EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (XXIV)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Con la décima que comentas quise dar a entender que los españoles no vivimos en un mundo aparte; que los distintos y reprensibles “ismos” no son exclusivos de España. No la urdí para consuelo propio, ni para consumo ajeno, de mis compatriotas, sino para que no perdamos la perspectiva y nos conste también qué ocurre allende nuestras fronteras.
Abundo en esa realidad que acarrea o radica en la expresión que dice “allá donde vayas, que de los tuyos haya”. La familia, si puede (que suele poder), ayuda, echa una mano. Los amigos son una segunda familia. Ahora bien, entre ambas existe una clara diferencia, porque, mientras nuestros parientes nos vienen impuestos por el lazo consanguíneo, nosotros elegimos a nuestros amigos.
La infanta Cristina se ha librado sólo por ahora. Acaso la imputen por defraudar a Hacienda. Ya veremos. El “caso Nóos” no es el “affaire Aizoon”. Aún no se han cerrado las puertas al fraude fiscal.
Como no he seguido el debate, no puedo opinar. Tenía entre manos otros quehaceres más importantes que llevar a cabo y se concentraban en torno a (o gravitaban sobre) mi señera y señora madre.
Si relees la epístola, hallarás en ella la refutación a tu poliédrica o polifacética objeción: “Bienvenidas, bienhalladas y bienhadadas fueron, son y serán las tales (rutinas, costumbres inveteradas, arraigadas —contradiciendo, eso sí, la segunda parte de la definición que da el DRAE de dicho vocablo—, pero sin dejar de usar la razón, claro) siempre que sean creativas, aunque empiecen y terminen con las ya habituales, casi proverbiales, marcas de la casa”.
Iba a escribir ahora, a renglón seguido, que haces mal en dudar de mi intención, pero he traído a las mientes o recordado lo que adujo Jorge Luis Borges (“La duda es uno de los nombres de la inteligencia”) a propósito y he desistido de hacer tal cosa.
¿Qué quieres dar a entender o decir? ¿Que me contradigo? Pues claro que lo hago. ¿Acaso te has dado de bruces alguna vez con una sola persona que no haya caído o incurrido en ese error tan estúpido, tan humano? ¿Tal vez hay estúpidos que no sean humanos? ¿Quizás existen estúpidas que no sean personas? Si tú reconoces tener personalidad doble, hay quien la tiene múltiple. Y no miro a nadie en concreto. Walt Whitman en “Hojas de hierba” escribe: “¿Que yo me contradigo? / Pues sí, me contradigo. Y ¿qué? / (Yo soy inmenso, contengo multitudes.)”.
Por si te sirven (yo encuentro interesantes y muy útiles las líneas que siguen), te transcribo algunos pensamientos del gran poeta estadounidense citado en el párrafo que precede: “No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños. No te dejes vencer por el desaliento. No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber. No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario. No dejes de creer que las palabras y los poemas pueden cambiar el mundo. Pase lo que pase, nuestra esencia está intacta. Somos seres llenos de pasión. La vida es desierto y oasis. Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia. Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: tú puedes aportar una estrofa. No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre…”.
Te saluda quien te aprecia y abraza,
Ángel Sáez García
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