¿A TUS INFANTES MUDAS EN DIAMANTES?
“—Extravaga, hijo mío, extravaga cuanto puedas, que más vale eso que vagar a secas. Los memos que llaman extravagante al prójimo, ¡cuánto darían por serlo! Que no te clasifiquen; haz como el zorro, que con el jopo borra sus huellas; despístales. Sé ilógico a sus ojos hasta que renunciando a clasificarte se digan: es él, Apolodoro Carrascal, especie única. Sé tú, tú mismo, único e insustituible. No haya entre tus diversos actos y palabras más que un solo principio de unidad: tú mismo. Devuelve cualquier sonido que a ti venga, sea el que fuere, reforzándolo y prestándole tu timbre. El timbre será lo tuyo. Que digan: “suena a Apolodoro”, como se dice: “suena a flauta” o a camarillo, o a oboe, o a fagot. Y en esto aspira a ser órgano, a tener los registros todos”.
Miguel de Unamuno y Jugo
Las/os madres/padres son personas subyugantes,
Pues solamente logran ser felices
Si previamente fueron infelices
Y al coronar lo que era imposible antes,
Mudar a sus infantes en diamantes,
Para con sus esposos/as codornices
Al horno hacer a falta de perdices
Que con brandy guisar (¡qué extravagantes!).
Unas y otros encuentran su razón
En la motivación, ritual del logro:
La dicha es consecuencia del esfuerzo.
No voy a hacerle hoy caso a la sazón:
¿Nadie comparará a estas/os con un ogro
Ni al del soneto autor con un mastuerzo?
Ángel Sáez García
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