CERTIFICO QUE ESTOY ENAMORADO
DE IRIS, MI AMADA MUSA TINERFEÑA
Amada musa tinerfeña, Iris:
Menos mal que me mandaste mi póquer preferido o tabla de salvación, tus cuatro fotos, un sucedáneo (pésimo sustituto, sin duda, pero, para conformarme, unas veces me digo “menos es nada” y otras veces, como Perogrullo, “algo es algo”) de tu radiante y desbordante personalidad, está claro, porque, dada tu mudez proverbial, sin él/ella/s, me hubiera vuelto loco (ya sé que te consta que de amor por ti lo estoy, cuerdamente orate, sí, pero, sin el mentado, sin las tales, me temo, sin temer nada en concreto, esto es, sospecho, lo estaría en todos los ámbitos y, además, de remate).
Del ritual que sigo cada día, nada más poner un pie (ignoro si es el diestro o el izquierdo) en la biblioteca municipal de Tudela, trata el texto que acabo de trenzar y que te enviaré (la víspera del día que vea la luz en mi blog, aún no sé cuándo, porque todavía no lo he subido al tal) para tu solaz. Confío, deseo y espero que te guste, como ese es el fin de cuanto te remito (tenga que ver contigo o no). Si algo no te peta (y hasta te molesta, tras haberlo leído), te pido perdón de antemano. Puedes creerme: me esfuerzo en devanarme los sesos a diario con el único propósito de agradarte. Si meto la pata o tienes la certidumbre de que no logro lo que me había propuesto, es porque no soy perfecto, aunque procuro serlo, para acercarme al objetivo que persigo, de que me ames cada día un poco más, como eso ocurre o es lo que pretendo a la inversa).
Hoy, cuando he terminado la tarea que me había autoimpuesto, he hecho lo que no había coronado nunca hasta el día de la fecha, he ampliado tus cuatro fotos con la ayuda de las propias herramientas que incorporan (zoom y ampliar) y te he escudriñado hasta las rodillas.
Por cierto, he olvidado el día de tu cumpleaños, si, permíteme la ironía, algún día te mostraste espléndida y me diste ese dato concreto, o sea, si llegué a saberlo con absoluta certeza. Alégrame el día de mañana, si me lo suministras mañana, o el que sea cuando eso así ocurra.
Gracias le doy a Dios (en quien no creo; o sí, por haberte puesto en mi camino o, a la inversa, que vale lo mismo, a mí en el tuyo) cada día. Y gracias te doy a ti por remitirme lo que me ha dado la vida y salvado, tus cuatro fotos, un parvo sucedáneo, pero… no itero lo que ya expresé arriba. Sabes que tengo predilección por la segunda, pero cada día que pasa, ora para promediar, ora para convencerme o darme cuenta de que soy falible, les saco más jugo a las otras tres (en la que estás de espaldas, urdir que estás atractiva es quedarse muy alejado de la verdad, corto en el elogio, porque estás “atracativa”, con una vocal “a” epentética, sí, ni te hubiera reconocido, salvo por los tatuajes; en la que te exhibes, la peor, en un primer momento, cada jornada vas mejorando a mis ojos; y en la que estás agachada, junto al can, dan ganas de metamorfosearse en el perro y hacer lo que suele culminar él, lamer, como en la segunda.
Confío, deseo y espero que te gustara el soneto que firmamos juntos y publiqué en mi bitácora el 14 de febrero pasado, festividad de San Valentín, día de los enamorados (yo, de ti, al menos, certifico, dónde hay que firmar, que lo estoy hasta los tuétanos), y la décima que titulé “Alabanza de mi suegra”, por la agradecida, por mi parte, razón de peso de que fue la autora de tus días.
Te echo mucho de menos. Ardo en deseos de darte abrazos y besos físicos, pero, mientras eso no acaece, déjame mandártelos virtuales, sí; a ver cuándo pueden ser posibles los otros, los reales, que tanto echo en falta.
Cuídate mucho. Te ama (así como el coro o corro de heterónimos que suele andar en derredor mío) tu enamorado amanuense,
Ángel Sáez García