EPÍSTOLA A JESÚS, UN EPÍGONO DE OTRAMOTRO (CCXLVIII)
Dilecto Jesús (ese que yo sé), epígono de este aprendiz de ruiseñor:
Haces bien en aducir esa obligación intelectual, la necesaria e imprescindible conditio sine qua non de tener que conocer las dos versiones (o las que sean de cuantas/os fueron testigos del hecho), para poder dar una opinión al respecto con equidad. A esa idea que formulas nada tengo que objetar.
Ignoro si la acción de borrar mis comentarios le empujó a deshacerse, por el mismo procedimiento, del resto, de todos los de los demás. En el caso que nos ocupa no hubo error, sino voluntariedad de… (algo que solo sabe el “tonto de remate” y, por proponer otro testigo, que acaso declare por revelación, el cristiano Dios trino u otro)
Soy tan ajeno a lo que mencionas que yo mismo alguna vez me he visto imposibilitado de publicar algún comentario, porque alguna palabra o sintagma no le parecía bien (cuadraba o encajaba) al programa que usa PD. Y he tenido que mudarlo para lograr mi propósito.
Te agradezco mucho los versos que has escogido de los poetas que has seleccionado, porque intuyo que deseas que vengan, en verdad, en su conjunto, a hacer las veces del mejor lenitivo. Pero te agradezco aún más, si cabe, tu presencia en el tanatorio, tus palabras, tus abrazos sentidos y sinceros.
Bien traída esa imagen de la semana santa, casi, casi, en medio de dos Semanas Santas, la pretérita y la por venir, para explicar los días pasados (por agua —el Día de los Fieles Difuntos, fecha en la que finó sus días mi señera y señora madre, Iluminada, fiel difunta, a más de una/o le aduje ese adagio que airea que “cuando muere un justo, llueve a gusto”, que viene a ser completado o complementado por ese refrán que dice “cuando el justo muere, el cielo llueve”—) y pesados (yo no estoy acostumbrado a estar tantas horas de pie) para y por la prole de nuestra ejemplar progenitora.
Tengo para mí que ella se encuentra en la gloria, pero dudo que tenga lugar la parusía.
Aquel antibiótico hizo su efecto, sí; y, ciertamente, cuando estuve contigo, me hallaba sereno, pero me vine abajo durante el funeral. A pesar de los denuedos, mis lagrimales no dejaban de llorar y, gastados mis pañuelos de papel, fui ayudado por mi prima “Fina” y por mi prima Berta, que me dio los que llevaba en el bolso de mano, porque se me caían los mocos, que, como si huyeran despavoridos, habían saltado por las ventanas de mi nariz.
No debemos conformarnos con ser buenas personas, querido amigo, no, tenemos que aspirar a ser excelentes seres humanos, aunque nos quedemos a medio camino y nunca alcancemos esa cota o meta, quiero decir, a serlo del todo.
Tus abrazos no solo son bien vistos, sino bien sentidos (en las justas presión y temperatura).
Aprovecho tu comentario (dividido en dos) aquí, en nuestra bitácora, el blog de Otramotro, para agradecerte a ti y a cuantas/os pasaron por el tanatorio y/o acudieron a misa sus sinceras, sentidas y empáticas muestras de condolencia.
Te saluda, aprecia, agradece y abraza
Ángel Sáez García
[email protected]