ERRARE HUMANUM EST
Vaya por delante que ni antes, ni durante, ni después de trenzar mental y mecanográficamente el texto que sigue he hallado en mí un ápice de “animus iniuriandi” (“ánimo de injuriar”), una pizca de “animus laedendi” (“ánimo de dañar”). Sí he encontrado alguna dosis de “animus iocandi” (“ánimo de broma”), pero con el notorio propósito de reírme o “reírnos con”, jamás de “reírnos de”. Está claro, cristalino, que “errare humanum est, sed perseverare diabolicum” (“errar es humano, pero perseverar —en el yerro— diabólico”), quiero decir, que todos hemos metido, y más de una vez, seguro, la pata. Durante el largo o corto peregrinaje que dure nuestra existencia en el planeta Tierra los errores serán parte del mismo. Es lógico y normal que los cometamos. Y, asimismo, que los reconozcamos. Sin embargo, no lo es que no extraigamos de ellos provechosas oportunidades de aprender, que no les saquemos todo el jugo o zumo a sus lecciones inmarchitables.
Hoy, martes, 19 de abril de 2016, en la página 37 de DIARIO DE NAVARRA, segunda del Diario Escolar, en la parte inferior izquierda, bajo el marbete de “RINCÓN DEL JUEGO (PRIMARIA)”, el segundo propone completar las oraciones siguientes con estas palabras: hecho, echo, deshecho, desecho.
1. Te ______ de menos.
2. La policía cree que se ha ______ de las pruebas que le incriminaban.
3. Pedro ha ______ un trabajo estupendo.
4. Un camión recoge cada día los materiales de ______.
Las respuestas a dicho juego aparecen más abajo, en posición invertida, boca abajo.
Bueno, pues en la página 77 (insisto en la idea que cabe colegir tras leer el primer párrafo de este escrito: todos cometemos errores; lo importante es sacarles el mejor de los provechos) del susodicho diario, en el artículo titulado “ÉVOLE Y OTEGUI”, que lleva la firma de su autor, Mikel Labastida, el lector (ella o él) del mismo puede leer esto: “Évole todavía no se había desecho (sic, se olvidó, evidentemente, la hache) del follonero que llevaba dentro ni había logrado el respeto y el reconocimiento con los que cuenta hoy en día”.
Como dicen que dijo Confucio, “nuestra mayor gloria no está en que no caigamos nunca, sino en que nos levantemos cada vez que caigamos”.
Ángel Sáez García
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