El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

¿Existe el literato desalmado?

¿EXISTE EL LITERATO DESALMADO?

El pasado sábado 29 de noviembre de 2025, durante unos kilómetros (no sabría decir, a ciencia cierta, cuántos) del trayecto por carretera que hicimos en el coche que conducía mi hermano “Use”, entre Tudela y Cabretón, fuimos detrás de un camión especial, largo, larguísimo. Como mi cuñada María José me había cedido gentilmente el asiento de copiloto, pude escuchar (no estoy sordo, como una tapia) lo que “Use” comentó, algo en lo que yo, por cierto, ya me había fijado, que una rueda, la más interior de un grupo intermedio de tres, temblaba como un flan.

Velis nolis, en esa rueda vibrante vi ayer una metáfora o, mejor, una parábola, mientras pasaba a ordenador en una computadora de la biblioteca pública “Yanguas y Miranda “, de Tudela, las líneas que compusieron el texto que encabeza el rótulo “Contra la hipertensión hay un remedio”, mi crónica sobre la comida de “las/os Tapias”, y la felicidad transitoria que experimenté el día de marras, entre los 26 asistentes a la misma. Parecíamos la Unión Europea, los 27 miembros actuales que la componen, temblequeando ante el futuro, escasamente halagüeño, que nos aguarda, tras constatar la triple dependencia que todo versado en política global refiere, la de Trump (Estados Unidos), en seguridad; la de Xi Jinping (China), en el comercio de productos baratos; y la de Putin (Rusia), en combustibles (gas y petróleo).

Ese hecho concreto me ha llevado a rememorar el artículo que leí el domingo 30 de noviembre de 2025, en la página 21 de EL PAÍS, que firma su autora, Máriam Martínez-Bascuñán y lleva este título: “¿Para qué sirven las élites europeas?”. Barrunto, intuyo o sospecho que el atento y desocupado lector que ose leer dicho texto de cabo a rabo llegará a una conclusión parecida a la que arribó este menda: para salir del paso, que, si colige lo conveniente y correcto, será, en definitiva, para nada (o sea, para que mueran en una hipotética guerra entre Rusia y Europa los hijos de los vasallos, porque los vástagos de las élites europeas, usando el mucho dinero del que disponen para sobornar a quien/es sea/n, quedarán a salvo, aunque Alemania haya pensado en hacer un sorteo puro y duro entre los tales, para que la injusticia que resulte, al menos aparentemente, sea enjuagada, le sea lavada la cara, si no puede ser tapada).

Ahora bien, hay algo en el escrito de Máriam que me gustaría destacar. Martínez-Bascuñán escribe: “Hace unos días, el historiador Rutger Bregman, quien acababa de pronunciar una conferencia sobre la ‘cobardía paralizante’ de las élites para las Reith Lectures de la BBC, anunció que habían censurado una frase de su charla, precisamente una en la que describía a Trump como ‘el presidente más abiertamente corrupto de la historia de Estados Unidos’. La ironía se entiende sola. Bregman, europeísta convencido, defiende además que el rasgo definitorio de las élites europeas no es solo la decadencia, sino su irrelevancia”.

Bueno, pues, contando con la sola información que nos brinda Máriam, creo que el mencionado historiador neerlandés no estuvo, en el caso específico que nos ocupa, a la altura de las circunstancias. O a mí, en su lugar, se me convence con antelación de que hubo otros presidentes estadounidenses peores que Donald Trump, extremo que dudo, y lo hacen con datos fehacientes, o no me avengo al pasteleo, a aceptar dar esa conferencia con uno de mis pensamientos cercenados, censurados.

Prefiero dejar de impartir una charla (aunque me hubieran dado por ella todo el oro del mundo), a que me censuren, salvo que me suministren las razones irrefutables que me saquen de mi supuesto error, claro.

Si a un literato le quitas su don más preciado, la libertad, lo dejas desnudo y a la intemperie, además de desarmado, desalmado, sí, sin alma.

   Nota bene

Olvidábaseme de decir (confío, deseo y espero que nadie se moleste conmigo al haber optado por tributar aquí un párvulo homenaje a una de las muchas fórmulas estilísticas acuñadas por mi autor preferido, Cervantes) que merecen sendos chapós Andrea Rizzi, por su tribuna “La lucha de la Generación Z en Suráfrica, el país más desigual del mundo”, que apareció publicado en la página 16 de EL PAÍS del pasado domingo 30 de noviembre (ahora bien, no me quedó claro si Moala se llama Mathapelo, como se lee en el pie de foto, o Mathapalo, como se lee en el cuerpo del texto); y Fernando Vallespín, por su columna titulada “Relación de miserias políticas”, publicada en la página 25 de idénticos periódico y día.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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