El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Epístola a Jesús, un epígono de Otramotro (CCXXVII)

EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXXVII)

Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:

Te agradezco (en mi nombre y en el de las/os que nos hemos solazado al pasar la vista por tus comentarios sobre la mili) sobremanera que hayas rociado tus palabras con las benéficas gotas o provechosas lágrimas de tu humor. Mientras las leíamos, nos has hecho pasar un rato divertido. De veras.

Aunque te extrañe, ignoraba, verbigracia, que otrora no pasara el metro por Cornago a las horas nones y por Valdeperillo a las pares.

No sé si leíste “De mi propia vida”, la citada tribuna de Sacks, el día que apareció publicada en El País. Yo sí hice tal cosa y quedé profundamente impresionado por la paz y la serenidad de ánimo (eso, al menos, colegí) que exudaba o transmitía y con la que, una vez fue consciente o tuvo constancia de que tenía múltiples metástasis en el hígado, esperaba el famoso neurólogo (por cierto, ignoraba que la película “Despertares”, estrenada en 1990, protagonizada por Robert De Niro y Robin Williams, que vi hace muchos años, de madrugada, en La 2, estaba basada en un texto autobiográfico suyo, de igual título, “Awakenings”, en inglés) la visita implacable, inapelable, de la parca. De la misma destaqué el párrafo que encabeza la espinela que me inspiró, pero podría haber escogido otros, este, verbigracia: “No puedo fingir que no tengo miedo. Pero el sentimiento que predomina en mí es la gratitud. He amado y he sido amado; he recibido mucho y he dado algo a cambio; he leído, y viajado, y pensado, y escrito. He tenido relación con el mundo, la especial relación de los escritores y los lectores”. Seis meses después, como sabes (hace pocos días, el pasado 30 de agosto), Sacks murió.

Con las líneas anteriores no pretendo justificarme ni que me sirvan de adarga, pero, como comprenderás, el párrafo anterior viene a cuento, pues permite situar en su justo punto qué lectura me empujó a trenzar lo que urdí.

El lema de ese anuncio sobre colchones (“hoy me siento Flex”), que aparece entre las líneas de tu primer parágrafo, me recuerdan, mutatis mutandis (te lo escribo como lo siento) estas palabras concretas que tuvo a bien reunir el filósofo alemán Theodor Adorno: “Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”.

Los seis meses que esperaba vivir Sacks eran incompatibles con la atenta visión y escucha del telediario, porque en su escala de valores o el orden de prelación que estableció ipso facto esta quedaba por detrás de otras acciones, ocupaciones o tareas más precipuas. Insisto en la coherencia de su proceder y en mi tesis de que Sacks escribió lo que escribió dadas las circunstancias que vivía.

No obstante lo apuntado, has hecho bien al traer a colación la fotografía de Aylan, el niño sirio ahogado, portada de muchos diarios, y la imagen que te ha recordado, la de Omaira Sánchez Garzón, la niña colombiana con el agua y el barro a la altura de la boca, tras una erupción del volcán Nevado del Ruiz. A mí la susodicha foto, además de la imagen de Omaira, me ha hecho recordar la de Kim Phúc, la niña vietnamita, desnuda, que corría huyendo de las consecuencias atroces del estallido de una bomba incendiaria de napalm.

La instantánea que tomó la fotógrafa turca Nilüfer Demir de Aylan Kurdi, en la que huelga el pie de foto, me ha impelido o llevado a rememorar esta otra frase de Adorno: “La fuerza de la obra maestra es tal que hace innecesario el marco”.

Te saluda, aprecia, agradece y abraza

Ángel Sáez García
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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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