LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

La parálisis de Sánchez ante una revuelta alentada por Torra en la que solo falta Otegi para poner la guinda del oprobio

La Razón: "El presidente del Gobierno no puede eludir su responsabilidad, mucho menos, cubrirla con reuniones electoralistas, que se pretenden de Estado"

La parálisis de Sánchez ante una revuelta alentada por Torra en la que solo falta Otegi para poner la guinda del oprobio

Pedro Sánchez no se entera (o no se quiere enterar). Cataluña y, más en concreto Barcelona, vivió la noche del 16 de octubre de 2019 la tercera jornada de altercados callejeros, impulsados por ese movimiento llamado Tsunami ‘Democrátic’ (con el beneplácito de Quim Torra) y del que aún anda el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, averiguando quién o quiénese están tras él.

Este 17 de octubre de 2019 las tribunas y editoriales de la prensa de papel le dan con toda la mano abierta a un presidente del Gobierno por su inacción y dormir el balón con reuniones en las que, salvo Pablo Iglesias, le han dicho que aplique la ley con toda la contundencia que sea menester.

Así, el editorial de ABC le exige a Sánchez que salga de la parálisis en la que se halla inmerso:

Romper con Torra es una necesidad de Estado para ser creíble porque de lo contrario la imagen de ambos en Pedralbes seguirá repitiéndose en el imaginario colectivo como una muestra de hipocresía política. Sánchez debe salir de su parálisis y del cinismo con el que ayer, en su intervención nocturna (con veinticuatro horas de retraso), no reprochó a Torra que horas antes se uniese a los sabotajes cortando una autovía, porque eso, apropiarse de la vía pública e impedir la libre circulación de los ciudadanos, también es violencia y coacción. Como lo fue la toma de las calles de Barcelona, una noche más, por una legión de vándalos incendiarios con la estelada por bandera.

Álvaro Martínez considera que en nada veremos a Otegi junto al presidente catalán encabezando las algaradas, algo que el terrorista vasco maneja a la perfección:

Quizá en breve veamos a Arnaldo Otegi en una de esas movilizaciones tan pacíficas que terminan con centenares de heridos, lanzamiento masivo de piedras y lo que se tenga a mano contra los Mossos y la Policía, con las calles sembradas de barricadas de fuego y ya de paso, quema de comercios y apaleamiento de los ciudadanos que, en una eterna espera a los bomberos que no llegan, tratan de apagar el fuego que los amenaza. Con Otegi hablamos de una auténtica autoridad en materia de violencia, probada en varias sentencias judiciales que le han llevado a la cárcel por secuestrar o intentar reconstruir una ETA moribunda que, para entonces, había asesinado a casi 900 personas. Un tipo que en una algarada sabe de lo que habla. Encaja como un guante en el movimiento.

Luis Ventoso le pide al presidente del Ejecutivo en funciones que se deje de cálculos electorales e intervenga ya en Cataluña:

Señor presidente del Gobierno de España: ¿Qué más pruebas necesita? Si el mandatario de Cataluña, responsable último de la Policía autonómica, encabeza manifestaciones violentas, resulta evidente que no puede continuar ahí. Señor Sánchez, olvide su calculadora electoral por un instante y ejerza su cargo con la dignidad debida. Aparte a Torra y tome de inmediato las medidas necesarias para reponer el orden público y la legalidad en Cataluña. Las libertades personales y la democracia no existen si se toleran espacios donde la ley queda en suspenso.

Isabel San Sebastián no duda de que Cataluña, con los dirigentes que tiene ahora mismo, se asemeja cada vez más a una institución psiquiátrica:

Cataluña se asemeja cada día más a la película ‘Asylum: el experimento‘, ambientada en una institución psiquiátrica donde los locos han tomado el control, mantienen encerrados a los auténticos profesionales y gestionan el establecimiento a golpe de terror, bajo la dirección del doctor Lamb (magistralmente interpretado por Ben Kingsley), que aparenta ser un eminente psiquiatra cuando en realidad padece una demencia peligrosa. El parecido entre Joaquín Torra y Lamb/Kingsley es tan extraordinario que merecería un guión adaptado a la Generalitat. El mal que aflige a la mitad de la sociedad catalana no es una locura al uso, sino una mezcla perversa de supremacismo, odio, empecinamiento y ceguera política, cuyos efectos resultan tan devastadores como la peor de las patologías descritas en los tratados de medicina.

Ignacio Camacho plantea que debe ser esa sociedad catalana, esa burguesía imperante, la que ha de reflexionar hacia dónde se está llevando a Cataluña:

Esa Barcelona en llamas no interpela sólo al Gobierno de la nación, ni a una Generalitat cuyo trastornado presidente es al mismo tiempo el jefe de los incendiarios y de los guardias. La bárbara kale borroka que ha convertido la ciudad en un campo de batalla plantea, o debería plantear, un problema de conciencia a la propia sociedad catalana, y sobre todo a esa burguesía nacionalista que gusta de presumir de moderada y de pragmática. Porque una parte de ella sigue pensando que en el fondo la culpa de esta combustión destructiva la tiene España.

La Razón subraya que el presidente del Gobierno en funciones está haciendo una clarísima dejación de responsabilidades:

Nada más correcto, dentro de la lógica política, que el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, se reuniera ayer con los líderes de los partidos mayoritarios, pero, tal y como se plantearon los encuentros desde Moncloa, no deja de ser una imagen para la galería, electoral, en este caso, que nada aporta a la resolución de la grave crisis de orden público en Cataluña. Y esto es así, porque parece ocioso reclamar un apoyo de Estado a los rivales políticos cuando, en realidad, por parte del Gobierno no se ha puesto sobre la mesa estrategia operativa o ejecutiva alguna, más allá de enviar unidades policiales de refuerzo al Principado. El presidente del Gobierno no puede eludir su responsabilidad, mucho menos, cubrirla con reuniones electoralistas, que se pretenden de Estado. El presidente del Gobierno no puede eludir su responsabilidad, mucho menos, cubrirla con reuniones electoralistas, que se pretenden de Estado.

Pedro Narváez considera que en Cataluña, con perdón, «hay mucha mierda» que limpiar y no se podrá hacer nada mientras Sánchez siga poniéndose de perfil:

Sánchez aún medita con una almohada «butterfly» la Ley de Seguridad Nacional. Mucho respaldo dialéctico a la Guardia Civil, la Policía y los Mossos, pero poco cocido madrileño cuando el menú no es precisamente vegano. Cataluña es la comunidad autónoma más preocupada por los derechos de los animales. Debe ser que las personas, sin embargo, ya hemos pasado a la categoría de cosa, que es la manera posmoderna del odio. A una cosa se le puede insultar sin padecer remordimientos. Una imagen de las tantas que se señorean por todos los medios provocó un escalofrío caliente: una señora a punto de dar a luz suplicaba que la dejaran pasar delante de Torra sin que pareciera importarle. Siguió su camino para parir nada. Periodistas con cascos contaban lo que veían como si a sus espaldas ardiera el Líbano. El presidente de España amaga pero no pega el golpe en la mesa definitivo que nos ampare. El miedo se apodera de los balcones cerrados Mucha mierda.

En El País, un tal Rafael Mateu de Ros, socio fundador de Ramón y Cajal Abogados, cree que hay que apostar por la moderación con el conflicto catalán…¡¡¡y dos huevos duros habría que añadir!!!

No parece que la solución consista en endurecer el Código Penal. Si hubiera que hacer reformas, idealmente en el marco pacífico del federalismo, deberían dirigirse a configurar una normativa sancionadora de Derecho público constitucional y no de Derecho criminal. Las reacciones radicales de algunos partidos políticos no pueden enmascarar la naturaleza política de un grave conflicto que nuestro Estado viene arrastrando —o cerrando en falso— desde hace muchos años y que en el escenario que se abre tras la sentencia, sin perjuicio de los recursos que las partes puedan formular, requiere más que nunca de un esfuerzo de legalidad, diálogo y lealtad constitucional.

El editorial de El Mundo insiste en que el cálculo electoral debe salir de la ecuación de las decisiones de Pedro Sánchez:

Se nos ocurre una sola respuesta a las dudas que exhibe Sánchez: teme el coste político de restablecer el orden público en Cataluña. Pero es presidente antes que candidato. Quizá pierda el apoyo de independentistas y populistas, los mismos que lo auparon al poder en la moción de censura y con los que gobierna en Navarra, Baleares y la Comunidad Valenciana. En Cataluña, la decisión de ayer de Quim Torra de ponerse al frente de las marchas de los CDR tuvo la virtud de visualizar que los mismos que alientan las protestas violentas son los socios del PSC en la Diputación de Barcelona y en 43 ayuntamientos. Casado y Rivera llevan meses pidiéndole a Sánchez que rompa con tan tóxicas compañías y regrese al constitucionalismo. Pero un constitucionalista no puede dudar de cuál es la vía correcta. Sánchez debe dejar ya de especular con el 10-N, porque ese exceso de cálculo es la causa de su descenso en los sondeos. Debe ofrecer seguridad y estar a la altura de las circunstancias.

Arcadi Espada cuenta con mucha ironía que en Cataluña ya no hay violencia, sino fuegos fatuos:

Desde el 1 de octubre de 2017 la violencia independentista se acabó en Cataluña. Nadie volvió ni ha vuelto a salir a la calle. Salir a la calle tiene su coste: lo expresaron con claridad unos cuantos policías, haciendo uso de una diezmillonésima parte de la fuerza del Estado. Inercialmente, los acontecimientos siguieron su triste curso e incluso se proclamó la independencia –celebrada en la calle por pocos centenares de patriotas irredentos–, porque a Puigdemont le resultó más fácil dejarse ir que asumir la dura ascesis de la derrota. Pero la violencia de la masa, partera de la historia, hizo su mutis definitivo. Lo que ahora y durante unas pocas noches habrá en este lugar donde escribo son solo fuegos fatuos. Llamitas que en los pantanos y cementerios se elevan de las sustancias en putrefacción.

 

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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