El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Tuviste los arrestos de encomiarme

TUVISTE LOS ARRESTOS DE ENCOMIARME

ABORREZCO QUE ME HAGAN ALABANZAS

Jamás me habías llamado antes por mi nombre de pila, Ángel, hasta que el día de tu trigésimo sexto cumpleaños una cosa llevó a otra y, siguiendo dicha dinámica o mecánica, a llenar con ellas un saco y, como colofón, por una desinhibición o inesperada falta de asco, a bajarme a tu pilón y lamerte la almeja; y entonces, sí, tras correrte, pronunciaste con voz meliflua mi gracia de pila al inicio de esta frase de diosa (no odiosa o tediosa): “Ángel, eres un demonio”.

Aunque han pasado muchos años desde aquel inmarchitable día, Iris, recuerdo que me pediste opinión sobre lo último que habías escrito, pero aún no había visto la luz, la carta blanca con la que ibas a comenzar tu segunda novela, “La más dulce prenda de Ángel”, recordando el final de una sentencia que, tanto la leyenda como la tradición, venían adjudicando al alimón, desde ni se sabe, al oráculo de Delfos (pero como detesto contribuir a propagar y propalar un bulo, error o noticia falsa, le haré caso a Aristóteles, que, en el capítulo VI del libro primero de su obra “Ética a Nicómaco”, escribió: “Por consiguiente, la felicidad es, a la vez, lo mejor, más bello y más dulce que existe, porque no debe separarse ninguna de estas cualidades de las demás, como lo hace la inscripción de Delos: ‘Lo justo es lo más bello; la salud lo mejor; / obtener lo que se ama es lo más dulce para el corazón’”. El mismo estagirita, abundando en lo escrito arriba, arranca otra de sus obras, “Ética a Eudemo”, de esta guisa: “El moralista que en Delos grabó su pensamiento y lo puso bajo la protección de Dios, escribió los dos versos siguientes sobre el pórtico del templo de Latona, considerando sin duda el conjunto de todas las condiciones que un hombre solo no puede reunir completamente: lo bueno, lo bello y lo agradable: ‘Lo justo es lo más bello; la salud lo mejor; / obtener lo que se ama es lo más grato al corazón’”; con leve variante en la traducción).

En dicha misiva te subrayé lo que, según mi criterio, merecía inexcusable corrección y evidente mejora; verbigracia, tú habías redactado esta parte así: “Tu esposa me condujo a tu despacho (…) No levantaste la cabeza del folio, donde, ayudado por un BIC azul, que sostenías con tres dedos, pulgar, índice y corazón, de tu diestra, escribías sobre él lo que fuera. Con el dedo índice de tu mano izquierda, libre, me señalaste, sin condescender a mirarme el rostro, que me sentara ante él (‘¿ante él?; ante ti, o enfrente’, escribí con un BIC rojo en el margen derecho del folio), al otro lado de la mesa de tu despacho”. Más adelante narraste esto: “Te detuviste en la escena cuando (‘¿cuándo?; en la que o donde, sin cuando; o sin en la escena’, ídem) la protagonista daba lametones al botón del cielo de su amiga con derecho a roce”.

Mis argumentos te convencieron. No te subyugaron, sin embargo, según me confesaste luego, tras el revolcón, los pelos que sobresalían por los caños de mi nariz. A mí sí me habían persuadido previamente y sobremanera los pezones de tus redondeados y turgentes senos que, por no llevar sostén, se marcaban tras la blusa blanca que vestías.

Tuviste los arrestos de encomiarme, sabiendo que aborrezco que me hagan alabanzas tanto como Federico Cuadrado, personaje de la novela “Abel Sánchez”, de Miguel de Unamuno y Jugo, que siempre que oía que alguien hacía una loa (fuera esta acompañada o no de ola o reverencia) preguntaba, de modo implacable, lo mismo: “¿Contra quién va ese elogio?”.

Cuando te despediste, antes de darme un abrazo y un pico, me soltaste la frase que siempre aparece en mis novelas, poco antes de que estas lleguen a su fin: “No hay mal que por bien no venga”. Y concluiste tu discurso de esta manera: “Hoy, por ejemplo, tras darme dos azotes estilísticos, me has brindado un orgasmo memorable”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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