El alcalde de Navas del Rey recibió una llamada del Rey durante las horas más críticas del incendio. «Nos daba ánimos, nos decía que estaban todos trabajando en ello. Era un fuego muy fuerte, que tenía muchísima potencia», relata mientras recorre las ruinas de su pueblo.
La desolación es absoluta.
Bertrand Ndongo acompañaba a la máxima autoridad del municipio:
«Yo no soy de aquí y a pesar de ello me está dando ganas de llorar porque es una auténtica locura lo que estamos viendo. Esto es irrecuperable, esto para recuperar… años. Años que no lo vamos a ver ninguno».
En los momentos de grabación del reportaje, aún con los vecinos sin poder entrar en el pueblo, la labor principal del primer edil consiste en repasar las calles y casas para detectar posibles conatos.
«Vamos viendo columnas de humo, vamos viendo que esté todo bien», explica mientras inspecciona una finca totalmente arrasada. Ya han detectado rescoldos de un pino que se consume lentamente, pero sin suponer peligro porque todo el entorno está carbonizado.
Viviendas reducidas a cenizas
El recorrido muestra una sucesión de casas calcinadas. «Al final son muchas cosas que son pequeñas casitas humildes, pero es su casa. Es lo que tienen. No tiene otra. Esto o un alquiler de 1.500 euros en Madrid», lamenta el alcalde.
Lo que queda de las viviendas es devastador. «Achicharrado. Achicharrado», repite al contemplar los escombros humeantes. La esperanza ahora está puesta en que «los seguros, esperemos que el Estado, pues se apiade de toda esta gente».
El avance del fuego desde Pelayos de la Presa
El incendio vino de Pelayos de la Presa, San Martín y Pelayos, saltó el río Alberche y fue carbonizando todo a su alcance. «Si está achicharrado, dígame usted por dónde va de nuevo a entrar el fuego y poner en riesgo la población. ¿Por dónde?», se pregunta retóricamente el alcalde, cuestionando la decisión de mantener evacuado el pueblo.
La lucha solitaria de un vecino
Un vecino que lleva 19 años en el pueblo relata cómo combatió solo las llamas para salvar viviendas. «Estuve yo personalmente solo. Estaba viendo cómo iba la evolución y ya vi cómo había saltado», cuenta mientras señala la manguera con la que refrescó la zona.
Explica el proceso de propagación: «Aquí empieza a prenderse, se prende esto, ya coge las tablas, coge el forjado y la deja achicharrada. Y te llega a salir y no te queda nada». Su actuación permitió salvar algunas construcciones, pero otras no tuvieron la misma suerte: «Salta esta, salta el pino, salta la otra, salta la otra, salta la otra. Y adiós».
Un paraíso natural carbonizado
La zona del río Alberche, donde la gente venía a bañarse, es ahora un paisaje lunar. «Esto es un paraíso. Fíjate, estas personas, estos vecinos que salen ahí y ven un paraíso y ahora achicharrado», señala con tristeza.
Las fincas con alto valor medioambiental, dedicadas a la caza y actividades recreativas, están arruinadas. «¿Cuántos animales hay muertos por aquí? Pues no te puedes imaginar», comenta.
Los enormes pinos históricos están totalmente calcinados y no sobrevivirán. «Estamos en una zona que hasta hace dos días era una preciosidad. Y lo que estamos viendo es todo quemado. Todo absolutamente quemado».
Una recuperación que llevará décadas
«Es triste. No simplemente locura, sino triste. Da ganas de llorar lo que se ha perdido aquí», concluye el alcalde. La pregunta que se repite es cuánto tiempo hará falta para recuperar esa belleza natural que caracterizaba la zona.
En algunas áreas el fuego pasó de largo y se podrán salvar algunas matas, pero en otras la destrucción es total e irreversible en el corto y medio plazo.