¿QUÉ SUELO HACER CON EL PAÍS? ¡LEERLO!
Como don Santiago A. Muñoz Valero (de Las Matas, Madrid), servidor, el abajo firmante, también es suscriptor del prestigioso diario EL PAÍS. A don Santiago la directora de dicho periódico, Pepa Bueno, tuvo la deferencia o gentileza de publicarle en el ejemplar de papel del pasado sábado 8 de julio de 2023, en la página 10, una carta que lleva el rótulo de “Razonamiento y respeto”. En ella se puede leer esto: “(…) es muy reconfortante ver cómo EL PAÍS, diario del que soy suscriptor desde hace muchos años, da cabida en sus páginas a articulistas y columnistas que declaran nítidamente sus posiciones políticas. Así tenemos los lectores la posibilidad de saber dónde está cada uno de ellos y también de elegir a quién leemos. Agradezco a EL PAÍS que cuente entre sus muchos colaboradores a reconocidos escritores como Antonio Muñoz Molina y Fernando Savater, quienes, en mi opinión, pueden representar a posiciones distantes del espectro político actual de nuestra España. Como lector de este diario, me identifico claramente con uno de ellos”. Este menda podría haber escrito esa carta tal y como apareció, pero hubiera añadido, sin duda, unas cuantas líneas más, estas, tal vez (que no las incluyó don Santiago, seguramente, porque se excedía de las 100 palabras o los 700 caracteres, el tope), pertinentes: Pero leo también al otro. Se sabe, a ciencia cierta, que se aprende de quien te objeta o refuta y de quien abunda o coincide contigo en el parecer que venías defendiendo hasta la fecha o acabas de aducir. Habrá quien, si pudiera preguntarme, me interrogaría lo esperado: ¿Por qué? Le brindo la respuesta, de balde o bóbilis: Porque, ¿de qué sirve el magnífico y muy a propósito ejemplo de EL PAÍS, dando cabida o cobijo a esos dos autores tan distantes y distintos ideológicamente (según el criterio de don Santiago), si luego el lector no sigue el mismo derrotero, la lección de ese ejemplo, que se le regala gratis et amore?
Para poder progresar, debemos evolucionar. Así pues, evolucionemos, por favor; no nos anquilosemos ni nos estanquemos. Dejemos atrás el maniqueísmo recalcitrante, el dualismo desfasado (o una mera variante de este, el “duelismo” trasnochado, o sea, la afición por el duelo; me refiero al combate, a la pelea, de la que discurrió Heráclito de Éfeso). Ya está bien de tener que contestar a preguntas estúpidas del tipo: ¿A quién quieres más, a mamá o a papá? ¿Eres de izquierdas o de derechas? Acostumbro responder a esa pregunta con las líneas que inician el párrafo 35 del discurso décimo tercero (titulado “Lo que sobra y falta en la Física”) del tomo VII del “Teatro Crítico Universal”, de fray Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro: “Así yo, ciudadano libre de la República Literaria, ni esclavo de Aristóteles, ni aliado de sus enemigos, escucharé siempre, con preferencia a toda autoridad privada, lo que me dictaren la experiencia y la razón”. Y, si mi interlocutor no ha quedado conforme, convencido, persuadido, agrego, poco más o menos, esto otro; que, como Muñoz Molina y Savater, yo también soy un ser humano, y como les acaece a ellos, a mí, igualmente, nada de lo humano me es ajeno. Y, si no echo mano del correspondiente latinajo de Publio Terencio Africano, es para que quien me lee no colija lo inconveniente e/o inoportuno, que me estoy dando pisto, pote o postín.
Supongo que el pasado sábado don Santiago hizo otro tanto que servidor, leer la estupenda tribuna titulada “Peligro moral de la poesía”, que lleva la firma de su hacedor, Antonio Muñoz Molina, en la página 11 del citado ejemplar del periódico global de dicho día (sobre Ósip Mandelshtam y su esposa Nadezhda; y las numerosas penalidades que tuvieron que sufrir) y la columna rotulada “El botín”, en la contraportada o la página 52 de dicho diario. Si uno hace el inexcusable esfuerzo de poner suma atención en cuanto dejaron escrito ambos autores en cada uno de sus textos, hoy, lunes 10, advertimos, cuando pasamos estos renglones torcidos a ordenador en la biblioteca municipal “Yanguas y Miranda”, de Tudela, que hay más concomitancias y paralelismos entre los susodichos literatos que diferencias. Apuntemos (sin disparar) qué escribieron Savater y Muñoz Molina. Esto trenzó en su columna Fernando: “El crimen de (…) ETA no es nunca un gesto individual sino la culminación de un proyecto colectivo; asesino es el ejecutor, quien ordenó el crimen, quien informó de las costumbres de la víctima, quien ayudó o encubrió al ejecutor”.
Transcribamos ahora lo que dejó escrito, negro sobre blanco, Antonio: “Había preservado muchos de los poemas de su marido aprendiéndolos de memoria, de modo que ningún esbirro de la policía política pudiera incautarlos. En su mayor parte no eran poemas políticos (…) su propia originalidad constituía un delito (…) Solo así se comprende la temeridad del poema sobre Stalin de noviembre de 1933 (…) Ponerlo por escrito habría sido un suicidio. Pero recitarlo en voz baja era casi igual de peligroso, porque alguna de sus personas de confianza que lo escuchaban podía ser un delator encubierto (…)”.
“‘Un poema debe ser memorizado para sobrevivir’, escribió Joseph Brodsky”. Y lo propio cabe leer en la novela “Fahrenheit 451” (temperatura a la que el papel de los libros arde), que escribió su autor, Ray Bradbury, influido por la “caza de brujas” organizada en EE.UU. por el senador republicano Joseph MacCarthy, que fue publicada en 1953, donde el protagonista, Guy Montag, un bombero, censurador de libros, cansado de fungir de tal, se une a un grupo de disidentes y/o resistentes que memoriza libros, a fin de que estos no se pierdan.
“El destino de Osip Mandelstam es una gota en un océano de terror y de sangre”.
Insisto; veo tantas concomitancias y paralelismos entre los textos contestatarios de Muñoz Molina y Savater, que no advierto apenas diferencias, a pesar de las que había guipado a priori don Santiago. Ambos sienten el mismo “espanto sin disimulo hacia tanto sufrimiento inútil, tanta injusticia, tanta crueldad”, por usar las ajustadas palabras de Antonio; a quien le debo comentar que afea su tribuna el uso alternativo que hace de Nadeshzda o Nadezhda para nombrar a la esposa fiel de Ósip, al que le falta la tilde y la hache intercalada a su apellido.
Como, por mucho que sea mi denuedo, no voy a mejorar las líneas que urdió Fernando Aramburu, otro colaborador actual de EL PAÍS, acudo en su ayuda para dar remate inmejorable a este escrito, como él hizo lo mismo con la reflexión que aparece en la pieza que tituló “Lecturas omnívoras y lecturas veganas”, en concreto, en el último parágrafo, que aparece en la página 320 de su obra “Utilidad de las desgracias y otros textos” (Tusquets Editores, 2020): “A mi juicio se hace un pésimo favor intelectual quien limita sus lecturas a los libros con los que sabe de antemano que estará de acuerdo. ¿Temerá contagiarse de las razones de un sagaz antagonista? ¿Acaso presiente que su castillo de dogmas será eficazmente expurgado por los argumentos de las malas compañías ideológicas? ¿Pensará que es posible entender el mundo si lo observa tan sólo desde la aspillera de su sectarismo? Quizá lo suyo se reduzca a un caso común de alergia a la tolerancia y de incompatibilidad con el pensamiento libre, lo cual yo dudo mucho que conduzca a grandes provechos, ni siquiera a gozos medianos”.
Nota bene
Cuadraría otro título a este texto: “La librería Lagun echa el cierre”.
Ángel Sáez García