AL GUÍA LAS CENSURAS FORTALECEN
AL LÍDER LOS ENCOMIOS ENFLAQUECEN
AQUÍ, LAS PRUEBAS SON IRREFUTABLES,
QUIEN NECESITA TUTELA ES SÁNCHEZ
“Te quejas de las censuras de tus maestros, émulos y adversarios, cuando debieras agradecerlas. Sus golpes no te hieren; te esculpen”.
Santiago Ramón y Cajal.
Los afiliados, simpatizantes y votantes (unos en mayor grado o medida que otros; ya sean o se sientan ellas, ellos o no binarios) del PSOE (me refiero a cuantos llevan una venda puesta en los ojos que les impide ver la realidad) tendrán un problema muy gordo si siguen, erre que erre, apoyando sin reservas a Pedro Sánchez, por haberle otorgado todo el poder de la organización al susodicho, quien, a las pruebas, incontrovertibles, me remito, ha devenido en un incapaz, al elegir para que ocuparan cargos de responsabilidad dentro del partido a personas de su confianza que, a posteriori, han venido a demostrar que no la/los merecían y, por ende, él se ha ganado a pulso un rosco, un cero. Al secretario general no se le presta apoyo con ovaciones cerradas, sino poniéndolo en aprietos o bretes. No entiendo cómo nadie en el comité federal del pasado sábado 5, en la sede de Ferraz (de cuanto ha trascendido, solo Emiliano García-Page y la alcaldesa de Palencia, Raquel Miriam Andrés Prieto, levantaron la voz; ¿por qué se transmite en directo el discurso de Sánchez y no las alocuciones de los restantes intervinientes?; ¿eso es transparencia?; no lo conjeturo así), le preguntó a Pedro por lo que él ocultó o calló en su disertación, pero venía a cuento y correspondía cuestionar, por Francisco Salazar. ¿Acaso el secretario general no había nombrado al susodicho, como adjunto a la secretaría de organización? Si luego Pedro Sánchez se llevó las manos a la cabeza, ¿quién tenía toda la culpa de tamaño error? Los tres diarios que me llevé a los ojos el domingo 6 de julio de 2025 hablaban de Paco Salazar como alguien de máxima confianza de Sánchez, pues trabajaba con él en La Moncloa. ¿Conocía el presidente del Gobierno cómo se comportaba el elegido por él con algunas féminas? Seguramente, como o estaba en Babia o en los cerros de Úbeda, no, como otro tanto había sucedido con los dos secretarios de Organización del PSOE que había nombrado antes, Ábalos y Cerdán. Quien echó una mano a Sánchez para maximizar y/u optimizar sus cinco sentidos corporales merece un galardón. ¿Qué olfato para seleccionar a sus números tres, qué ojo clínico, qué sexto sentido o intuición de… pacotilla?
Tengo para mí por público y notorio que, como airea el dicho castellano, solo con amor el amor se paga. Bueno, pues, lo propio cabe aducir del respeto. Asimismo, está claro, cristalino, que una persona con dos dedos de frente puede solidarizarse con otra, empatizar con otra, gozar con otra, compadecerse con otra. Habrá quien vea bien que Pedro Sánchez haya elegido a Rebeca Torró Soler para el cargo vacante dentro de la organización; habrá quien vea correcto que haya nombrado a tres (habiendo sido abatido o descartado Salazar, solo dos) adjuntos a dicho máximo cargo, Anabel Mateos Sánchez y Borja Cabezón Royo. ¿Quién ideó que eso fuera así? El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Todo mandamás que devenga “mandamal”, investido con un poder omnímodo, absoluto, aplaudido a rabiar, a quien le gusta o no molesta que alguien de su entorno y equipo lo llame “el puto amo” puede llegar a creer, a pies juntillas, que cuanto decide o hace tiene visos de ser atinado, de haber dado en el blanco o el centro de la diana. A dicho dictamen lo veo cojo. ¿Dónde está el trío o la dupla adjunta al secretario general del partido? ¿A quién le corresponde juzgar si Pedro Sánchez, que se ha equivocado en la elección de los dos secretarios de organización anteriores, no lo va a hacer también en esta oportunidad con Rebeca Torró Soler? ¿Acaso no sería lógico y normal colegir que no convendría descartar que, teniendo en cuenta los antecedentes, él puede marrar ahora, como eso ocurrió otrora? Yo no echo en saco roto la posibilidad de que vuelva a meter otra vez la pata hasta el mismo corvejón.
Quien suele tener el ego subido acostumbra a preguntar (y/o preguntarse) si le merece la pena seguir ostentando el poder, ya que debe aguantar un montón de censuras por cuanto hace o deja de hacer.
Nota bene
He de reconocer que la reflexión que antecede se la debo a un consejo indirecto de Feijoo; no me refiero al presidente del PP, sino al monje benedictino Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro, quien, en el arranque del párrafo 35 del discurso décimo tercero, que lleva el título de “Lo que sobra y falta en la física”, del tomo VII del su “Teatro Crítico Universal”, dejó escrito en letras de monde esto: “Así yo, ciudadano libre de la República Literaria, ni esclavo de Aristóteles, ni aliado de sus enemigos, escucharé siempre, con preferencia a toda autoridad privada, lo que me dictaren la experiencia y la razón”.
No descarto, a pesar de que lo absurdo suele acompañar a muchos de los episodios oníricos que me brinda mi inconsciente, cuanto cabe extraer de lo soñado esta noche, que Sánchez elige rodearse de personas con mancha, tacha o tara, para lograr salir airoso del comprometido brete, en el supuesto de que el fango o la mierda, indirectamente, le salpique.
Ángel Sáez García