ATRACTIVO MOSAICO DE ENTELEQUIAS
QUÉ MEZCLA DE VERDADES Y EMBELECOS
“Complementando (mas sin ánimo de completar a Aristóteles, craso error, pues ese reto acaso sea plausible, pero muy poco probable y, por ende, gravita sobre él y hasta le ronda el marbete de ‘imposible de conseguir’) al autor de ‘Ética a Nicómaco’, hoy, por fin, noto que estoy en disposición de poder afirmar, sin tener ningún miedo a errar (porque nadie está libre de hacerlo, ya que la posibilidad de que el ser humano cometa un yerro es connatural con su inteligencia falible), que el verdadero amor es el mismo desafío que, aun sin previo acuerdo, persiguen a la vez y, sin saberlo, al alimón, y aspiran a dar alcance dos personas que sienten absoluta admiración entre sí y devoción reverencial mutua: un único corazón que palpite en sus dos pechos”.
Emilio González, “Metomentodo”.
“Si es imposible, no hay amor plausible”, rótulo de la novela que le acaban de publicar a mi amigo íntimo y heterónimo Emilio González, “Metomentodo”, narra cómo Ángel intentó seducir a Iris para salvarse él de acabar consumido con su miedo en las calderas de Pedro Botero, al empeñarse en enamorarla, de todos los modos habidos y por haber y, así, impedir que ella cayera en las garras de la fiera que no vio venir, o sea, lograra sortear el matrimonio fracasado que, indefectiblemente, le aguardaba con quien entonces era su novio, ha tenido amplia acogida entre la gente culta de Algaso, la muy noble y muy leal ciudad del norte peninsular, y sobre todo, entre los lectores (ellas y ellos) asiduos de “el blog de Otramotro”, bitácora de Periodista Digital, donde su gestor la ha promocionado a conciencia.
En estos tiempos modernos en los que, al azar, por mera cuestión de suerte, nos ha tocado vivir, sin entender por qué nos pasa cuanto nos pasa, y eso tanto nos pesa, que hasta llegamos a sentir cómo la suela de uno de sus metafóricos zapatos nos pisa, en los que la verdad se ha devaluado tanto como el rublo (sobre todo, desde que el máximo orate y mandatario o mandamás de Rusia, porque manda mal, a la vista está, ordenó a las tropas rusas invadir Ucrania, país libre y soberano), porque, si a Stalin II, como otrora le ocurrió a Hitler, ambicionar sin medida, sus incontrolables ansias imperialistas, son las que le inspiran más ganas de vivir, aunque estas vayan acompañadas de miles de muertos y millones de desplazados, de refugiados, ucranianos, qué empatía, sí, los países de la OTAN no se han quedado esta vez de brazos cruzados, aunque a ratos lo parezca, los hechos ya no tienen la contundencia ni el peso que tuvieron antaño, porque hogaño son modelables, moldeables, mera plastilina, la mendaz arcilla del alfarero, que ha devenido el líder fulero, Putin.
“Metomentodo” se basa en hechos reales, sin duda, pero incluye en su relato, pura ficción, sucesos que no ocurrieron, pero podrían haber acaecido, verosímiles, que han venido a enriquecer sobremanera la novela, gracias a la libertad creadora de su hacedor y a su voluntad artística.
“Metomentodo” con una sutil mezcla de verdades y mentiras ha construido una verdad duradera, firme, digna de ser leída y releída. A nadie que haya pasado su vista por ella, de cabo a rabo, le ha extrañado el subtítulo que escogió el autor para la obra, “Atrayente muestrario de entelequias”.
Eladio Golosinas, “Metaplasmo”.
Ángel Sáez García