EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CLXXIV)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Ciertamente, hay muchos monseñores que cantan muy bien, y aun estupendamente, como los ángeles, pero eso no impide que el menda mencione aquí que hay alguno (en mi décima utilizo el singular, para no generalizar, verbo que, como sabes, suele acarrear o llevar aparejada injusticia) que ni siquiera debería ser monseñor, porque canta mucho lo mal que lo hace (el mal que hace), hasta espanta. Así es; de hecho, el papa Francisco ha hecho bien, lo apropiado, correcto o justo, al cantarle las cuarenta en bastos a más de uno. Ojalá (desiderátum imposible, me temo) no trascienda ningún caso más de pederastia (evidentemente, porque no lo haya, ni dentro de la iglesia ni fuera).
Aprovechando, al mismo tiempo, tu comentario y que el Ebro (que contiene el mundo al revés, el orbe) pasa por Tudela, (te) urdiré que tengo para mí que el ciudadano Artur Mas puede defender lo que le venga en gana, siempre que cumpla estas dos condiciones sine qua non o imprescindibles e inexcusables requisitos, que lo que promueva sea legal (no contravenga ninguna ley vigente) y, en el supuesto de que lo que apoye vaya (en) contra (de) España, que no lo haga desde el puesto que lo hace, porque Mas funge o ejerce de presidente de una Comunidad Autónoma (president de la Generalitat de Catalunya) española. Me parecería bien que hiciera lo que hace ahora si antes hubiera renunciado al cargo que ocupa. Ergo, considero que es un desleal cuando, ostentando el cargo que tiene en la actualidad, actúa como ariete contra España. Yo, al menos, lo tengo así de claro. Hoy, Ramón, el humorista, en la página 12 de Diario de Navarra, firma el chiste o viñeta donde cabe leer esta reflexión: “Lo que no entiendo es por qué Rajoy le tolera a Mas lo que Merkel no le tolera a Tsipras”.
Como he recordado aquí alguna otra vez cuando he hecho referencia a quien no tiene oficio ni beneficio, don Miguel Delibes Setién sostenía que “para el que no tiene nada la política es una tentación comprensible, porque es una manera de vivir con bastante facilidad”.
Y, como siempre viene bien ser cabales, honestos, justos, para complementar/completar lo que a Delibes (que publicó en 1978 la novela titulada “El disputado voto del señor Cayo” —de la que luego se hizo una película en 1986, donde Paco Rabal, como hiciera dos años antes con el personaje de Azarías de “Los santos inocentes”, vuelve a clavar, quiero decir, a interpretar estupendamente el papel del señor Cayo—, que destila en varias de sus páginas acidez política, donde el autor vallisoletano nos habla de una persona real, que el propio escritor trató, pobre en riquezas, pero rica en sueños o ilusiones, lega en ciencia, pero diestra en conciencia y ducha en sabiduría natural) tampoco se le escapaba, porque, seguramente, también era conocedor del hecho (tenía un olfato fino para captar la dirección del viento ético y estético que soplaba en el concreto cronotopos donde él se hallaba a la sazón ubicado) y, acaso convenga recordar aquí, que en muchos pueblos pequeños de este país son legión las/os concejales que hay que no cobran por ser ediles de una corporación municipal o ayuntamiento, que no miento.
Te saluda, aprecia, agradece y abraza
Ángel Sáez García
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