QUÉ AGUDA Y QUÉ PROFUNDA ES LA MIRADA
DE QUIEN DICE LLAMARSE INMACULADA
Hoy, según se ha encargado de confesarme en su postrera (por el momento) comunicación el interesado, he recibido el tercer correo electrónico de quien el anterior lo firmó como el presente, Profesor jubilado y lector suyo, verso endecasílabo con el que titulé su segunda aportación gratuita a la causa del arte, la belleza o la literatura, de la que el abajo firmante es un simple peón, aunque sea el abanderado. Eso significa que, como no soy Sherlock Holmes ni Petra Delicado, el personaje ficticio femenino y detectivesco que se sacó de su magín la escritora albaceteña Alicia Giménez Bartlett, no sé si el primero lo he publicado o no, mas lo voy a seguir ignorando, pues no voy a asir por el mango la lupa que me regalaron “los Luises” en mi último cumpleaños, en el caso de que no lo haya publicado, a fin de ver si hallo con ella alguna pista que rastrear y lo logro identificar, por la sencilla razón de que la perdí en un viaje (como lo propio me ocurrió este estío con la gorra que extravié en el parque temático Puy du fou), y carezco de ella, y no he considerado prioritario adquirir otra que la supla. Esto es lo que me cuenta en él:
“Ángel, como intento ser tan original como, conjeturo y reputo, lo es usted, si en el anterior le hacía una exégesis de los cuatro primeros parágrafos del texto que usted tituló ‘Aunque repugne el medio, fue efectivo’, en el presente le daré mi explicación de los tres últimos del que rotuló así, ‘No es copia de Espurina Inmaculada’, que contiene un comentario de la presunta autora, a quien unos llaman Inma y otros Macu, sus hipocorísticos, en el que cabe encontrar, stricto sensu, la tesis que sostiene sobre usted, Ángel Sáez García, Otramotro.
“Tengo para mí que la teoría que defiende Inmaculada en el antepenúltimo resulta atinada desde el prisma del análisis literario, al advertir en usted un desdoblamiento (sin jardín de senderos que se bifurquen hasta el infinito) de su prolífica personalidad creativa y el controlado brote de máscaras que ha ideado para dialogar usted consigo mismo, siguiendo el ejemplo de su maestro Unamuno (que es la razón inconcusa de su hiperheterónimo, Otramotro; si descomponemos el primer apellido del magnífico rector salmantino, Una-m-uno, obtenemos fácilmente su Otra-m-otro). El fraccionamiento de su coro de voces transforma la narrativa que le es consustancial en un teatro de su mente fértil, generadora, donde cada seudónimo actúa como una faceta o personalidad de ese icosaedro que se considera y es usted.
“En el penúltimo, Inmaculada funge de brillante filóloga, pues lleva a cabo un consistente ejercicio de intertextualidad y erudición literaria. Conecta el juego de máscaras de Otramotro con dos cimas de la literatura española, ‘Niebla’, de Unamuno, y ‘Don Quijote’, de Cervantes.
“Al predecir Inma que una de sus caras o facetas acudirá a su casa a pedirle explicaciones, en el supuesto de que usted haya decidido su fecha de caducidad, o sea, que ha llegado la hora de su deceso, evoca el capítulo XXXI de ‘Niebla’, cuando Augusto Pérez viaja a Salamanca para pedirle cuentas a Unamuno, porque ha escuchado la especie de que planea acabar con su vida, advirtiéndole que él también es una persona en manos de Dios. Rememora, asimismo, a maese Pedro y su retablo de Melisendra, en los capítulos indicados de la Segunda parte de ‘Don Quijote’, comparándole a usted con el titerero o titiritero con parche verde de tafetán, tras el que se oculta, a su vez, Ginés de Pasamonte, ya que usted, Otramotro, menea los hilos de sus marionetas, controlando la ficción desde las sombras, tras el retablo. Inma parece conocer la metaficción (literatura que habla sobre la manera de hacer literatura) tanto como el coro de voces que dirige Otramotro. Inma no es la copia o el doble del mono adivino de maese Pérez, porque este solo es capaz de narrar el pasado y el presente, pero no de predecir el futuro.
“Ángel, usted acepta con elegancia la derrota, que el análisis de Inma acierta, cuadra, pero se guarda el derecho de réplica. Usted admite que todo lo aseverado por Inma encaja con la verdad, pero, de forma irónica, elogia su propia capacidad: Inma ha augurado lo que usted va a hacer, se ha limitado a desmontar el pasado y los secretos del proceso creativo. Pero Inma no es Espurina, que sí predijo a Julio César qué le iba a ocurrir durante los idus de marzo. Julio César le espetó al adivino al arribar al Senado que el quince de marzo había llegado y nada había ocurrido. Y Espurina le objetó que había llegado, pero no había pasado. Y lo vaticinado por él acaeció”.
Confieso que he considerado cabal que el papel de Espurina fuera reservado, única y exclusivamente, para este menda, pero acaso sea excesivo, es decir, no esté preparado servidor para ostentar dicha prebenda o privilegio, porque no sé qué voy a escribir hoy ni sé cuánta tinta verterá mi Bic mañana.
Ángel Sáez García