El blog de Otramotro

Ángel Sáez García

Mala cara le he visto hoy a Gervasio

MALA CARA LE HE VISTO HOY A GERVASIO

CABALGAN SIN CONTROL SUS TRIGLICÉRIDOS

Esta mañana, cuando volvía de realizar a pie mi diario recorrido estival, el paseo matutino que acostumbro a dar cuando estoy en Rosales, que me lleva desde mi choza hasta la ermita solitaria de san Quirico, he columbrado que le faltaban no más de cien metros para llegar al STOP, que todos hacemos, peatones seamos, meros viandantes, o cuando vamos al volante o acompañamos a quien culmina dicho manejo, al Dyane 6 gris de Gervasio. Cuando ha llegado a mi altura, como iba con la ventanilla bajada, tras saludarnos, no le he mentido, pues le he dicho cuanto he visto, que traía mala cara. Me ha replicado que no me faltaba razón, porque venía del centro de salud de Trinquete, y su médica de atención primaria le ha referido lo que habían arrojado los últimos análisis de sangre y orina que se había hecho la semana pasada; y, por ende, que tenía que cuidarse. Ciertamente, no tenía lo que él había sospechado, una infección, pero su hígado estaba al borde de un colapso hepático. Tenía los triglicéridos por las nubes: 870, cuando lo normal son seis veces menos, 150. Y, a renglón seguido, me ha preguntado:

—¿Te importa, Otramotro, si, cuando estés en Rosales, te acompaño las mañanas en tu recorrido habitual a pie? Mi doctora me ha recomendado que ande durante treinta o cuarenta minutos todos los días, hasta los festivos —ha añadido luego—.

Evidentemente, no he sido el huraño lobo estepario que otros residentes rosalados me han catalogado, encerrado en un compartimento estanco, sin poder salir de la cárcel adjudicada. Que sigan opinando de mí de esa guisa, mientras no me molesten con sus pejigueras. Me he comportado como convenía, he decidido sin aceptar imposiciones y era oportuno, de modo empático, humanitario, solidario, pues le he contestado esto:

—Me gustaría sobremanera que lo hicieras. Así podemos darle un buen rato a la sinhueso; a mí me encanta sobremanera hacerlo contigo, porque, cuando ha ocurrido entre nosotros esa coyuntura propicia, la conversación, nos hemos repartido los turnos de palabra equitativamente, y, sobre todo, no nos hemos pisado el remate de nuestros argumentos, que, suele acarrear muchas veces la enjundia del mismo, y a mí, por lo menos, es algo que detesto que me hagan y, por ese motivo, procuro evitar siempre coronarlo.

—¿A qué hora y dónde quedamos para iniciar la andada?

—A mitad de camino entre tu casa y la mía, en la puerta de la iglesia, a las ocho y cuarto.

—Bueno, pues mañana, a esa hora, la indicada, Cervantes, el hacedor, que no don Quijote, y Sancho Panza, saldrán del nuevo lugar de la innominada montaña a intentar arreglar el orbe que, lo mires por donde lo mires, con mejores o peores ojos, no tiene arreglo, pues inmundo continuará siendo el mundo.

—No te olvides de coger paraguas o un chubasquero o impermeable, porque ya sabes que san Quirico tiene bien ganada la fama de meón, aunque no se acuda a su ermita a impetrar que llueva.

—Así lo haré. Por cierto, ¿vas desayunado o en ayunas?

—Desayunado, por supuesto. Y te recomiendo encarecidamente que también lo hagas, para sortear que te dé un bajón de azúcar; al menos, hasta que se convierta el “andamiaje” en un hábito o rutina diaria.

—¿De qué hablaremos?

—De lo de siempre, de aquello que desconocemos; a ver si así nos brota en el caletre un pensamiento del que estemos orgullosos de ser su original comadrona. O sea, de lo divino y de lo humano; de la vida y de la muerte. El otro día, aunque te parezca mentira, adquirí en propiedad y pagué un nicho en el camposanto. Pero podemos darle a la mui de cualquier otro aspecto del pasado, presente o futuro, sea o no sea tan luctuoso o resulte aún más morboso.

—¿Te he dicho que tu humor me parece azul oscuro, casi negro, atrabiliario? Ha sido mencionarte la cifra, cota o listón alcanzado por mis triglicéridos y ya me he sentido que era por tus manos amortajado.

—Poco a poco, nos conoceremos y asumiremos cuanto vaticino por mi experiencia, que habíamos hecho un retrato inexacto del otro; tanto tú como yo, me temo.

—Puede ser. No me atrevo a descartarlo.

—Agur, Gervasio.

—Agur, Otramotro.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Ángel Sáez García

Ángel Sáez García (Tudela, 30 de marzo de 1962), comenzó a estudiar Medicina, pero terminó licenciándose en Filosofía y Letras (Filología Hispánica), por la Universidad de Zaragoza.

Lo más leído