilusión de toda una familia, del sueño que un día movió a Carmelo Rodero a fundar esta bodega en Pedrosa de Duero (Burgos), en 1991, y que se ha convertido en un referente de calidad de la Denominación de Origen Ribera del Duero. El mismo sueño inspira ahora a sus hijas, Beatriz y María, quienes con ilusión renovada perpetúan la misión de extraer el fruto más genuino de su terruño.
Los viñedos de Bodegas Rodero crecen a una altitud de 890 metros sobre el nivel del mar a través de varios pagos seleccionados, un total de 170 hectáreas con virtudes intrínsecas diferentes de cada microclima. Esta diversidad geográfica es clave en la creación de unos vinos con el sello del terruño, que deja expresarse a la fruta con nitidez y marcada frescura, siguiendo la filosofía de su directora técnica y enóloga Beatriz Rodero.

