El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿Resulta grato reventar burbujas?

¿RESULTA GRATO REVENTAR BURBUJAS?

A unos cuantos (muchos o pocos, según el prisma o punto de vista de cada quien o quisque, don Enrique o Quique, según elija la persona que decida llamar al tal entre las dos opciones propuestas, mayoritarias) se nos llena la boca cuando preferimos lo que proferimos decir a cuanto nos convendría callar (por la evidente contradicción que acarrea), que somos personas respetuosas, a machamartillo, y aun a ultranza, cuando lo apodíctico es que, si algo no encaja en nuestras circunstancias espaciotemporales, lógicas y normales, tendemos a considerar esa manera de hacer como irracional o esas prácticas, las que sean, absurdas. ¿Por qué nos importa tanto que lo que otros suelen llevar a cabo nosotros lo veamos acéfalo y ápodo, sin cabeza ni pies? ¿Acaso hacen daño a los demás, coronando cuanto les peta? ¿Acaso anhelamos abatir o derribar del pedestal en el que colocamos y aún se halla ese proverbio irrefutable que airea que en la variedad está y/o reside el gusto? Que cada quien culmine cuanto le apetezca sin que ni tú, lector, ni yo (seamos hembras, varones o no binarios) vengamos a joder la marrana (locución que, ignoro el motivo o porqué, no recoge el Diccionario de la lengua española), a aguarle la fiesta.

Y, como constatamos lo obvio, que sigue sin haber en el convento mejor maestro que fray Ejemplo, nos vemos en la obligada tesitura de poner uno, clarificador, para que se entienda en su apropiado, justo y recto sentido lo que acabamos de dejar escrito, negro sobre blanco, en el primer párrafo de este texto, el que precede a este.

Hace muchos años, cuando este menda estudiaba primer curso de Medicina en la Universidad de Zaragoza, se subió a un tren en la antigua estación ferroviaria de “El Portillo” y se apeó en la de Pamplona. Tras coger una “villavesa” (así se denominaban a los autobuses urbanos otrora en la capital del viejo reino de Navarra), me bajé en la parada de la Clínica Universitaria, donde a mi madre, Iluminada, le habían extirpado el bocio o tiroides. Nada más entrar en la habitación, tras tocar, como mandan los cánones, con los nudillos de algunos dedos de mi diestra la puerta, comprobé que Prepedigna, su compañera, y mi progenitora dormían plácidamente la siesta. No les quise despertar (“el sueño de los demás es sagrado”; eso decía, muy oportunamente, un cartel que había en mitad del dormitorio común del seminario menor de los Camilos, en Navarrete, y tuve ocasión de leer unas cuantas veces, y tenerlo siempre presente) y me marché a tomar un café. Regresé, pasados unos cuarenta minutos, y vi cómo mi madre, después de saludar a “Prepe” y compartir con mi deudo los besos de rigor, se dedicaba a reventar, ayudada de los dedos pulgar y corazón de su mano derecha, las burbujas de un plástico protector de objetos frágiles. Le pregunté si eso le divertía, porque para mí, mero espectador, aquel proceso carecía de fundamento, razón y/o sentido, y ella me contestó que aquello le relajaba y provocaba una extraña sensación deleitosa. Si no recuerdo mal, dijo que le daba “gustirrinín”.

Nada más acabar de redactar el tercer parágrafo de este escrito, ha llamado al portero automático mi amigo del alma y heterónimo Emilio González, “Metomentodo”, al que, tras abrirle la puerta del piso la mucama, Dolores, me ha preguntado de qué iba lo que me hallaba trenzando. Le he respondido cuanto el atento y desocupado lector (ora sea o se sienta ella, ora sea o se sienta él, ora sea o se sienta no binario) de estos renglones torcidos conoce o sabe de buena tinta, y me ha comentado esto: Otramotro, como careces de redes sociales y no tienes acceso habitual a internet, desconoces qué acaece en la “youtubesfera”, pero has escrito, sin saber que lo hacías así, de las benéficas sensaciones que aporta el concepto de “respuesta sensorial, meridiana y autónoma”, que se conoce en inglés por las iniciales de su acrónimo, ASMR.

   Nota bene

¿Acaso no hizo, mutatis mutandis, eso mismo Pedro Sánchez con las encuestas de las diversas empresas demoscópicas, meras burbujas, que él se encargó de reventar la tarde-noche del domingo electoral, el pasado 23 de julio de 2023, incluida (que no me voy a ir, no, de rositas) la que yo contribuí a crear en mi pesquis con mi realista (ni optimista ni pesimista) binomio, mera mezcla de escepticismo e incredulidad, a partes iguales?

Este texto lo escribí a mano, con la inestimable ayuda de un BIC azul, el lunes 24, día del chupinazo en Tudela. Como la biblioteca pública “Yanguas y Miranda” ha permanecido cerrada durante los siete días correspondientes a sus fiestas patronales, en honor de Santa Ana, no he podido utilizar una de sus computadoras hasta hoy, lunes 31 de julio, en el que he pasado dicho escrito a ordenador.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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