El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Aspire, dilecto/a lector/a, a la perfección

ASPIRE, DILECTO/A LECTOR/A, A LA PERFECCIÓN

Atento/a, dilecto/a y selecto/a lector/a:

Está claro que la perfección nunca existió, ni existe, ni existirá. Que lo que en el planeta Tierra siempre se estiló y llevó (no por moda, sino por la sencilla razón de que el hombre es un ser imperfecto por naturaleza), se lleva y se llevará será una amplia gama de imperfecciones o, si lo prefiere, un abanico con diversos grados de imperfección (por cierto, inopinadamente, acabo de rememorar una anécdota que leí hace muchos años, referida a los indios navajos, que estos solían tejer sus alfombras y tapices con alguna imperfección. Para que sus almas no quedaran apresadas, aprisionadas, en y/o por ninguno de los artículos que tejían). ¿Por qué, entonces, me dispongo a sostener la tesis de que nuestro fin u objetivo en todo aquello que hagamos (en nuestro horario de trabajo y/o en nuestro tiempo de asueto) debe ser la perfección? Por este argumento, para mí, irrefutable, de peso, porque es fundamental aspirar al máximo para dar el máximo. Quien no pone en lo que hace los máximos de atención, de exigencia y de vigilancia, por lo general, suele cometer más yerros que quien sí los pone. Conviene desear lograr la perfección, porque nuestro currículo vital, el cúmulo o la suma de todas las acciones que hemos llevado a cabo, de todos los comportamientos que hemos tenido o coronado, nos va demostrando o viene indicando lo habitual, que siempre, o sea, siempre, nos quedamos a medio camino, que jamás de los jamases la alcanzamos.

Quien dirige un diario (de papel o digital) debe ser exigente con todas las personas (incluida ella, por supuesto, porque es la máxima responsable) que intervienen en su elaboración y/o proceso. Uno viene comprobando, un día sí y otro también, que cada día que pasa mayor es la rebaja en los niveles (propio y ajeno) de exigencia, mayor el relajo.

Tengo para mí que la ideología, que defiende legítimamente todo periódico, el lector habitual o esporádico del mismo la halló, la halla y la hallará en sus editoriales. Ergo, si debe cuidar que todos los trabajadores contribuyan a lograr el excelente acabado del conjunto y de cada una de sus partes, con estos, con los editoriales, el director ha de ser exigente al máximo.

Hoy, viernes, 3 de junio de dos mil dieciséis, tras leer los dos editoriales (“Empleo de calidad” y “Genocidio armenio”) de El País en la edición digital, he advertido yerros que, según mi criterio, si se hubieran hechos las cosas bien, con un nivel elevado de exigencia, lo lógico y normal es que no hubieran aparecido. El primer párrafo del primer editorial acaba así: “Las estadísticas de mayo confirman una vez más una tendencia descendente —que, no obstante, deberá ser ratificada por la EPA trimestral— del paro registrado, situado ya por debajo de los 4 millones (3.891.403 exactamente) y un aumento de la afiliación a la Seguridad Social en 1988.004 personas”. Es evidente que uno de los dos ochos de la última cifra huelgan. Si seguimos leyendo, nos damos de bruces con esto: “Quien defienda sin más matices las tesis del presidente de la CEOE —”el empleo fijo es un concepto del siglo XIX”— tendrá que explicar también como se sostendrán las compras de pedidos de bienes duraderos”. Ese cómo, adverbio interrogativo, pues encabeza una oración interrogativa indirecta, debe portar la preceptiva tilde. En el primer párrafo del segundo editorial leemos: “Turquía, heredera de aquel Estado —y que aún reconociendo las muertes niega enérgicamente el carácter programado y sistemático que implica un genocidio— ha reaccionado con dureza llamando a consultas a su embajador en Berlín”. Como el “aun” que aparece entre los guiones largos, en mi opinión, podría sustituirse más por “hasta o incluso” que por “todavía”, no debería portar la tilde. Unas líneas más abajo se lee: “No admite la más mínima critica, ni dentro ni fuera de sus fronteras, habiendo logrado el procesamiento —precisamente en Alemania— de artistas que le critican”. Alguien no puso la tilde en “crítica”.

Quien clique en el marbete “OPINIÓN” puede leer la tribuna que lleva la firma de Loukas Tsoukalis, en cuyo título, “¿Qué Europa queremos?”, uno echa en falta la tilde que debe llevar colocada el pronombre interrogativo.

Usted se decantará por lo que más le interese, o hará lo que mejor le convenga, pero le aconsejo que no eche en saco roto la recomendación que le vengo haciendo aquí de que aspire siempre a la perfección.

Ángel Sáez García
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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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