Aunque sería impensable que España o Portugal abandonasen el euro, el ataque de los especuladores estaría más que garantizado
La salida de Grecia del euro es ya más una realidad que una hipótesis. Bruselas ya ha advertido al país, que afronta un nuevo mes decisivo hasta las nuevas elecciones del próximo 17 de junio de 2012, de que no habrá mano izquierda con los ajustes exigidos.
Si no cumple, Atenas tendrá que abandonar la moneda común. Pero los expertos advierten de que la vuelta al dracma tendría que venir acompañada de un plan de control de cambio y de aseguramiento de las fronteras para evitar la fuga de capitales.
Al no estar previsto en los tratados de la Unión una salida del euro, el país tendría que iniciar largas negociaciones con sus acreedores.
Unas conversaciones que podrían terminar en el llamado Club de París (foro de acreedores y países deudores), cuya función es coordinar formas de pago y renegociación de deudas externas.
Llegada de una nueva moneda
Grecia tendría que volver al dracma. Un movimiento complejo para el que sería necesaria una nueva ley monetaria que redenomine los contratos en euros a la nueva divisa, con el fin de llevar a cabo una devaluación que algunos expertos cifran incluso en el 60%.
Gasto logístico
Al cambiar la moneda, Grecia tendría que realizar un gran desembolso para sustituir cajeros, emitir nuevas divisas y lanzar un plan de información para los ciudadanos.
Fuga de capitales
Muchos ciudadanos acudirían a las sucursales bancarias para sacar de allí su dinero y colocarlo en cuentas en euros consideradas más seguras, como, por ejemplo, en Alemania, lo que situaría en serio riesgo de quiebra al sistema financiero heleno, que además no podría recibir ayuda de un Estado que también acaba de salir de la bancarrota.
Empresas
El acceso a la financiación sería mucho más difícil para las empresas griegas, que tampoco podrían contar con ayudas del Estado. Si el escenario empeora, se desencadenaría una espiral de impagos que acabaría provocando cierres, y, por lo tanto, un aumento del desempleo en un país en el que la tasa del paro roza ya el 22%.
La deuda y las ayudas
Grecia ha contraído sus deudas en euros. Una posible vuelta al dracma conllevaría una renegociación con sus acreedores, que incluso podría acarrear una posible quita para compensar la pérdida de valor de su divisa.
Efecto contagio
Los inversores podrían temer que otros países siguieran los pasos de Grecia. Aunque sería impensable que España o Portugal abandonasen el euro, el ataque de los especuladores estaría más que garantizado, presionando las primas de riesgo de los periféricos y dificultando el acceso a la financiación de estos países. Citi calcula que para evitar este efecto contagio, el BCE tendría que aportar liquidez adicional por 800.000 millones de euros a las entidades de la Eurozona, con una exposición al país de 410.000 millones de euros.
El precio a pagar
Según el diario alemán Wirtschaftswoche, el coste para el contribuyente europeo de la salida de Grecia sería de 276.000 millones de euros. Sólo en el caso alemán la cifra ascendería a 77.000 millones de euros.
Competitividad
Si hay algo positivo en la vuelta al dracma 10 años después, es que el turismo aumentaría al ser más barato para los extranjeros. Además, el país ingresaría más por las exportaciones. Sin embargo, las importaciones serían mucho más caras. Y esto incidiría en sectores clave como el energético, ya que Grecia -y otros países como España o Portugal- importan más del 90% del petróleo y el gas que consumen.
Arma política
La situación política y económica de Grecia ha sido utilizada como arma por los principales líderes europeos, como el ex presidente francés Nicolas Sarkozy, quien criticó hace algunos meses la entrada de Grecia en el euro porque «lo hizo con cifras falsas». También advirtió del riesgo que corrió toda la UE si Atenas no hubiera sido rescatada.
