¿CUANTO CUENTA OTRAMOTRO ES VERDADERO?
HOY LO DE LA PALOMA SÍ HA OCURRIDO
NO CABE EXTRAPOLAR ESO A MÁS DÍAS
Como nos consta que nuestro amigo Otramotro, además de ser exacto en lo que cuenta en sus textos (tanto en los que trenza en prosa, como en los que urde en verso, como en los que hace un combinado o mezcla de ambas formas u opciones), es, asimismo, muy peliculero, o sea, fantasioso e imaginativo (a partes iguales o en ligero desequilibrio), hemos acudido a su casa para corroborar allí, in situ, si lo que cuenta en una de sus piezas literarias es verdad de la buena, que, a eso de las cinco de la tarde, unos minutos antes o unos minutos después, cuando se concede un descanso o se da un respiro, indefectiblemente, cuando se asoma a una de las ventanas del balcón cerrado de su salón de estar, del que se otean pequeños tramos de las calles Avenida de Santa Ana (a la derecha) y Escarcha (a la izquierda), suele ver, un día sí y otro también, posada en el extremo derecho del tendedor descordado, en el que es meramente imposible tender una sola pieza de ropa, a un paloma, que él ha identificado con el Espíritu Santo, o él nos ha querido persuadir de que es Él, la tercera (y su anagrama, certera) persona de la Santísima Trinidad.
Nada más abrirnos la puerta, tras abrazarnos mutuamente, le hemos mencionado cuál era el motivo de nuestra visita: “Venimos, Otramotro, a verificar si es cierto lo de la paloma”. Ángel, como había tenido que levantarse de la silla donde estaba sentado en su despacho, para llevar a cabo dicho menester, y faltaban siete minutos escasos para que dieran las cinco de la tarde en el reloj de la iglesia/parroquia de Lourdes, sita en el barrio del mismo nombre, en lugar de ir los tres al bufete, nos ha dicho: “Seguidme” y le hemos hecho caso. Hemos seguido el rastro que han dejado en el parqué las suelas de sus zapatillas de casa. Hemos llegado al salón, ha abierto la puerta del balcón, y luego ha procedido a correr la ventana y se ha asomado. Con una sonrisa, de oreja a oreja, en la cara, al instante, nos ha cedido el puesto, para que nosotros, los abajo firmantes Luis Calvo y Luis de Pablo, “los Luises”, como él nos llama en sus textos, pudiéramos observar qué había abajo, en el extremo diestro del tendedor del piso inferior. Puede sorprenderse usted, atento y desocupado lector (ora sea o se sienta ella, ora sea o se sienta él, ora sea o se sienta no binario) de estos renglones torcidos (Otramotro, hasta la fecha, nunca se ha molestado con nosotros, sus amigos y mecenas, cuando, como acabamos de hacer aquí y vulgarmente se dice, lo hemos copiado, lo hemos plagiado), si le apetece, pero lo que hemos visto, y con mis propios ojos, ha sido a la paloma.
“Acabáis de comprobar, de manera fehaciente, que no mentía (ni a vosotros ni a nadie), que no engañaba”, nos ha dicho. “Lamentamos tener que discrepar contigo, Otramotro; porque lo que hemos constatado hoy, minutos antes de las cinco de la tarde, es que en el lugar de marras había una paloma, pero no podemos extrapolar ese hecho fehaciente o resultado a otros días, anteriores y futuros; no podemos certificar que ese suceso se iteró e iterará sin defecto ni duda, que todos los días cabrá hallarla allí, y a la misma hora, porque incumpliríamos con nuestro trabajo de notarios de la actualidad, de la realidad. No conviene generalizar (ni para lo bueno ni para lo malo), porque quien lo hace suele incurrir en error (si hacemos caso a nuestra experiencia, que es madre y maestra de la ciencia)”.
Nota bene
Hoy hemos vuelto a ratificar que una de las pocas certezas apodícticas que acarreamos o nos acompaña a ambos, desde in illo tempore, sigue en vigor. Nuestro amigo Otramotro, cuando esgrimimos en la conversación un razonamiento que es para los tres inobjetable, suele hacer siempre lo mismo, además de quedarse dándole vueltas (al argumento, que él denomina peón o peonza, bailando con él), enmudecer.
Luis Quirico Calvo Iriarte y Luis de Pablo Jiménez, “los Luises”.
Ángel Sáez García