El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

La novela no deja de colarse

LA NOVELA NO DEJA DE COLARSE

“La novela, mientras no deviene libro, ejemplar, no deja de colarse, es decir, de pasar por los cedazos de los diversos críticos literarios y/o lectores que acarrea, porta o portea su autor (ella o él); de blanquearse (en varios sentidos; por quedarme con uno, me decantaré o inclinaré por este: con la versión final/inicial, según el punto de vista de cada quien, procedente de las manos de un habitual o esporádico negro, no necesariamente con la piel tal, de dicho color, un hacedor de prestigio puede decidir hacerla suya, al atisbar o avistar que puede embellecerla artísticamente); pasar, mediante un artificio o engaño, por lo que no es (puesto que resulta el género literario más dado, proclive o propenso a los encuentros casuales, a la promiscuidad); saltarse el turno en la fila u orden de prelación que del proceso creativo estableció su autor; enamorarse de quien la finará, la firmará y ayudará a cumplir o llevar a cabo su sueño de devenir libro, ejemplar;… Tampoco deja de coger calor y color, ni de deparar placer y dolor (en sus diversas gradaciones), porque, aunque algunos parágrafos se escriben solos (eso es lo que parece, por la facilidad con la que se redactan), otros requieren varias pasadas, que vuelvas ene veces sobre ellos, para quedar medianamente conforme, moderadamente satisfecho, tras la enésima, con el resultado”.

No fue una escritora de postín (aunque puede que, dentro de unos años, eso ya nadie lo discuta), no, ni una catedrática de Literatura Española de renombre, dentro del ámbito académico, la autora de las anteriores y atinadas líneas sobre ese género literario, la novela; en concreto, de una suya que le multipremiaron. Fue Iris Gili Gómez, una lectora empedernida, ávida, avezada, la que decidió dar un paso al frente y ponerse el traje de faena para trenzar este retrato fiel de la mentada, que le cuadra, encaja como anillo en el dedo anular y vale para la suya, y cabe leer en la página 62 de “El mosaico”.

En pocas ocasiones ocurre lo que una/o encuentra, sin aparente esfuerzo, e identifica en la obra citada, novela que tanto le han premiado a la mencionada autora novel, que, al mismo tiempo que en esta se van narrando las peripecias de las distintas acciones de la obra, la autora va reflexionando sobre cómo ella anda urdiendo la suya, dando cuenta de su estructura o esqueleto y entresijos o secretos.

Aunque Iris Gili Gómez es la auténtica y única hacedora de “El mosaico”, a mi amigo del alma, Otramotro, un coñón incorregible e irónico como ningún otro, cuando se halla entre amigos que saben de qué pie cojea, le agrada o da por jactarse de ser padrastro de la criatura, porque, ciertamente, gozó de esta prebenda o sentirse un privilegiado, al poder leer las páginas iniciales, inéditas, de “El mosaico”, pero, asimismo, tuvo el olfato marquetiniano de un perito zahorí, al oler cuánto oro, de muchos quilates, su autora había diseminado y escondido entre los escasos trescientos folios de que constataba, y fue quien le dio el empujón o espaldarazo definitivo para que Iris acabara de hacerle caso y presentara su obra al primer premio Total, que se llevó de calle.

   Emilio González, “Metomentodo”.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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