Artículo de opinión

Opinión: Venezuela, entre el modelo cubano y el árabe islámico

Opinión: Venezuela, entre el modelo cubano y el árabe islámico
Fidel Castro y Hugo Chávez PD

El proceso de decadencia en Venezuela se ha comparado con el de Cuba y aunque hay gran sinonimia formal, materialmente se alejan.

El más grande Dictador de América y uno de los cuatro más crueles del mundo Fidel Castro, no hizo elecciones ni nada que semejara mecanismos de participación, durante su primeros casi 20 años. Nuestra situación es más heredera del estilo árabe y por razones obvias, intrínsecas al esquema interno que se impone en el chavismo.

La oposición en comparsa con los intereses económicos que promueven este movimiento árabe venezolano, siempre han prestado mayor atención a la celebración de elecciones, tan rápidamente como sea posible. Fue el discurso por muchos años de AD y sus acompañantes. Ha sido un error, porque aunque las elecciones son parte del proceso democrático, jamás pueden sustituirlo.

Ariel Sharon, en abril de 2002, presentó un proyecto para un proceso político que culminaría con la creación de un Estado palestino democrático y pacífico junto a Israel. En aquella época nadie pensaba seriamente en la paz, porque, tras el peor mes de ataques terroristas en la historia de Israel, se había emprendido una operación militar a gran escala para extirpar la infraestructura terrorista de la Margen Occidental.

Suponían los estudiosos que la crisis era una oportunidad para acometer un tipo distinto de proceso político, uno que vinculase el proceso de paz con el desarrollo de una sociedad libre para los palestinos. Durante muchos años había argumentado que la paz y la seguridad sólo podían lograrse vinculando la legitimidad internacional, las concesiones territoriales y la asistencia financiera a un nuevo régimen palestino con la construcción de una sociedad libre.

Los más cautos no cayeron en el error de considerar que debían celebrarse elecciones de inmediato. A lo largo de la década precedente la sociedad palestina se había convertido en una de las más envenenadas y fanáticas de la Tierra. Día tras día, desde la televisión y la radio, una generación de palestinos había sido sometida a la incitación más virulenta por parte de sus propios líderes. El único “derecho” que parecía ser respetado dentro de las zonas palestinas era el que tiene todo el mundo a portar armas. Cualquier parecido con Venezuela y los llamados “colectivos”, “milicianos”, “FAES”, etcétera, es pura coincidencia.

En tales condiciones de miedo, intimidación y adoctrinamiento, celebrar elecciones con celeridad habría sido un acto de irresponsabilidad supina. De ahí que propusieran un plan según el cual los comicios no se convocarían hasta que no pasaran al menos tres años desde la implantación de una serie de reformas democráticas. Tiempo mínimo absoluto para que las reformas comenzasen a cambiar la atmósfera en que pudieran celebrarse unos comicios libres. Así entendía yo la transición de Guaidó establecida por la legitima AN. Desafortunadamente, el plan nunca ha sido asumido. Prorrogar esta AN es hacer lo mismo que los chavistas cuando aumentan el número de diputados violando la constitución. La nueva AN será un mercado Persa, con indudable mayoría chavista.

Recuerdo que con la elección de Hamas, hablaron del fruto de una política centrada en la forma de la democracia (elecciones) y no en su sustancia (construir y proteger una sociedad libre). En lugar de presionar para la celebración urgente de comicios, el mundo democrático debe emplear su considerable peso moral, político y económico en ayudar a construir una nueva sociedad venezolana. Trump a diferencia de Bush que forzó la liberación del demócrata egipcio Saad Eddin Ibrahim no lo ha hecho. No se ha protegido materialmente la disidencia. 

El modelo cubano ha sido para estos trasnochados y resentidos sociales, una inspiración. La conducción y ejecución se acerca más al modelo teocrático islámico.

Para Cuba ha sido una tabla de salvación. Para el mundo árabe contrario a nuestro estilo de vida y de fe, ha sido una vía de escape y una ayuda para enfrentar a su peor enemigo: Los Estados Unidos. La bestia como muchos de ellos lo llama.

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