SOLO HAY QUE TENER MIEDO AL MIEDO, AMIGA
Dilecta Pilar:
Yo, siempre que puedo, voy todos los 25 de mes a misa (por la tarde; si cae en sábado, traslado dicho gesto, que no es una gesta o hazaña, no, al domingo, por la mañana). He heredado, de buena gana y aún mejor grado, la costumbre de mi progenitora, Iluminada, que les hacía u ofrecía una misa cada mes a mi hermano, José Javier, y a mi padre, Eusebio (por su eterno descanso). Le cedo, gustoso, a mi madre mi cuerpo para que sea ella la que acude, ahora que, tras finar sus días, ya no puede hacerlo (físicamente).
Si no la he publicado aún, pronto verá la luz una décima en la que sostengo la tesis de que solo hay que tener miedo al miedo (que puede llegar a ser el más deletéreo de los medios). Así que celebro que José Carlos Bermejo siga viajando, haciendo su labor, sin preocuparse más de la cuenta del Covid-19.
Hoy, por ejemplo, 4 de marzo, como mi hermano José Javier, en el caso de seguir estando vivo, hubiera cumplido sesenta años, excepcionalmente, si esta tarde, para eso de las seis y media he culminado las tareas que me había autoimpuesto, me acercaré a la parroquia de Lourdes a oír misa, en sufragio de su alma, en el supuesto de que la suya se halle en el purgatorio (que lo dudo).
Que cada quien haga lo que crea conveniente u oportuno. No entiendo a quienes, al parecer, no pueden vivir felices si no se meten en camisas de once varas, o sea, en lo que ni les va ni les viene, las vidas de los demás. Sé que el proceder (metafórico o no) que tengo con mi madre no es el usual. Intentaré explicártelo, por si no te cuadra o encaja, con el argumento que tantas veces me ha venido antes a la mente y a la mui o sinhueso: si ella, mi progenitora, Iluminada, durante nueve meses, me cedió, generosamente, su cuerpo para que el mío se pudiera formar, antes de alumbrarme o darme a luz, ¿por qué no he de hacer todo lo posible para corresponderle, si no con la misma, con otra moneda, de igual o parecido valor?
Así es; el peor de los miedos actuales, que a muchos hipocondríacos acojona, acongoja, aqueja y desarma, es el miedo cerval a sentir miedo sin aducir o tener un porqué. Con el coronavirus, campando a sus anchas por (casi) todo el orbe, poner los medios a nuestro alcance es el requisito necesario, imprescindible, el mejor remedio, para que el miedo a ser contagiado, un motivo o razón de peso, no coarte o mediatice definitiva y totalmente nuestra actitud habitual o comportamiento normal.
Tengo claro que la transparencia brilla por su ausencia, o sea, no nos dicen quienes conocen los datos todo lo que hay. En Italia se han computado ya 79 muertos por Covid-19.
Otro (de tu amigo Otramotro).
Ángel Sáez García