El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

No valgo para echar tabas a un corro

#historiasdeverano

NO VALGO PARA ECHAR TABAS A UN CORRO

DI, TRAS CHUPAR A “TRUENO”, EN EL RELÁMPAGO

En español, como su propio nombre indica, el tábano no es una taba, o sea, un astrágalo (como yo me llamo Ángel Sáez, es decir, las iniciales de mi nombre de pila y de mi primer apellido conforman un AS, me he dicho, hazle caso al Diccionario de la lengua española, DLE, y trágalo; y esas dos ruedas de molino de agua, de aceña, me las he tragado, una detrás de otra), que, como quien haya estudiado primer curso de Medicina y no haya perdido la memoria sabe, es un hueso del tarso, que se articula con la tibia y el peroné, además del “cordón en forma de anillo que rodea el fuste de la columna debajo del tambor del capitel”, como no ignora quien haya estudiado primer curso de Historia del Arte.

En algunas regiones de España a los tábanos, esos insectos dípteros, que suelen colarse de rondón en las fiestas que organizan otros vampiros, los murciélagos, pues a estos les encanta succionar la sangre de otros animales tanto como a aquellos, los llaman tábarros o tabarros, por la sencilla razón de peso de que dan la tabarra, la lata, con sus molestos zumbidos, carentes de zumba, guasa, coña o burla fina, como moscas cojoneras.

Bueno, pues, aunque parezca mentira, todo lo redactado en los dos parágrafos precedentes viene a cuento, porque, aunque desconozco el motivo, la quintaesencia, hoy, martes 18 de julio de 2023, tras una plácida siesta estival, me he despertado de la misma siendo un tábano. Y he recordado, al instante, como por arte de magia, las palabras que solía proferir mi piadoso progenitor, Eusebio, para referirse a una persona inútil (él, claramente, exageraba, esto es, echaba mano del recurso literario de la hipérbole), que no valía para nada, ni siquiera para coronar algo tan sencillo y simple como tirar la taba, en el susodicho juego, que es la labor o tarea más fácil o una de las más fáciles que se pueden llevar a cabo en este mundo. Hacía referencia a lo lúdico, al juego (habitual, en sus tiempos de crío), consistente en lanzar el hueso al aire; dependiendo de la posición o del lado en el que caía la taba, se ganaba o se perdía (se libraba uno, pues no era un juego que entusiasmara a las féminas, del golpe, o no).

No te lo vas a creer, atento y desocupado lector (ora seas o te sientas ella, ora seas o te sientas él, ora seas o te sientas no binario) de estos renglones torcidos. Pero, en un visto y no visto, en un santiamén, he dejado de existir. Y es que los tábanos, como otro tanto les ocurre a los seres humanos, tampoco tenemos siete vidas, como eso sí se airea y/o predica de los félidos, felinos o mininos. Me ha dado por acercarme a un establo y he husmeado (más que guipado) a un corcel, que se parecía, como una gota de agua a otra gota de agua, a “Trueno”, el irónico angelito de la película “Horizontes de grandeza” (“The Big Country”, 1958), dirigida por William Wyler, al que un reguero de sangre le había fluido de una herida que se había hecho el équido o equino en su anca izquierda.

He acudido raudo, como un rayo, a ese panal de rica miel, y apenas le había dado el primer sorbo al daiquiri, cuando, tras darme un golpe certero con su cola (yo nunca hubiera sospechado que dicho apéndice peludo pudiera devenir en un arma letal, y no he visto venir el zurriagazo), me ha estampado contra un poste de madera, y he pasado a mejor vida en el momento.

  Nota bene

Escribo estas líneas desde el cielo de los insectos, porque le he preguntado a un tal Gregorio Samsa, que ejerce de mandamás (hace las veces de San Pedro) aquí, y me ha contestado que eso se podía culminar sin problemas; él se ha encargado de que no me faltaran los materiales imprescindibles, papel y bolígrafo, y eso es lo que acabo de hacer.

Di, tras chupar a “Trueno”, en el relámpago. Sé que plagio al autor del “Lazarillo”.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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