El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Las ideales noches sabatinas

LAS IDEALES NOCHES SABATINAS

No sé por qué he vuelto a recordar hoy aquellas noches de los sábados en los que yo no tenía que trabajar y, casi siempre con Javier, amigo y compañero de facultad y piso, acudíamos a la cafetería “(La) Ideal” (entonces el nombre le cuadraba o encajaba como alianza en el dedo anular), donde iniciábamos el periplo nocturno (algunas veces, cerrando el círculo, también lo coronábamos allí) y nos tomábamos uno o dos tubos de cerveza (puede que Javier optara por trasegar otro líquido elemento o néctar). Tal vez el motivo estribe o radique en que acabo de escuchar cómo sonaban en la radio los primeros y armónicos acordes de una canción de Queen, la banda británica de rock liderada por el cantante y pianista Freddie Mercury, cuyo videoclip tanto nos gustaba ver/oír, en la pantalla grande que había en el interior, a la sazón, a ambos, “I want to break free” (1984). Ignoro si el local susodicho ha sido remozado o no (pero, ya se sabe: “o renovarse o morir”), ni si sigue funcionando con ese u otro menester o nombre.

Otrora, cuando nosotros estudiábamos tercer curso de carrera, Filosofía y Letras, y vivíamos cerca de la “Ideal”, en la zaragozana calle (de) Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, (¿nunca olvidaré? que) conocí, por una extraña (cuando la narre, si es que algún día me decido a contarla por extenso, y la publique, a muchos lectores, ellas y ellos, me temo, sin temer nada en concreto, es una manera de hablar, esta les parecerá increíble, pero fue cierta, verdad) suma de circunstancias, a una joven, Carlota, que, durante escasos (pero inolvidables) meses (lo bueno, por lo general, suele durar poco tiempo o ser efímero; pero esta regla también tiene su/s excepción/es) ejerció de auxilio interino o provisional socorro.

Los grandes e inmarchitables amores y las felices, robustas y sólidas amistades también caen abatidos/as (con o sin estrépito) como un castillo de naipes o un ejército de fichas, colocadas una detrás de otra, en fila, por el efecto que nadie ni nada dominó como (comprobó quien lo probó) el dominó. Me da vergüenza confesarlo y lamentarme de ello. Reconozco que no estuve a la altura de las circunstancias. Debí esforzarme por mantener en pie esos templos que ahora o no contemplo, porque nada queda de ellos, salvo el recuerdo, o solo advierto el polvo en que devinieron sus ruinas.

Esa cafetería albergó un ideal añejo sobre la auténtica amistad, cuyo ambiente fue antaño capaz de alumbrar o sacarle una sonrisa o una colección de tales a la noche más lóbrega y sombría.

Hay a quien le tocó la bonoloto y eso le hizo inmensamente feliz. A mí me tocó, me besó y me lamió Carlota y no hay (yo, al menos, no acierto a catar, verbo previo a acatar) punto o término de comparación; no cabe hallar parangón entre un suceso y otro (el dinero del primero pudo pagar con otra joven los placeres del segundo, por supuesto, pero servidor fue el doble o tres veces más dichoso, al gozar de esa panoplia de bendiciones de balde).

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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