El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

A veces, lo casual causal parece

A VECES, LO CASUAL CAUSAL PARECE

Puede que, hace mucho tiempo, in illo tempore, o hace poco, ayer, alguien encontrara la misma clave que ha hallado servidor para arrancar el texto que me dispongo a redactar en el mismo par de indelebles versos finales con los que el vate romántico británico John Keats (1795-1821) corona su “Oda a una urna griega”: “‘la belleza es la verdad y la verdad es belleza’; esto es todo / lo que sabes de la tierra, y todo lo que necesitas saber”, cuya frase entrecomillada en el original había elegido, en un primer momento, para rotular estos renglones torcidos, pero luego me he decantado por la opción que he preferido, el título que aparece.

Para desarmar a un oponente no hay mejor florete que el argumento que ideó y adujo otrora Jesús de Nazaret (según el capítulo 8 del Evangelio de Juan, donde acaso también se colaran de rondón, por sus grietas o rendijas, las flacas falsedades y falacias), con el que consiguió librar de recibir un solo rasguño a la mujer sorprendida en flagrante adulterio que la gente, enardecida en sus más bajos instintos por algún congénere con mal carácter, estaba dispuesta a lapidar sin dilapidar más tiempo: “Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Esta versión es buena, sin duda; por eso ha perdurado en el tiempo, deviniendo memorable, pero, si solicitaran mi opinión, me quedaría, a ojos cerrados, pero no ciego, con la variante desternillante que para “La vida de Brian” (1979), filme dirigido por Terry Jones, pergeñaron los miembros del grupo hilarante inglés Monty Python, que urdieron, de consuno, su guion; pues, siempre que vuelvo a ver la cinta, esa parte concreta me resulta especialmente desopilante.

El domingo pasado, 14 de marzo, en la página 12 de EL PAÍS, Carlos Yárnoz, Defensor del lector de dicho diario, escribía una tribuna donde discurría a propósito de un embeleco sobre La Faraona que había hecho fortuna y hasta furor (insisto en rememorar aquí de nuevo los dos versos mencionados de Keats) y falsamente se atribuía al diario The New York Times (NYT). La lectura de dicha reflexión propició que el abajo firmante trenzara la décima que titulé “El bulo de Lola Flores” (la sumaré al final de este escrito como oportuno colofón o postre).

Carlos Yárnoz inicia su artículo de esta guisa: “No hay quizás un periódico en España que no haya publicado alguna vez que The New York Times (NYT) difundió esto con motivo de una actuación de Lola Flores en la Gran Manzana: ‘Ni canta ni baila, pero no se la pierdan’”. Como recoge en su escrito el susodicho Defensor, todo un acierto (la gestión y el apunte) por su parte, tras pulsar el parecer de una autoridad fetén en la materia, la catedrática de la Universidad de Sevilla Cristina Cruces Roldán, “se trata de una de esas muchas mentiras tan bien traídas que merecería la pena que fueran ciertas. Es mentira, seguro”.

Después de leer la tribuna de Yárnoz y trenzar la mencionada décima, le tocó el turno de ser leído, en la misma página 12, al artículo de Elvira Lindo, que inicia el suyo con el principio de una de esas citas apócrifas que conviene dejar de atribuir a quien no fue su original y verdadero autor, “Groucho” Marx. Lindo comienza su colaboración dominical así: “Estos son mis principios… (ese es el título que escogió). Y si no le gustan, tengo otros. La cita de Groucho resume el trágico sainete (perdón por el oxímoron) al que hemos asistido esta semana”.

A veces, lo casual causal parece, pero no lo es.

Puede que solo en un periódico futuro la frase, atribuida tantas veces por tantos (ellas y ellos) a Julius, “Groucho”, Marx, se adjudique correctamente al periódico neozelandés donde apareció escrita por primera vez, el New Zealand Tablet, el sábado 18 de octubre de 1873.

Y, como lo prometido es deuda, procedo a saldarla de inmediato.

EL BULO DE LOLA FLORES

 

“Ni canta ni baila, pero no se la pierdan”.

Consabida y falaz frase sobre La Faraona, atribuida al NYT.

 

Digna se hizo de ene flores,

Mas, amigo, no me times

Con que fue en The New York Times

Donde a doña Lola Flores

Le sacaron los colores

Al juzgar que no cantaba

Y que tampoco bailaba;

Y que en vivo no ir a verla

Era un pecado y quererla

Como quien la detestaba.

 

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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