El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Lourdes ha olvidado su pañuelo

LOURDES HA OLVIDADO SU PAÑUELO

APOSTA Y ME HA CONFESADO UN SECRETO

Acabo de corregir (si había algo que enmendar) los exámenes finales de la asignatura que imparto, Lengua Castellana y Literatura, a los alumnos (hembras y varones) de la clase de 3º de la ESO, en el Instituto “Juan de Mairena”, de Algaso; y no he salido aún de mi asombro. Dos de mis alumnas tienen más asideros y disponen de mejor y más exacta información que yo y, por ende, saben más que su profesor de Agustín Moreto, de quien he de reconocer que he sostenido entre mis manos dos de sus mejores obras, “El desdén, con el desdén” (1654) y “El lindo don Diego” (1662), pero solo leí, de cabo a rabo, y hace muchos años la citada en último lugar, una “comedia de figurón”. Quienes aspiraran a merecer el sobresaliente debían salir airosos del brete, contestado, al menos, diez escogidas líneas, diez, sobre el autor sorpresa, cuya bola sería insaculada por mano inocente y, tras el preceptivo sorteo, resultó ser la 36, correspondiente a la del mentado Moreto.

He vuelto a leer los renglones certeros de Nerea Cuesta y Luz María Forniés, que se suelen sentar en sillas y sitios que están delante de mesas que quedan bastante alejadas en clase (ergo, no pudieron copiarse ni una de otra, ni otra de una; ahora bien, pudieron trabajar al alimón o repartirse la tarea y, entre ambas, preparar sendas biografías breves de los autores que podían caer en el examen, a fin de hacerse dignas de obtener la máxima calificación de sobresaliente.

Mañana, cuando toque el timbre, sonido que pone fin a mi clase y da inicio al recreo, les pediré que se queden conmigo en el aula un par de minutos, para ver si logro sonsacarles la verdad sobre el asunto que me admira: sus exámenes son tan parecidos que parecen sendas fotocopias. Me gustaría saber de dónde han extraído tan buena información, toda ella fetén (incluso la de su segundo y vacilante apellido, Cabaña, Cavana o Cavaña), idéntica en ambos casos. En el supuesto de que ellas se cerraran en banda y se mostraran herméticas, impenetrables, intentaré preguntarles a sus progenitores, por si estos me sacaban de dudas. Puede que los padres de las dos o de una de ellas tuvieran en casa un libro de biografías que yo no controlaba.

Hoy, durante mis proverbiales veinte minutos de siesta, he soñado que habían acudido a la sala de profesores los progenitores de Nerea, Alfonso y Sofía, y los de Luz María, Javier y Lourdes. Alfonso ha juzgado oportuno acarrear, dentro de su mochila, un libro de biografías de la editorial Rialp, que era el que me traía a mal traer, y he conseguido dar rauda solución al acertijo. Ahora ya conozco el busilis o intríngulis de la cuestión palpitante. No me constaba que Nerea y Luz María fueran amigas; y, al parecer, según sus respectivos padres no lo son. Ni Nerea les ha hablado a los suyos de Luz María, ni Luz María a los suyos de Nerea. Nunca, jamás.

Antes de despedirme de ellos, les he adelantado una primicia, que no debían referírsela a sus hijas, porque yo lo negaría, pero había juzgado que sus retoños merecían que su profesor les pusiera la máxima nota, un sobresaliente.

A los cinco minutos de marcharse (no sé si como contrapartida o correspondencia), ha tocado con los nudillos de una de sus manos la puerta de la sala de profesores alguien. He dicho “¡adelante!” y, al momento, ha asomado su cabeza por ella Lourdes, que me ha dicho que se había olvidado adrede en una silla el pañuelo multicolor que había llevado unido a un lateral de su bolso blanco. El olvido había sido aposta, a propósito, para volver. Sentía que debía confesarme un secreto, que aún se lo ocultaba a su marido, que Nerea y Luz María se gustaban y se amaban en silencio desde Primero, pero no demostraban que son y serán pareja hasta que no alcancen la mayoridad y puedan vivir juntas. No han salido del armario para no sufrir ellas ni hacer sufrir innecesariamente a sus deudos las incomprensiones que antes padecieron otras/os.

He decidido, tras haber tamizado correctamente el sueño, que no voy a hacer más pesquisas. Que cada quien viva el amor o su sexualidad a su modo, ad libitum, como Dios a entender le haya brindado.

   Ángel Sáez García

   [email protected]

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

Lo más leído