LA ADMIRABLE Y EL HORRIBLE
Cuando veo a la Barranco,
Sin dilación, yo me arranco;
Me acerco y pido permiso
Para hablar y no la piso
Si a bailar conmigo aviene;
Eso un montón me entretiene.
Quien llama Iris y es mi musa
Tinerfeña no me acusa
De que me fije en su blusa
Transparente, que engatusa;
Puede que haya otros pezones
Mejores, mas qué razones
De peso son sus dos fuentes
De leche y miel, infrecuentes.
Insisto; a quien llamo Amanda,
Que es mujer como Dios manda,
No se apellida Barranco.
Cuando me siento en un banco
Con ella, jamás le miento
Y noto que me caliento.
Lo opuesto ocurre, de nuevo,
Si Iván pone un zumbón huevo
(—¿El Rodante o el Terrible?
—¿No son el mismo? ¿El Horrible?);
Sin ánimo de plagiarle
Lo dicho, pruebo a elogiarle.
Con afán eso persigo,
Pero nunca lo consigo.
Yo no me tiro a un barranco
Por Sánchez, aunque esté manco,
Ciego, cojo y sordomudo,
No él, sino el menda; y no dudo
Que solo me comprometo
A este desafío o reto:
Estar a la de Iris vera
Hasta que Dios Trino quiera.
Ángel Sáez García