El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Yo soy lo que he leído y admirado

YO SOY LO QUE HE LEÍDO Y ADMIRADO

Dilecta Pilar:

Cierto. Abundamos en el asunto que tenemos entre manos; coincidimos al cien(to) por cien(to).

Así es, pero me temo (sin temer nada, solo sospechar) que si el Adviento, tiempo propedéutico, no es dichoso, no lo será la Navidad.

Somos lo que fuimos (las cicatrices de nuestra piel lo demuestran de manera fehaciente), amén de lo que somos y seremos, pero el pasado es un tiempo que no conviene desechar ni desprestigiar, pues es la base de nuestro presente y el fundamento de nuestro futuro. Yo soy lo que he leído y admirado (autores y personas), entre otros muchos egos que también porto o porteo, claro. Y eso es pasado. El pasado lo acarreamos con nosotros (seamos conscientes de él o no). Lo propio hacemos con nuestro presente y futuro (que, proyectamos y, a veces, identificamos, cuando logramos hacer realidad nuestras ilusiones y/o culminar nuestros sueños). Siempre, en todo momento y lugar, antes que presente y futuro (que no puedo negar que también somos, porque me estaría engañando), somos pasado. Y este debe pesar en nosotros y nuestro presente lo justo. No debe pesar más, pero tampoco menos. No soy un tradicionalista, que es alguien que pretende hacer que el pasado sea siempre presente y eso no nos ayudaría a progresar. Quien desconoce su pasado está condenado a sufrir sus rigores de nuevo, como Phil Connors (Bill Murray) en “Atrapado en el tiempo” (o “El día de la marmota”).

Conjeturo que, cuando leo lo que aseveras, que me sigues sintiendo filósofo, eso no es algo malo en sí mismo, sino acaso, al contrario, algo bueno. ¿De qué sirve que uno plantee una tesis, la que sea, si luego no consigue asegurarla y defenderla con argumentos y/o razones de peso, pues la primera objeción formulada por el otro puede desbaratarla, cual castillo de naipes, en un pispás? Eso, afirmar y confirmar, es lo que pretende hacer con sus ideas, intelectualmente hablando, en todo momento y lugar, servidor, aunque se equivoque. Si eso ocurre, la opción más cabal, por honesta, de quien yerra y es persuadida/o por otra/o de que estaba en el error, es decantarse por reconocerlo abiertamente. Y guardarlo en su memoria para que sirva de lección (no de elección) y evitar así volver a tropezar otra vez en la misma piedra.

Así es. Esta mañana he leído en la librería/papelería “El Cole”, concretamente, en la página 26 de Heraldo de Aragón, tu artículo/columna “Mesianismo”, que, como otras ene veces te he comentado sobre otros/as, anteriores, me ha gustado. Me parece oportuna y pertinente la concienciación que haces y debes insistir en continuar haciendo con ahínco y urgencia a toda la sociedad sobre esa lucha imprescindible, inexcusable, contra el evidente cambio climático, si no deseas (que me consta que no quieres) que la hecatombe del planeta tenga lugar, mañana antes que pasado. Escribes que “nadie niega”, a sabiendas de que hay unos cuantos líderes mundiales que son unos negacionistas redomados, a machamartillo. Así que, si a mí me hubiera brotado la idea que te ha surgido a ti, hubiera titulado mi crónica, como ya es habitual en mí, con un endecasílabo, este: “Ante el negacionismo, mesianismo”. Certera, sin duda, la flecha que salió del carcaj de Luis Alberto Longares Aladrén, porque, tras dispararla con su arco, dio de lleno en el blanco o centro de la diana: “La codicia humana es la mayor amenaza” (que, por cierto, también contiene otro endecasílabo para titular: “La mayor amenaza es la codicia”). Como la situación aún es reversible, demos la batalla para cambiar la situación desterrando los malos modos que han arraigado en nosotros, las pésimas prácticas. Me sumo a las palabras del papa Francisco; así que, apoyémonos unos en otros para que la casa de todos siga siendo casa y esta sea más habitable.

Sácale todo el jugo al fin de semana.

Otro (de tu amigo Otramotro).

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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