El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Apuntes a propósito del bicho

APUNTES A PROPÓSITO DEL BICHO

“Aprendemos de la experiencia que los hombres nunca aprenden nada de la experiencia”.

George Bernad Shaw

Esta mañana he recibido en mi dirección más usada de correo electrónico el texto que sigue, que me ha remitido una tal Iris, que he catalogado de juguetona (esa ha sido, al menos, mi deducción):

“Apreciado Otramotro:

“Me decido a escribirle por tres motivos. Primero; me llamo como su amada musa tinerfeña, Iris; y he deducido que eso debe contar como un punto a mi favor; segundo; sé su dirección; y tercero y último: ayer, en sueños, entablé conversación casual con ‘Queteapuestas’, uno de sus heterónimos, y este logró persuadirme cuando me arguyó que, si de verdad quería (confirmo que me haría mucha ilusión) ver publicada en el blog que usted gestiona en Periodista Digital mi reflexión, bastaba con que se la enviara, eso sí, sin olvidar aducir la razón o razones de peso que le motivara y empujaran a usted a hacer tal cosa. He aquí, a continuación, mi ‘Mi reflexión en torno a la pandemia’.

“Desde que el patógeno SARS-CoV-2 hizo acto de presencia en Wuhan, transcurridos ya diez meses de pandemia, ¿qué es lo que ocurre hoy en el mundo?

“Me consta que a algunos (jóvenes, sobre todo, ellas y ellos) les está pesando un montón su cargo de conciencia y ahora unos cuantos de los tales están penando y aun sufriendo en sus propias carnes los rigores de la enfermedad, la Covid-19, por haber pasado antes olímpicamente del tema.

“Si hacemos caso a lo que observamos cuando damos nuestros paseos matutinos y/o vespertinos, nos percatamos de lo obvio: en las calles de nuestras ciudades (en los pueblos pequeños es otro cantar) el grueso de la ciudadanía cumple las normas y sigue a rajatabla las prescripciones (no solo las recomendaciones) hechas por los expertos, virólogos y epidemiólogos, hembras y varones, pero una minoría no; o sea, cabe colegir lo público y notorio, que la solidaridad y la empatía brillan por su presencia abrumadora y, al mismo tiempo, si cambias de foco o perspectiva, por su contraria, su ausencia clamorosa. Si acrecemos a esos puntos de vista parciales, singulares, subjetivos, las informaciones que leemos en la prensa de papel y digital y les sumamos, asimismo, cuanto vemos y escuchamos en los noticiarios de la tele, una, servidora, advierte que en algunos países las cosas, por la escasez de casos, se han hecho bien o muy bien, y en otros, por no haber copiado sus medidas y metodología, mal o, aún peor, rematadamente mal. Así que cuadra y encaja hacer y hacerse la siguiente pregunta retórica: ¿De qué sirve la experiencia si no es para extraer conclusiones provechosas, esto es, lecciones, de ella? ¿Cuándo nos hartaremos de repetir ese adagio, que sonroja y produce alipori, de que el hombre es el único animal (¿inteligente?) que tropieza dos veces (y sume veces sin cuento, sin miedo a pasarse, sume, sume) en la misma piedra?

“Los ciudadanos, que hemos delegado o transferido la responsabilidad de resolver los problemas que más nos acucian a nuestros representantes políticos, ¿estamos conformes con la labor que han llevado a cabo o descontentos y hasta indignados por su lento e incompetente proceder? ¿Algún político, dentro de la UE, se preocupó y ocupó de estudiar a conciencia qué se había hecho en China, en Corea del Sur, en Japón y Nueva Zelanda, por ejemplo, para aprender qué convenía hacer y dejar de hacer y obtener así mejores resultados en la totalidad de los países miembros de la UE? Si alguien culminó dicha tarea, ¿quién no hizo bien su trabajo y no le hizo oportuno caso a su trabajo y propuesta? ¿Por qué no se implantaron y/o pusieron en marcha medidas similares que hubieran dado resultados parecidos?

“Está claro que cada nación hizo la guerra al virus por su cuenta y riesgo, pero, siendo un problema global, ¿no hubiera requerido y requiera una solución global?

“A muchos políticos y a los responsables médicos que les aconsejaban en dicha materia les cogió la pandemia como a la OMS, desprevenidos, en cueros, tocando la cítara, durante la primera ola. ¿Puede entenderse que se sigan repitiendo errores (y horrores) en la segunda? ¿Estamos abocados a una tercera?

“En Europa, los Gobiernos plagiaron la respuesta coercitiva del país vecino, el confinamiento. El anuncio esperanzador de varias vacunas viables ha acallado o detenido un segundo confinamiento y ha lanzado las campanas al vuelo. Ha sido el agua inesperada de mayo, que ha venido a paliar la seca y terca incertidumbre. Acaso nos convendría ser más cautos y cepillarnos todos los prejuicios que podamos de cuantos aún acarreamos, portamos o porteamos. Y, así, dado que en el cerebro del más sabio siempre cabe encontrar o identificar un rincón donde pueda hallar acomodo alguna insensatez, tal vez nosotros consigamos borrar, por fin, esa necedad que no logramos eliminar a su debido tiempo y nos llevó a admitir esto, falto de recorrido científico: que lo único que tenemos claro es que quienes menos provecho van a sacar de la pandemia son quienes no paran de aleccionarnos sobre ella.

“Iris, una ciudadana del mundo”.

Como a mí ayudar a o facilitar la consecución del deseo decente y legal de un semejante, ella o él, me puede contentar y hasta hacer inmensamente feliz, me avengo a culminarlo cuanto antes, sin procrastinarlo un solo segundo más.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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