LEER ES DIALOGAR CON UN AUSENTE
Un día asumirás, Silvia, querida,
Que erraste cuando fui por ti ofendido.
Si yo no emulé a Eneas ni tú a Dido,
¿Por qué por mí te viste preterida?
Llegaste y me llagaste más la herida.
¿De amarte a mí me hallaste arrepentido?
Qué raro es que nunca hayas presentido
Que siempre fuiste tú mi preferida.
Leer es dialogar con un ausente
Que, a veces, está, amor, hasta difunto.
Si este soneto urdí, qué arduo conjunto,
Catorce endecasílabos, ¿presente
Tendrás, al menos, hoy, tez predilecta,
Que fue por ti, que irradias paz selecta?
Ángel Sáez García
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