El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

La musa tinerfeña y su amanuense

LA MUSA TINERFEÑA Y SU AMANUENSE

La historia (que no leyenda ni mito) de Iris Gili Gómez y Otramotro podría ser el guion de una futura, pero no muy alejada en el tiempo, sino próxima, película de amor adulto (sin adulterio de por medio, por ahora). Aunque solo hace dos años y medio largos que se conocen (el azar o el destino decidieron, bien por separado, bien de consuno, al alimón, que tardaran en encontrarse, en coincidir en el espacio/tiempo), son sus cuerpos los dos concretos que habitan en una sola alma, de los que habló y escribió Aristóteles, las dos anatomías que comparten un solo corazón, inmenso e intenso, sí, como un coso taurino, que, cuando se casen, ni siquiera la parca logrará romper su inquebrantable vínculo.

La musa y su amanuense son poetas; una no deja de inspirar a quien funge de su atento copista; y quien escribe la primera versión de sus (de ambos) poemas a mano no ceja en su anhelo de ponerle oído a cuanta estrofa le secretea quedo su estro.

Si Iris, la mensajera divina, a quien le sienta el disfraz de Polimnia estupendamente, como, asimismo, le encajará la alianza áurea que ya ha comprado, obra en su poder y le introducirá Ángel en su dedo anular el día que matrimonien (confío, deseo y espero que los dos me inviten a la doble ceremonia de la boda y el banquete), tiene la impresión de que haber dado con Otramotro la ha salvado (tras haberla liberado de la cárcel del anonimato) de la quema y de que su nombre deviniera cenizas, polvo cósmico, esa misma sensación tiene, a la inversa, Ángel.

Si Iris nunca aflojó en su empeño de lograr el reto que se propuso e impuso de dar curso libre a su vocación de ejercer de estro poético, Otramotro jamás flaqueó en su constante tesón de conseguir el desafío que se había autoimpuesto de aguzar su oído al máximo para captar cuanto le susurrara su musa.

Acabo de hacerles a los dos la misma pregunta, y con sus respectivas respuestas, a las que les he extraído la quintaesencia y juntado el resultante zumo, he llegado a la siguiente e inapelable conclusión: si Iris ve en su copista una colectividad, agradecidas hojuelas, Otramotro vislumbra en su musa otro tanto, miel a espuertas.

Tras comprobar que Ángel era un zumbón redomado, de marca mayor, sin sentido del ridículo y desvergonzado, Iris se decantó por el tudelano (aunque, considerando su naturaleza, origen o procedencia y jugando con la descomposición de dicho gentilicio, tu-del-ano, no las tenía todas consigo y no descartaba la posibilidad de que este pudiera salirle rana/sapo y llegara a mandarla algún día a tomar por donde la espalda pierde su casto nombre, o sea, el culo, con perdón, o viceversa).

El amor que mutuamente se profesan y el humor del que ambos hacen gala son dos de los ingredientes fundamentales de la sangre que circula por sus arterias. Si el amor facilita la comprensión o el entendimiento recíproco, el humor ayuda a perdonar las respectivas flaquezas ajenas. El binomio amor/humor ha propiciado que la relación entre ambos, musa/amanuense, sea más robusta, que es, junto a un buen busto femenino, lo que a mí más me gusta.

   Emilio González, “Metomentodo”. 

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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