Derechos,… ¿qué derechos?
Hemos perdido el oremus. Un joven de 27 años arguye “objeción de conciencia” para no actuar como vocal en una mesa electoral. Argumento tan peregrino podría aplicarse, por extensión, a no querer circular por la derecha en automóvil, no pagar impuestos y otras ocurrencias a cuál más extravagante. Al parecer, hemos olvidado las limitaciones
