El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Sí; prisión permanente revisable

SÍ; PRISIÓN PERMANENTE REVISABLE

En lo tocante a los plurales o singulares problemas de salud (ora se llamen achaques, ora goteras, ora visitas al taller,…) o de bolsillo (son tantos los pagos que urge satisfacer —no falta quien habla de agujeros que hay que tapar— que “es necesario hacer hasta dibujos” —solía usar mi difunta, señera y señora madre, Iluminada, esta expresión para explicar las muchas dificultades en las que se veía inmersa y debía afrontar o sortear— para llegar airosos e incólumes a fin de mes), que, velis nolis, a todos nos acucian, mi hermano Eusebio suele decir, refiriéndose a los problemas susodichos, que “quien no tiene un pero, tiene un manzano”. Bueno, pues, en lo que concierne a algunos planteamientos jurídico-legales, acaso, mutatis mutandis, haya que enunciar parecidas objeciones, o sea, formular similares peros.

El inicio del punto 2 del artículo 25 de la Constitución Española de 1978 dice: “Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados”. Como sé que debo decir lo que pienso, diré amén a todo. Ahora bien, cuando se constata y se demuestra bien, a las claras, que los muchos (o pocos, según sea el parecer de cada quien) años de las penas impuestas y la reiterada panoplia de medidas utilizadas con los mejores propósitos han fracasado, en el caso concreto de algunos presos (ellas y ellos), qué cabe hacer.

En el espinoso asunto de la prisión permanente revisable hay quien guipa un mero ejercicio de auténtica y óptima justicia y hay quien ve una simple prueba de apócrifa y pésima venganza. Reconozco que a mí me resulta muy difícil ser benevolente y compasivo con quien (tras un juicio justo, con todas las garantías, habiendo considerado todas las pruebas halladas y no olvidando ninguno de los indicios recabados sobre su proceder que han trascendido) se mostró cruel y perverso con su víctima; y, si este era un anciano o un niño, un ser indefenso (fuera hembra o varón), imposible del todo, sin limitación o cortapisa. Pero, si cumplida la pena impuesta, el victimario demuestra que se ha reeducado y aduce su deseo y voluntad de reinsertarse, eso me parecerá miel sobre hojuelas.

Tengo para mí que la prisión permanente revisable no es una venganza. Sí lo sería aplicarle al penado la ley del talión, el ojo por ojo, el diente por diente; en el caso de haber cometido asesinato, verbigracia, la muerte por la muerte causada. Para el grueso de los casos de presos para quienes la reinserción no abriga un ápice o pizca de duda, pues se intuye que esta va a ser efectiva y eficiente, la idea que tuvieron los Padres que redactaron la Constitución viene de perillas, como anillo al dedo. Sin embargo, no podemos cerrar los ojos para no ver lo que también se ha constatado, y de manera irrefutable, que hay algunos sujetos, ora pederastas, ora violadores, ora psicópatas, que jamás de los jamases, a pesar de los innúmeros esfuerzos y medios que se inviertan, se van a reeducar ni a reinsertar. Para estos casos extraordinarios, exclusivamente para estos, la sociedad debe buscar la solución más adecuada para evitar que vuelva a imperar en ella el miedo, pues, si salen a la calle, volverán a hacer de las suyas, que no es otra cosa que hallar víctimas propiciatorias entre las personas inocentes e indefensas que conforman nuestras filas.

Así que la prisión permanente revisable, mientras no se propongan otras alternativas, se impone como la mejor opción para evitar que algunos presos, en el supuesto de ser excarcelados, sigan delinquiendo. No hallo, por el momento, medida preventiva que mejore a esta.

Cuando a quienes les corresponda decidir sobre la revisión tengan evidencias varias e incontrovertibles de que la salida de prisión de un preso va a ir acompañada de una más que probable (casi segura) reincidencia, ¿qué insensato osará dar su aprobación? ¿Para que el mismo que da el plácet o un allegado suyo sufra las consecuencias crueles y cruentas de su desmán o despropósito? ¿No sería criticada dicha resolución de nefanda e imperdonable? Pues eso, sí; interinamente, a la prisión permanente revisable.

Como soy un fan del filósofo austríaco Karl Popper, para quien la verdad era provisional, es decir, duraba o permanecía en pie mientras no fuera contradicha o abatida por otra, que, en ese mismo instante, pasaba a ocupar su lugar, a sentarse en su trono, o se me presenta otra propuesta o medida que la mejore, que supere los beneficios que barrunto, intuyo o sospecho, en principio, puede reportar la prisión permanente revisable a la sociedad o seré partidario de ella por los siglos de los siglos.

Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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