RECORDANDO AQUEL VIERNES DE MI ESTRENO
HACE VEINTIOCHO LARGAS PRIMAVERAS
“Han ido transcurriendo las jornadas de mi vida, más lentas unas que otras. Lo mismo ha sucedido con los meses, los años y las décadas pasadas. Aún no ha anochecido, pero es la última tertulia a la que asisto del casino “La Fuerza”, que la unión con los oyentes y con los contertulios me ha brindado.
“Os doy, de corazón, gracias eternas por haberme hecho un hueco en vuestra vida. Tres cuartos de lo propio he hecho con todos vosotros, que tenéis vuestra capilla en el templo sagrado que acarreo.
“A ver si entender logro mi existencia y averiguo qué oscuros vericuetos hasta esta villa, Algaso, me trajeron, donde el destino había preparado para mí la comedia y la tragedia, el drama y la novela de aventuras e incluso el matrimonio inesperado con quien jamás me hubiera imaginado que iba a hacerme el ser más feliz del orbe.
“Puede que haya auditorios tan atentos como el que habéis formado, mas tan fiel no creo que haya habido, semejante”.
Estas mismas palabras las adujo quien antes las había agavillado y se había aprendido de memoria, Fermín Soria, aquel viernes de mi estreno, hace más de veintiocho primaveras, cuando yo estaba como un flan, temblando.
Como entonces juzgué que eran cabales, a quien esa jornada se cortaba la coleta, rogué que, por favor, me hiciera y me entregara de ella copia y acaso las usara servidor (harás bien en tachar pronto el “acaso”) el día que asistiera a mi postrera tertulia y ejercieran esas voces, como hace la clavícula, que inicia, sí, la osificación humana y fina, la llave que abre y cierra mi concurso en la que ha dado tanta dicha o gusto que cabe aseverar que son escasos los sinsabores que he coleccionado y tiene pocas cuentas el rosario que he logrado ensartar con los disgustos.
Os agradezco mucho vuestro aprecio, cariño y tolerancia recibidos; que reciprocidad aquí haya habido, amén de mi confianza y mi deseo, asimismo o también, y mi esperanza.
Que más endecasílabos sin rima (queda a su voluntad, o con la tal) escriban quienes puedan y lo anhelen.
Eugenio Ruiz, maestro jubilado.
Eladio Golosinas, “Metaplasmo”.
Ángel Sáez García