El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¡Qué fácil le es decir «tengo principios»!

¡QUÉ FÁCIL LE ES DECIR “TENGO PRINCIPIOS”!

(A QUIEN POR EL PODER CUALQUIER COSA HACE)

Hoy, martes 30 de los corrientes mes y año, en casa, por la tarde, sin haber hallado en un solo poro de mi pellejo un ápice de presunción o vanidad, juzgo que no es necesario que este menda acuda al Diccionario de la lengua española, DLE (lo haré mañana, cuando pase estos renglones torcidos a ordenador en una de las cuatro computadoras que hay a disposición de los usuarios, ellas, ellos o no binarios, en la biblioteca pública “Yanguas y Miranda”, de Tudela), para dar una definición, si no exacta, bastante aproximada y válida de la voz “coherencia”, valor o virtud de la que carecen muchos de los representantes políticos actuales (extranjeros y autóctonos): “Armónica adecuación de las partes con el todo (el engranaje de una maquinaria, verbigracia) o lógica relación de una cosa con otra”. El DLE nos brinda cuatro posibles definiciones Ahí van las dos primeras, las que nos interesan (para que el atento y desocupado lector pueda advertir las similitudes y las diferencias): 1. “Conexión, relación o unión de unas cosas con otras”; y 2. “Actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan” (verbo que servidor matizaría y mejoraría al mudar por este sintagma verbal “dicen profesar”).

Y, como en el convento no hay mejor maestro que fray Ejemplo, pondré uno, evidente, clarificador, para que no quede un solo lector que se lleve a sus ojos estas líneas sin haber disipado, si es que las abrigaba o acarreaba, todas sus dudas sobre el particular.

De poco, muy poco (casi nada) le sirve a un quídam proferir que ha cazado al vuelo o pescado sin anzuelo (reconozco que aquí la rima interna ha sido buscada; ruego que se me perdone la ocurrencia lúdica) una idea (no importa, en principio, cuál sea), si, una vez formulada, los comportamientos perceptibles del sujeto que la pergeñó, lo que la gente ve, cómo es la actitud del pensador, contradice, de manera fehaciente y notoria, la supuesta y susodicha idea de marras. En plata, poco recorrido tiene (se coge antes al mentiroso que al cojo) quien se limita a aseverar que ha pensado esto, lo que sea, si eso viene a ser refutado por sus actos; esto es, que no hay ajuste o encaje perfecto entre los que se piensa, lo que se dice que se ha pensado y lo que se hace.

¿Qué credibilidad puede tener en la opinión pública y publicada, y hasta entre sus propias huestes, quien cambia de principios como de calzoncillos o bragas, a diario (medida esta que, por cierto, apoyo, pues es muy higiénica)? Como la tradición viene adjudicándole a Marx, a Julius, “Groucho”, Marx, según la conspicua frase que quien se dedica a escribir de política con cierta frecuencia habrá esgrimido más de una vez, haya sido correctamente atribuida su autoría a él o no, hay por ahí mucho politicastro que podría plagiarle: “Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros” (“los que sean y mejor le cuadren o vengan a usted; así de camaleón o veleta soy”, podría haber agregado, a continuación, cínicamente).

A fin de que todo quede claro, cristalino, procedo a pedir, a renglón seguido, el preceptivo permiso (lo hago mediante estas palabras, pues carezco de su número de teléfono para llamarle) a Fernando Vallespín, para reproducir un párrafo apodíctico de su excelente artículo de opinión, rotulado “¿Cómo se combate a la extrema derecha?”, que apareció publicado y leí y subrayé el pasado domingo 28 de enero de 2024 en la página 11 de EL PERIÓDICO GLOBAL, EL PAÍS: “No nos engañemos, en estos momentos de retorno de la Realpolitik la identidad nacional no tiene rival. Más aún cuando los que tiene enfrente se enredan también en particularismos de diverso signo y compiten entre sí por hacerse un hueco en el mercado electoral o, llegado el caso, cuando su anterior abominación retórica de los populistas se trasmuta en aceptación cuando los necesitan para acceder al Gobierno. Y esto último no hace más que reforzar la idea de que, en efecto, no les guían los principios de los que tanto presumen, sino el bendito poder. Otra vuelta de tuerca en la desconfianza hacia la política democrática”.

Nota bene

A propósito de la frase de marras (“Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros”), esto es lo que escribí en el artículo que titulé “A veces, lo casual causal parece”, que apareció publicado en mi bitácora de Periodista Digital, el blog de Otramotro, el 18 de marzo de 2021: “Puede que solo en un periódico futuro la frase, atribuida tantas veces por tantos (ellas y ellos) a Julius, ‘Groucho’, Marx, se adjudique correctamente al periódico neozelandés donde apareció escrita por primera vez, el New Zealand Tablet, el sábado 18 de octubre de 1873”.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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