El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

A la oportunidad extrae el zumo

A LA OPORTUNIDAD EXTRAE EL ZUMO

INVIERTE EN CULTIVAR TUS AMISTADES

Como nuestra vida (aunque alguna vez, después de constatar la buena suerte que hemos tenido tras haber padecido la mala, sensu stricto, ese refrán español que airea que no hay mal que por bien no venga, hemos visto cómo esta se estiraba un poco más, como si fuera un chicle), salvo accidente imprevisto o contratiempo adverso, es la que se toma como la esperanza vital de un conciudadano o congénere medio en España, unos ochenta años, primavera arriba o abajo, nuestro compromiso, determinación y obligación es intentar sacar el máximo partido o provecho a la misma, su quintaesencia o jugo, o sea, debemos seguir, la recomendación o el consejo que dio a sus coetáneos (si lo escucharon, y a cuantos lo leemos ahora) uno de los Siete Sabios de la Antigua Grecia, Pítaco de Mitilene: “aprovecha la oportunidad”, porque puede que no haya otra para hacer lo que sea, ya que el tiempo es oro y no conviene, de ningún modo, dilapidarlo.

Quien tiene, pues la identifica claramente, la sensación refractaria de que aún le quedan muchas cosas por coronar, muchos proyectos que rematar, muchos retos o sueños que metamorfosear en realidad, se ve en la tesitura de administrar con suma sensatez el tiempo que dispone, el que le resta por vivir y, por ende, de priorizar unas acciones sobre otras, es decir, hacer una escala de valores y establecer un orden de prelación entre ellos.

Quien es polifacético, pues ha conseguido descubrir, es decir, que le ayudaran a despertar otros o espabilar él mismo los dones adormecidos que acarreaba consigo, o desvelar, si no todos, el grueso de las caras del poliedro que se siente y ve, disfruta un montón llevando a cabo muchas cosas, relacionadas o no entre sí: escribir poesía, prosa ficticia o de no ficción, ensayo…, incluso en el mismo texto, integrando todos los géneros habidos y por haber.

Me consta que hay artistas (ora sean o se sientan ellas, ellos o no binarios) a los que les llega el día en el que se cansan de hacer lo que siempre hicieron. A mí no me ha llegado aún ese momento. Me sigo considerando un semidiós, mientras empuño y sostengo con los dedos pulgar, índice y corazón de mi diestra el BIC azul. La satisfacción que me produce firmar cada nueva pieza literaria que concluyo es tanta que favorece que me resulte muy difícil renunciar a ella, ya que compruebo que otras fuentes o pozos están secos para mí o me siento carente de otras vías de acceso a esa pizca o ápice de placer.

El conocimiento semeja la palma de una mano de un sujeto, que necesita la concurrencia de la palma de la mano de otro sujeto para hacerse fértil. Entre las dos palmas. La izquierda del uno y la derecha del otro, se forma una especie de cuenco en el que, de manera alternativa, pueden beber agua sabia los dos especímenes, quien enseña y quien aprende, como si fuera una esponja, sí, papeles que, con el lento o raudo paso del tiempo, pueden llegar a intercambiarse (aquel docente, maestro o profesor, que afirma no haber aprendido nada de sus alumnos demuestra ser, a partes iguales o no, diferentes, además de un cicatero, un soberbio); y es que el conocimiento que no se comparte no es fecundo, no da frutos, se queda en agua de borrajas o cerrajas, en nada. Es como un billete de mucho valor que no sirve para comprar ni pagar nada, porque nadie te lo acepta, porque no es de curso legal.

¿Qué zumo cabe extraerle a esta pieza? Que hay que gestionar bien el tiempo, y reservar, cada cierto tiempo, unas cuantas horas para compartirlas con los amigos, que es la mejor inversión que puede hacerse de valores en esta vida.

   Ángel Sáez García

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Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

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