El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Piérola seguirá vivo, existiendo,…

PIÉROLA SEGUIRÁ VIVO, EXISTIENDO,

MIENTRAS ALGUIEN RECUERDE SUS LECCIONES

Al desocupado y osado lector, ella o él, de estos renglones torcidos le propongo algo que, eso es lo que calculo, intuyo y/o sospecho, al menos, devendrá un juego aleccionador, la repanocha, el “utile dulci” horaciano (omne tulit punctum qui miscuit utile dulci / lectorem delectando pariterque monendo” dejó escrito Horacio en los versos 343 y 344 de su “Arte poética”, la “Epístola a los Pisones”, que, traducido en la misma frontera o raya que separa lo literal de lo literario, viene a decir que “todo el galardón se lo llevó quien mezcló lo útil con lo dulce / al lector deleitando y avisándole”) esto, que vea y revea, durante dos o tres semanas, dos o tres veces, ad libitum, tres películas concretas, didácticas y divertidas: “El club de los poetas muertos” (1989), dirigida por Peter Weir; “Descubriendo a Forrester” (2000), dirigida por Gus Van Sant; y “El club de los emperadores” (2002), dirigida por Michael Hoffman.

Con los dones (no con los condones, como había escrito al principio; en qué estaría pensado servidor) y virtudes de los tres personajes ficticios, protagonistas de las tres películas indicadas, los profesores John Keating (Robin Williams) y William Hundert (Kevin Kline) y el escritor William Forrester (Sean Connery), le animo y empujo a que haga lo siguiente, que los mezcle en una coctelera. Si vierte (mejor, estampa; porque, ya se sabe, hay que estampar sin espantar) ese combinado refrescante y resultante sobre un lienzo impoluto, le adelanto qué obtendrá, el retrato físico y moral, la prosopografía y la etopeya, de una persona que existió realmente y fue en muchos aspectos memorable, digna de recuerdo, el padre camilo Pedro María Piérola García, tristemente finado. Porque, como cabe oír al final de otra cinta, “La misión” (1986), dirigida por Roland Joffé, “el espíritu de los muertos sobrevive en la memoria de los vivos”.

Recuerdo que, estando internado en el seminario menor de Navarrete (¡cuánto les debo a los religiosos camilos, cuánto!; y ¡cuánto les agradezco los bienes o talentos que en mí depositaron o sembraron, cuánto!), cursando Octavo de Educación General Básica (E. G. B.), durante una hora de estudio, el padre Pedro María, que nos controlaba o supervisaba, para que aprovecháramos el tiempo y no nos desmadráramos o desmandáramos, Piérola, transcurrida media hora, escribió en la pizarra dos palabras en latín y mayúsculas: “EGO SUM” y nos espoleó a que, una vez terminada la tarea, los deberes, tradujéramos atinadamente esas dos dicciones con un aliciente o premio no desdeñable para quien saliese ganador, un pequeño botín de chucherías. Yo fui el primero que contestó, pensando que me lo llevaría de calle: “yo soy” y/o “yo estoy” respondí, como el rayo. Pero él no dio ninguna de las dos traducciones propuestas por válidas. Al terminar la susodicha hora, la bolsa de golosinas seguía sobre la mesa del profesor sin dueño. Pedro María había prometido que sería exclusivamente de quien diera la traducción certera. Antes de decidir que fuera repartida equitativamente por servidor, entre quienes permanecíamos en derredor suyo, curiosos, interesados e intrigados, sobre todo, por conocer la traducción correcta, Piérola, “sin querer queriendo”, como solía decir el chavo del Ocho, nos adelantó el primer principio de la filosofía de Descartes (a quien no conviene descartar nunca; por eso se recomienda para la merienda, además de unas onzas de chocolate con pan, esto: jamás descartes a Descartes). Y escribió “COGITO” delante de las dos voces latinas, colocó una coma e intercaló entre la E y la G de “EGO” una R: “COGITO, ERGO SUM”. Y, solo entonces, nos brindó la traducción fetén: “Pienso, luego existo”. Cuando el verbo “SUM/ESSE” es la única palabra del predicado (no va acompañada de complementos), nos adujo, significa “existo/existir”.

Piérola existirá mientras alguien, lo conociera en persona o no, recuerde con fidelidad, de manera directa o indirecta, alguna de sus muchas y divertidas (dulces) lecciones.

   Ángel Sáez García

   angelsaez.otramotro@gmail.com

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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