¿NOS ENGAÑA EL PSOE COMO A CHINOS?
(SUS JERARCAS ACTUALES, POR SUPUESTO)
(COMO HACEN OTRO TANTO OTROS PARTIDOS)
Entiendo lo que quiere decir Javier Cercas (¡menos mal!; si, entre las buenas personas, las más capaces para dar forma a una idea justa, no tienen los redaños de tomar la palabra y decir, sin tapujos ni pelos en la lengua, lo que piensan, de veras, sobre este asunto, ese o aquel, los numerosos problemas que nos agobian y aquejan a quienes habitamos este mundo inmundo, no obtendrán cuanto algunos reclamamos a voz en cuello, las imaginativas, oportunas y/o sensatas soluciones, porque estas seguirán enseñoreándose del limbo, sin que nadie las rescate de allí) en su último PALO DE CIEGO, rotulado “Tenemos un problemón”, que apareció publicado ayer, en la página 8 del número 2.455 de EL PAÍS SEMANAL, correspondiente al domingo 15 de octubre de 2023, festividad de Santa Teresa de Jesús, y por ende, onomástica de mi novia, Mayte.
Está claro, cristalino, que el “problemón” no se llama “partidos políticos”, en sentido estricto, sino las personas que conforman los susodichos, en concreto, las que dirigen, guían, llevan las riendas y/o mandan (en) esos partidos políticos, plataformas o conglomerados ciudadanos. El problemón, que tiene muchas concomitancias con un flemón, está en quienes tienen mando en plaza e impiden que en el seno del partido haya corrientes críticas de opinión, versos sueltos que expresen al resto de los afiliados y simpatizantes las verdades del barquero. Es evidente que la verdad (como pretendió probar o demostrar José Ortega y Gasset, al exhibir una manzana en una de sus concurridas conferencias) es una, pero también es cierto, apodíctico, el perspectivismo, o sea, que la verdad es poliédrica (dependiendo de cuál sea nuestro prisma o punto de vista, cabrá observar en ella sus muchas facetas o caras) y acaso quede conformada y confirmada con la suma de verdades subjetivas, personales, parciales, de cuantos osan contemplar la realidad sin anteojeras o prejuicios y expresar su opinión sin remilgos.
La misma verdad que aduce Javier Cercas (“el PSOE se presentó a los comicios con un programa donde ni siquiera se mencionaba la posibilidad de una amnistía a los líderes del procés; más aún: tanto los votantes como los militantes del PSOE podíamos albergar la certeza de que esa amnistía no iba a producirse, porque así lo había dicho durante años el partido, por activa y por pasiva, incluso durante la propia campaña electoral”), seguramente, ha rondado los cacúmenes de otros afiliados y votantes del PSOE en las últimas elecciones generales de julio. Insisto e itero, ¡menos mal! Cercas se ha atrevido (le honra el gesto, que acaso, dada la polarización imperante, cabe catalogar de gesta) a proclamar, a voz en grito, ante los argumentos, meras añagazas o falacias, netos subterfugios o embelecos, que han largado por sus muis los miembros del Gobierno y su presidente en funciones, Pedro Sánchez, su perspectiva sobre el tema en cuestión. Y sigue razonando impecablemente Cercas (“lo que dos semanas antes era ilegal e inaceptable para el PSOE y sus satélites mediáticos pasó a ser, dos semanas después, no sólo legal sino bueno para todos. ¿Alguien en el PSOE pidió explicaciones por ese cambio inaudito? ¿Protestó alguien? Que yo sepa, nadie salvo la vieja guardia, que no tiene cargos que perder ni que ganar, y uno de los llamados barones, blindado por una mayoría absoluta en su feudo”) en su reflexión.
Aunque no lo asevera Cercas en su ecuánime artículo, sobrenada en sus atinados renglones esta idea: ¿El PSOE es partido de fiar? La impresión tengo de que me ha engañado.
A mí, que solo he votado al PSOE o en blanco, también me ha ocurrido lo propio, pero esa sensación refractaria de haber sido embelecado se remonta a los tiempos en que las riendas del carro socialista las llevaba otro auriga, José Luis Rodríguez Zapatero.
El último parágrafo del citado PALO DE CIEGO de Cercas no tiene desperdicio: “Sí: tenemos un problemón. Necesitamos partidos de verdad: sin ellos, no hay democracia de verdad. Necesitamos partidos que no se sirvan de nosotros, sino que nos sirvan, que fomenten la crítica y la autocrítica, que no confundan la disciplina con la sumisión, partidos aireados, plurales y generosos, idealistas y realistas, integrados por militantes libres y no amedrentados y por cargos elegidos en listas abiertas. En suma: necesitamos una nueva ley de partidos (y, de paso, una nueva ley electoral). La pega es que sólo pueden hacerla los propios partidos, que no quieren hacerla. Así que, señoras y señores, o los obligamos nosotros a cambiar, o no cambiarán. Y el problemón seguirá siendo nuestro, no suyo”.
Lamentablemente (ojalá me equivoque; nada me gustaría más), la excelente e inteligente propuesta de Cercas, por intereses personales, no de partido/s, caerá en saco roto. Nadie es profeta en su tierra, pues clama en el desierto, ya que ninguno de quien lo lee o escucha está dispuesto a dejarse persuadir, al no admitir ajenas razones ni ejemplos (aunque procedan del caletre y la lengua o pluma de fray Ejemplo).
Ángel Sáez García