UN CASO QUE REMUEVE LA MEMORIA CHILENA

El caso de Bernarda Vera: de desaparecida durante el régimen de Pinochet a reaparecida en Argentina

La historia de una militante que se creía ejecutada en 1973, ahora confirmada viva en Argentina, reabre el debate sobre la verdad, la reparación y los límites del relato oficial.

El caso de Bernarda Vera: de desaparecida durante el régimen de Pinochet a reaparecida en Argentina
Bernarda Vera, antes y ahora. PD

La revisión del inquietante caso de Bernarda Vera comienza con una escena digna de un reportaje de la época: una exmilitante del MIR, considerada desaparecida desde 1973 y registrada en informes oficiales como ejecutada política, reaparece cinco décadas después en una ciudad costera de Argentina. Así lo detalla BBC Mundo en su crónica sobre esta mujer, que fue inscrita como víctima de la dictadura y que, sorprendentemente, se sabe que está viva. Este giro inesperado no solo impacta a una familia, sino que también pone en entredicho la estructura institucional de la memoria en Chile.

Durante años, la narrativa oficial insistió en que Vera había sido arrestada el 10 de octubre de 1973 y posteriormente ejecutada en el puente Villarrica, sobre el río Toltén, junto a otros 15 prisioneros relacionados con el Complejo Maderero Panguipulli. Su nombre aparece en el Informe Rettig, en los registros del Museo de la Memoria, y figura en el listado de 1.162 personas detenidas desaparecidas durante la dictadura de Augusto Pinochet. Además, su familia recibió reparaciones del Estado, incluyendo una pensión por su condición de ejecutada política. Nada hacía presagiar que la historia tendría un desenlace tan drástico, más parecido a un thriller político que a una simple ficha administrativa.

El proceso de desmantelar una verdad oficial

El cambio significativo llega con el Plan Nacional de Búsqueda Verdad y Justicia, promovido por el Gobierno de Gabriel Boric en 2023, que revisa los casos de desaparecidos y detecta una discrepancia en el caso de Vera. La investigadora Pascale Bonnefoy, periodista y miembro del plan, comienza a seguir la pista de esta profesora y militante del MIR en la zona de Neltume. Los testimonios que recopila se contradicen con la historia oficial: compañeros de Vera sostienen que nunca fue detenida y que había logrado escapar con otros militantes hacia la montaña, guiados por el sueco Svante Grände, antes de cruzar a Argentina y, más tarde, a Suecia.

A partir de ahí, se conectan varias piezas:

  • Registros migratorios suecos que señalan la existencia de una mujer llamada Bernarda Vera con permiso de residencia en los años setenta.
  • Sugerencias en la cancillería chilena y entre organismos de derechos humanos de que la supuesta desaparecida podría estar viva fuera del país.
  • La decisión de cruzar estas pistas con bases de datos y testimonios relacionados con el MIR.

La investigación periodística adquiere un papel crucial. Un equipo de CHV Noticias viaja a Argentina y logra localizar en septiembre de 2025, en Miramar (provincia de Buenos Aires), a una mujer de 79 años llamada Bernarda Vera, cuyo historial biográfico coincide con el de la exmilitante chilena. Un hijo suyo, reconoció en privado que se trataba de la misma persona que en Chile se pensaba desaparecida. La historia, que al principio se publicó como un reportaje que desafía la versión oficial, acaba desencadenando una investigación judicial.

La confirmación se produce en julio, cuando el juez de derechos humanos Álvaro Meza ordena una prueba de ADN, comparando el perfil genético de la mujer en Argentina con las muestras del Banco Genético de Familiares de Detenidos y Ejecutados Políticos del Servicio Médico Legal. El resultado revela una coincidencia superior al 99,9999%, según el propio magistrado, y el Poder Judicial confirma que la mujer encontrada en Argentina es efectivamente Bernarda Rosalba Vera Contardo. La figura de la desaparecida ya no se sostiene. La ejecutada política tampoco.

Repercusiones políticas, judiciales y en las políticas de memoria

La revelación no se limita al ámbito familiar. El asunto explota en el Congreso chileno y da inicio a una disputa política sobre las reparaciones económicas y la confianza en los listados de víctimas. Desde el Partido Republicano se demanda la formación de una comisión investigadora y la devolución de las pensiones que la madre de Vera recibió durante años. Algunos líderes hablan de “falsa detenida desaparecida” y de reparaciones obtenidas de forma ilegítima. Otros sectores, sin embargo, abogan por la prudencia y señalan que la familia actuó siempre convencida de la desaparición, enfatizando que el error residió en el Estado, no en quienes buscaban justicia.

El Gobierno inicia una investigación sumaria para establecer posibles responsabilidades administrativas en la inscripción de Vera como ejecutada y en la mantención de dicha confusión durante tantas décadas. El ministro de Justicia y el responsable de Derechos Humanos defienden el Plan Nacional de Búsqueda, presentándolo, de manera irónica, como la herramienta que ha hecho posible corregir una falla histórica y perfeccionar los mecanismos de verdad institucional. Este caso alimenta las críticas a la solidez de los informes de la transición, a la vez que sirve de argumento para quienes sostienen que la memoria es un proceso vivo y que la revisión constante resulta inevitable.

En términos de políticas públicas, el impacto se extiende a varias áreas:

  1. Revisión de los listados oficiales de detenidos desaparecidos y ejecutados, en busca de posibles errores similares.
  2. Auditoría de las pensiones de reparación, sin criminalizar automáticamente a las familias beneficiarias.
  3. Perfeccionamiento de los protocolos de investigación histórica, incorporando herramientas como bases genéticas, registros migratorios y cooperación internacional.

A su vez, el caso plantea una incómoda pregunta: ¿cuántas historias de la dictadura siguen siendo incompletas o se basan en versiones parciales? El propio Plan Nacional de Búsqueda admite que el caso de Vera es uno de los pocos en los que se ha pasado de ejecutada política a sobreviviente localizada, aunque advierte que la cifra de desaparecidos y ejecutados —más de 3.200 personas, según los informes oficiales— continúa siendo el núcleo duro del horror.

Una vida en la sombra y las ambigüedades del exilio

La dimensión humana de la historia de Bernarda Vera plantea más interrogantes. Tenía 27 años cuando fue vista por última vez en Chile y dejó una hija de cinco, que creció convencida de que su madre había sido asesinada durante el régimen militar. Los nuevos datos sugieren que Vera habría escapado en los días posteriores al golpe, primero cruzando la cordillera, luego llegando a Argentina y después a Suecia, donde obtuvo la nacionalidad en 1984. En algún momento, décadas más tarde, regresó a Argentina, estableciendo una vida discreta lejos del país que la daba por muerta.

Existen muchas preguntas sin respuesta:

  • ¿Por qué nunca se comunicó con su familia en Chile, a pesar de saber que la consideraban desaparecida?
  • ¿Qué acuerdos o silencios se establecieron en los círculos de exilio y militancia que impidieron que su supervivencia fuera conocida y documentada?
  • ¿Cómo se relaciona su trayectoria personal con la narrativa colectiva sobre víctimas, exiliados y sobrevivientes?

La existencia de zonas grises entre desaparición, exilio y regreso vuelve a abrir el debate sobre categorías rígidas de la memoria. Vera fue, simultáneamente, objetivo de persecución militar, potencial ejecutada según los informes, refugiada política en Europa y, al final, una mujer anciana viviendo de manera anónima en la costa argentina. Este recorrido no invalida el carácter criminal del régimen de Pinochet, pero sí obliga a matizar relatos simplificados y a aceptar la complejidad inherente a los itinerarios individuales.

La historia deja a Chile ante el espejo de sus mecanismos de verdad y reparación, al tiempo que recuerda que, detrás de cada ficha y de cada informe, hay vidas que no encajan en moldes sencillos. Y que, a veces, la memoria se narra a destiempo, con décadas de retraso y giros inesperados que nadie previó.

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