SIGUE CARLOS CUÉ CON SUS CUEDADAS
CONSEJOS VENDE Y PARA SÍ NO TIENE
Sentado en mi humilde silla, agnóstica, escéptica y atea (no dispongo, —ni siquiera en el ámbito de mi prolífica imaginación—, como Jorge Guillén, de un beato —y, menos aún, santo— sillón), ayer, a las nueve y media de la mañana, me dispuse a leer el número 17.826 de EL PAÍS, correspondiente al domingo 24 de mayo de 2026, y, entre otras líneas con enjundiosa ironía, subrayé estas de la columna rotulada “Alaska ilimitada”, que llevaba la firma de su autor guasón, Íñigo Domínguez, en la página 8 del suplemento IDEAS, que aparecía en la mitad de su primer parágrafo: “Yo salgo muy espeso, con niebla mental, también con una sensación de que el mundo está bien hecho (menudo encabalgamiento hace Guillén en su décima proverbial) tal como está”, por dos razones de peso; primera, porque no suelo salir así, espeso, no, de una marisquería (por el simple motivo de que no acostumbro a entrar, ya que no me lo puedo permitir), sino tras haber leído la crónica (de dos páginas, la 24 y la 25) de Carlos E. Cué, titulada (no como avanza la portada, sino de una forma más escueta) “El ‘caso Zapatero’ revienta el final de legislatura”; y, segunda, porque, si el orbe está bien hecho, a mí no me lo parece, y discrepo abiertamente de ese criterio: el mundo siempre fue inmundo, aunque sea habitual que nos autoengañemos para poder seguir tirando por este valle de lágrimas (algunas, pocas, lo son de dicha, de felicidad momentánea, plena) que es vivir. Y esa realidad me molesta sobremanera, porque, aunque me esfuerzo en ser optimista, lo reconozco sin ambages, no lo consigo (y es que tiendo a ver que no hay mal que por bien no venga, para salvar mi circunstancia y, de resultas de ello, salvarme de la quema también yo).
En la página anterior, me refiero a la 7 de IDEAS, he leído “Doctor Jekyll y ‘mister’ Hyde”, de Joaquín Estefanía, que arranca su autor así: Casi todos los personajes que han pisado durante las últimas semanas las salas de los tribunales o las comisiones de investigación de las Cortes (Kitchen, Gürtel, Púnica, mascarillas, Plus Ultra…) poseen una especie de personalidad escindida, como la que refleja el doctor Jekyll y mister Hyde en la famosa novela de Stevenson, que separa el lado bueno y el lado malvado de los humanos”.
En la opinión de Estefanía parece abundar o coincidir Carlos E. Cué, que se fija en la parte desfavorable (según la perspectiva, el prisma o punto vista peculiar de Cué) de Miguel Ángel Rodríguez, “la mano derecha de la presidenta de la Comunidad de Madrid, la popular Isabel Díaz Ayuso, que presume de tener información privilegiada de los juzgados y la Fiscalía”. Y yo he escrito en el margen, ¡anda!, como Cué, y he agregado: consejos vende y para sí no tiene, el subtítulo que he elegido para el presente escrito. ¿Acaso no se da pisto, postín o pote Cué de tener información privilegiada cuando entrecomilla textos de supuestos confidentes suyos de los que sus lectores nunca llegamos a tener noticia, pues nos deja o quedamos a dos velas, in albis, al escamotearnos él esa exclusiva información?
Veamos varios casos de la que considero inconcusa, su pertinacia en lo que el Libro de Estilo de EL PAÍS reputa un error:
“(…) ‘No podemos pedirle que arriesgue su estrategia de defensa (…) Nos dicen que lo hará después, que cuando vaya al juez sí hará ronda de entrevistas, no se va a esconder’, señala un dirigente con información cercana”. Junto con Cué, ya son dos. Pueden formar dúo, pareja o tándem.
“’Es increíble que estemos así con la situación económica que tenemos (…) Ahora, ya veremos, vamos a esperar a ver en qué queda todo esto’, resume un miembro del Gobierno” (al parecer, experto en hacer epítomes, sinopsis).
“(…) ‘Estamos convencidos de que Sánchez va a aguantar hasta 2027. (…) Ni moción de censura ni nada. Es mucho mejor amplificar el desgaste y esperar’, resume un dirigente” (perito, como el precedente, aun siendo su credo o ideario de signo contrario, en hacer compendios, prontuarios).
Y hay más, por supuesto, pero con los tres ejemplos apuntados juzgo que es suficiente. Hay que reconocer que Carlos E. Cué está bien relacionado a ambos lados del espectro político (lo que conjeturo que es una entelequia de difícil encaje en nuestra sociedad, pero ¡¿cuántos otros asuntos insospechados e inimaginables no han devenido realidad?!) y sabe sacarle el máximo provecho a su don de gentes.
Ángel Sáez García