El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿Ascenderé como un cohete al Cielo?

¿ASCENDERÉ COMO UN COHETE AL CIELO?

Hoy he soñado que mi admirada y amada musa (pues sigo estando prendado, como el primer día, de su arrolladora personalidad; y, asimismo, tributándole mi fidelidad y lealtad a todo trance, por ser una mujer fautora, dispuesta a ayudarme —en lo que sea; poco importa el cómo, el cuándo y el dónde sea— a que sea cada día mejor persona), Isis, habiendo conseguido purificar su alma en el purgatorio, ascendía al Cielo, como si se tratara de un cohete festivo.

Antes de culminar en un santiamén dicho viaje, ha juzgado oportuno acercarse a mi vera y aleccionarme al respecto. Y, del modo siguiente, en voz baja, me ha secreteado esto:

—Absolutamente todo lo que acaece en el purgatorio está y queda dentro del orden que Dios estableció cuando lo creó. Como este lugar, desde entonces, está, como sigue, exento o libre de prodigios o milagros, en el supuesto de que captes el eco de una perceptible conmoción o movimiento sísmico, acaso lo que sientas tenga su origen en el Cielo, verbigracia, al mostrarse sus moradores gozosos de sumar un nuevo habitante a la ca(u)sa.

Ayer me sentí, poco más o menos, como refiere Dante Alighieri que se sintió él, a su vez, en el vigésimo canto del Purgatorio de su “(Divina) Comedia”, cuando experimentó “retemblar el monte como si se hundiera, por lo cual me sobrecogió un frío solo comparable al que siente aquel que va a morir. No se estremeció en verdad tan fuertemente Delos antes que Letona anidase en ella para dar a luz los dos ojos del Cielo”, metáfora que Dante ideó con tino y usó a propósito para referirse a sus (de Letona) hijos mitológicos Apolo y Diana, representados por dos astros específicos de la bóveda celeste, el Sol y la Luna.

Si este menda ha inferido lo conveniente y correcto, como el Purgatorio solo llega a estremecerse cuando un alma, habiendo logrado quedar impoluta, se eleva ingrávida al Cielo, acaso baste con tomar como muestra inconcusa de la purificación total coronada la voluntad de la concreta alma susodicha de, tras verse tan limpia y reluciente como los chorros del oro o de la patena, sentir la urgencia de cambiar de espacio de manera célere, no despacio, nada más notar el acicate de ver cumplido cuanto antes ese deseo de muda, de nuevo acomodo y cabal alojamiento.

Mañana, al parecer, si mi capacidad de adivinar, augurar o sentir corazonadas sigue vigente, sentiré lo que, con un día de antelación sintió mi admirada y amada musa, Isis, que pereceré, que pondré fin a mi diuturna estancia en el purgatorio, pero también lo contrario u opuesto, que naceré, pues arrancará así mi eterna permanencia en el Cielo.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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