El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Confío en que tú des el primer paso

CONFÍO EN QUE TÚ DES EL PRIMER PASO

DIOS QUIERA QUE NOS DEMOS OTRO ABRAZO

Dilecta Iris:

Te ruego, con especial encarecimiento, que a quien te escribe esto, un puñetero (aun sin portar puñetas en las muñecas) redomado, servidor, no le hagas caso, ningún caso (si no quieres sentirte abaldonada y abandonada de nuevo, o sea, derrocada y/o derrotada y vapuleada por tu peor enemiga/o, o que tu nave ha recalado y arribado, y ya van unas cuantas, a Fracaso, pésimo puerto), ni cuando te elogia desaforada y descaradamente (lo habitual), ni cuando te censura o critica (vertiente lógica en quien alancea y es un empedernido criticón desde que leyó en la portada de un libro el título homónimo de la celebrada y poliédrica novela de Baltasar Gracián, que va a dar un gran salto en el cielo, no a preparar un asalto, con la clara pretensión de llevarlo a cabo allí  —aunque no falta quien así lo piensa y profiere—, de la gracia presunta que, seguramente, le va a procurar y provocar este estúpido comentario que acaba de ser urdido por el menda con ínfulas de pasar algún día por zumbón).

Hay gente que no me conoce y no sabe de qué pie cojeo (pues, a veces, mientras hojeo las páginas de un libro, me detengo al albur en una de ellas y la ojeo, esto es, le echo una ojeada); y, barruntando que soy más inteligente y más oscuro de lo que en realidad soy, sospecha que he ido diseminando claves entre los espacios que separan los renglones torcidos que he trenzado y los parágrafos que he agavillado o conformado con ellos (siempre que luego los confirme con mi firma), al objeto de que ayuden a entender cuanto expreso en los tales, meros pedazos —no desmedidas, por ruidosas, ventosidades, no— sobrantes de textos de escasa enjundia y menos valor, oropel (que en la boca de un profesor de instituto con un instinto especial o imán, cual zahorí, para hallar lo disoluto, al que sus alumnos más guasones dieron en rebautizar “Datón”, por haber fungido en su juventud de ratón colorado o de biblioteca y suministrar en clase, sin parar, un dato tras otro, tras otro…, dando la lata, devenía/n, itero, en la boca de “Datón” retales de latón).

Aquí todo quisque, cualquier hijo de vecino, incluso tú, deberíais de saber que cuando digo o escribo que me agrada colocar un pie en el país de las burlas y otro en el de las veras, pasándome la frontera por la entrepierna, no pretendo ser equidistante ni objetivo (de críticas sin cuento), ni lo hago por propia iniciativa o convicción, sino (lo reconozco aquí sin ambages) por manifiesta incapacidad (para hacerlo de otro modo que no sea, ora el absurdo, ora el extravagante u orate).

Soy lo que consideras, amada musa tinerfeña, Iris, un cero a la izquierda, porque estoy como un cencerro viejo; vate, pero, cuando te tengo enfrente y te miro directa y detenidamente a los ojos, disfruto de lo lindo mientras confío en que tú des el primer paso y que acaezca la caraba, el milagro, la repanocha, o sea, nos demos otro abrazo del copón.

   Ángel Saéz García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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