El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿Cuántas porciones tiene la verdad?

¿CUÁNTAS PORCIONES TIENE LA VERDAD?

Poder mentir sin tener que confesarse (como suelen hacer el grueso de las/os creyentes practicantes) ni recibir por ello ningún castigo (la penitencia impuesta no lo es, stricto sensu; al contrario, granjearse o hacerse digno merecedor de un premio por haber hecho bien su trabajo, por haber conseguido que la ficción escrita resulte creíble, verosímil) es una prebenda de la que goza todo autor, ora sea o se sienta ella, él o no binario, que se ha  iniciado en el noble y bello arte de contar casos y cosas, historias, reales o fantásticas, y de colarle al atento y desocupado lector equis embelecos como si fueran un orfeón de fetenes.

Puede que, surfeando olas fingidas, consiga aquí que esos engaños traigan, en sus corceles de espuma eviterna, mientras gozan piafando entusiasmadas, una o varias verdades inconcusas.

La religión de la iglesia católica, apostólica y romana tiene dos milenios de historia. Tengo para mí que el sacramento de la penitencia, o sea, que el sacerdote perdone los pecados del fiel creyente que le confiesa las faltas cometidas, como si lo hiciera el propio Cristo, ha sido la herramienta o instrumento decisivo de su diuturnidad o longevidad. En algunas religiones o filosofías hindúes se denomina “karma” a la creencia según la cual los actos realizados en esta vida tienen influencia o consecuencias posteriores en las sucesivas o venideras existencias, ya que creen en la metempsicosis o la transmigración de las almas.

Como todo lector asiduo o avezado de las urdiduras o “urdiblandas” de Otramotro sabe, este menda porta, adherida a la pared abdominal, una bolsa de ileostomía, donde se recogen las heces que salen, paulatinamente, por la boca o estoma intestinal. Últimamente, no me ocurren los desastres pasados, pesados; pero el pretérito viernes, de madrugada, se produjo ese suceso inopinado. Para evitar que el reventón sea mayúsculo, colosal, debajo de la sábana bajera coloco dos empapadores que resguardan el “cubrecolchón” y evitan que este sea manchado.

Ramón de Campoamor y Campoosorio escribió en el poema LIX, titulado “Las dos linternas”, que forma parte de su obra “Doloras” (1846), composición que dedica a Guillermo (que acaso sea errata, y se refiera a Vítor de Gumersindo) Laverde Ruiz y Lamadrid, que fue doctor en Filosofía y Letras y licenciado en Derecho, catedrático de Literatura Española en la Universidad de Santiago de Compostela, estos versos octosílabos memorables y veraces: “Y es que en el mundo traidor / nada es verdad ni mentira: / todo es según el color / del cristal con que se mira”. En plata o a la pata la llana, que nuestra percepción de la realidad depende de nuestra perspectiva o punto de vista.

El jueves por la mañana, en un texto que no he publicado en mi blog, porque tiene que ver con el ámbito jurídico, privado, escribí estas palabras: “Reconozco que, cuando me dispongo a rematar este escrito y firmarlo, me queda una sensación agridulce en la boca, porque, si, de una parte, noto que debo contar mi perspectiva sobre ella, la verdad pura y dura, de otra, siento que estoy traicionando la confianza que depositó en mí (cierta persona, cuyo nombre real oculto); y que debo aceptar que el lector de estas líneas me moteje de deshonesto o llegue a tratar de cínico, porque he sido incapaz de decirle a (ella, la persona innominada) lo que pienso sobre ella y he dejado escrito, negro sobre blanco, aquí, porque sé que le iba a perjudicar más que beneficiar”.

Cabe preguntarse esto: ¿Se produjo la ley del karma, esto es, fue la consecuencia o el efecto que tuvo como causa las líneas que escribí la víspera?

Está claro, cristalino, que cada quien opinará según su prisma sobre el asunto en cuestión. No me atrevo a decir que la razón del caso de marras descanse o radique en una sola circunstancia. Para mí la verdad es la manzana que exhibió José Ortega y Gasset en una proverbial y memoriosa conferencia. Todos los asistentes a la misma vieron la pieza de fruta que sostenía el filósofo, pero ninguno la vio entera. La verdad es una tarta partida en tantas porciones como perspectivas existen o constan de la misma.

   Nota bene

El atento y desocupado lector que haya conseguido colocar las teselas en el lugar conveniente, el apropiado, habrá logrado completar, de manera satisfactoria, el mosaico.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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