«Me molesta que usen a mi ancestro con fines políticos»

El descendiente de Moctezuma muy cabreado con las tonterías de López Obrador

La preocupación del presidente de México por abrir viejas heridas solo contribuye a la discordia entre los actuales mexicanos y los 300 descendientes del monarca mexica

El descendiente de Moctezuma muy cabreado con las tonterías de López Obrador
Juan José Marcilla de Teruel-Moctezuma RS

López Obrador señaló en un ridículo escrito que las actuales autoridades mexicanas elaboran un pliego de delitos que exhibirán ante España antes de que finalice el año en curso. («Hasta los cojones de oír hablar a los masones y sus vasallos de la izquierda del tema de la conquista española»)

Al final de la novela «Cien años de soledad», un remoto descendiente de los Buendía logra descifrar la maldición que se cierne sobre su familia: «Porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra», descubren los pergaminos de Melquíades. Gabriel García Márquez habla en su novela cumbre de los peligros de la endogamia y, sobre todo, de un continente en una lucha constante contra su propia historia y su ADN. También de gobernantes derrocados, de padrastros e hijos bastardos, de guerras civiles y de invasiones, según recoge Cesar Cervera en ABC.

Dos siglos después de su independencia, parte de México sigue sin aceptar que ni son una provincia sediciosa de Castilla ni tampoco los herederos del mosaico de pueblos mexicas previo a la llegada de Hernán Cortés, que no corresponde ni cultural ni geográficamente al país que hoy preside López Obrador. La estirpe de la familia de Moctezuma II, último monarca de la Triple Alianza, bien podría ser los Buendía, salvo porque la llegada de los españoles les dio una segunda oportunidad en el nuevo y en el viejo mundo. (Los mamarrachos de Podemos apoyan que el Rey de España pida perdón a México por la conquista de América)

La Nueva España que creó Cortés no supuso borrón y cuenta nueva para el Valle de México, como algunos pretenden dar a entender al vincular el México actual únicamente a los pueblos mexicas. El extremeño dio forma a una sociedad mestiza, donde los aliados indígenas de los españoles gozaron de una posición preferente en el nuevo orden y, lo que es aún más sorprendente a ojos modernos, muchos miembros de la élite azteca retuvieron parte de su grandeza. Los propios descendientes de Moctezuma, que tuvo 19 hijos con diferentes mujeres (aunque Fernández de Oviedo habla de hasta 150), recibieron títulos y territorios por parte de la Corona española.

Una de sus hijas, Tecuichpo Ixcaxochitzin, bautizada como Isabel de Moctezuma, se casó con tres españoles próximos a Hernán Cortés y tuvo con ellos en total seis hijos legítimos de ambos sexos y una más que no reconoció, Leonor Cortés Moctezuma, la cual engendró con el propio extremeño. Como legítima descendiente de Moctezuma II, a Isabel se le entregó la encomienda de Tlacopan, la más grande del Valle de Anáhuac, lo que permitió a sus antepasados vivir holgadamente de las rentas hasta avanzado el siglo XX.

No fue el único Moctezuma con título en España. La prole de Tlacahuepantzin Yohualicahuacatzin, bautizado como Pedro de Moctezuma, ejerció una gran influencia entre la aristocracia española. Su hijo Diego Luis de Moctezuma se casó con la noble Francisca de la Cueva y Valenzuela y entroncó la dinastía en España. Tras su muerte en Valladolid en 1606, la Corona nombró a su hijo Pedro Tesifón Conde de Moctezuma, más tarde Ducado de Moctezuma por gracia de la Reina Isabel II, cuyo título se encuentra hoy en posesión de Juan José Marcilla de Teruel-Moctezuma.

«Me sienta francamente mal que se use la figura de mi ancestro con fines políticos. No tiene ningún sentido exigir al Rey que pida perdón por algo que ocurrió hace cinco siglos, y se lo dice alguien que tiene sangre azteca a alguien que no», afirma el duque, representante de un linaje de emperadores mexicas y, a su vez, de importantes personajes de la historia de España como el héroe de la Guerra de Independencia Pedro Agustín Girón Las Casas o su hijo Francisco Javier Girón Ezpeleta, II Duque de Ahumada, que ejerció como primer director de la Guardia Civil.

Lo más sorprendente del mensaje de López Obrador es que no reclama disculpas al Rey de España en representación de las comunidades indígenas afectadas por la conquista, sino que, dentro de la tradición criolla, insiste en que todos los mexicanos descienden de los mexicas, incluido él, con dos apellidos castellanos y un abuelo cátabro exiliado a principios del siglo XX. Todo ello mientras la población indígena sigue asfixiada frente a los retos del México moderno. En tiempos de la independencia, Nueva España conservaba al menos un 50% de la población indígena, y un 20% de la mestiza. Cifra que no ha dejado de disminuir desde que se marcharon los «conquistadores»: solo el 23% de los mexicanos se considera indígena o descendiente de indígenas, según una encuesta interracial realizada en 2015.

«En México han cogido la costumbre de ocuparse más de los indios muertos que de los vivos. Ese es el problema», reivindica el descendiente primogénito de la dinastía de los Montezuma, con un pie puesto en España y otro en México. En su opinión, las condiciones de vida de la población indígena empeoraron con la salida de los españoles, que otorgaron una protección legal que incluía el acceso a la educación y un plan de integración. «Yo no conozco ningún imperio en el que a los hijos de los conquistados, como a mis ancestros, se les otorgaran pensiones vitalicias, títulos nobiliarios, etcétera».

Flor Trejo, historiadora mexicana y subdirectora de Arqueología Subacuática, considera la maniobra de López Obrador «un recurso pobre y barato para mantener popularidad» que contribuye, precisamente, a distanciar más una «reconciliación histórica», tal como él propone. «Para comprender los aspectos de identidad, cultura y pasado histórico compartidos entre México y España, no se puede partir desde el discurso en blanco y negro: víctima y victimario, mártir y sanguinario, conquista y destrucción, ofensa y perdón», apunta.

«El indigenismo radical que se puso de moda está enfrentando a los propios mexicanos entre sí y a ellos con los españoles. Debemos insistir en nuestros lazos comunes y en la colaboración fraternal», afirma el aristócrata español, para el cual es más prioritario para el país hacer una buena Ley de Educación que no discrimine a los indígenas y que no enseñe «la hispanofobia».

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