OPINIÓN / Afilando columnas

Pedrojota cede a Zapatero una página para que presente su peculiar respuesta al independentismo: «generosidad, superar prejuicios y asumir algún riesgo»

Duran i Lleida: "La declaración unilateral de independencia es respetable y viable, pero dejaría a Cataluña aislada durante años"

Si hubiera que resumir los espacios de opinión de la prensa de papel española del 23 de septiembre de 2013, podría hacerse como ‘día de políticos’. No nos referimos a que estos últimos sean los protagonistas de la mayor parte de las columnas, algo que resulta habitual, sino a que encontramos a varios firmando artículos. Y, como suele ser normal en ellos, son textos largos que en más de un caso merecen el apelativo de ‘ladrillo’. Según nos acerquemos a un rotativo o a otro, podemos leer lo que tienen que decir sobre el desafío independentista catarán el democristiano más conocido en el lujoso hotel Palace de Madrid, el ex presidente del Gobierno metido a supervisor de nubes y la la mujer que tras salir indemne de un accidente de helicóptero comenta «pa’ habernos matao».

Arrancamos con el periódico del conde de Godó y Grande de España metido a independentista catalán, donde Josep Antoni Duran i Lleida firma ¡Ahora, consulta! ¿Después…? Su artículo en La Vanguardia es una defensa del referéndum independentista, pero rechazando la secesión:

Sin duda en Catalunya vivimos una de las etapas más interesantes y trascendentes de nuestra historia. Como nación que somos, no sólo hemos adquirido mayoritariamente plena conciencia de nuestro derecho a decidir, sino que ahora, además, existe un verdadero clamor para ejercerlo. En Unió Democràtica hemos defendido siempre este derecho desde nuestro primer día de existencia el año 1931.

Añade:

Una consulta que, a nuestro parecer, se tiene que hacer de manera legal y con plena libertad para debatir todo lo que haga falta, y no sólo con amplias mayorías políticas sino también de la sociedad civil. He aquí que una persona tan representativa de Unió, como el expresidente del Parlament, Joan Rigol, está haciendo un trabajo extraordinario para alcanzar este objetivo, amparado completamente por Unió y dirigido por una persona que yo mismo propuse al presidente de la Generalitat.

Sostiene que apoyar el referéndum no significa estar a favor de la independencia:

Defender el derecho a votar en la consulta que deseamos y ejercer el voto en una determinada dirección son dos cosas diferentes, a pesar de ser obvio que, para facilitar la segunda, ahora hay que priorizar la primera.

Continúa:

Y cuando se tenga que decidir, Unió ayudará a que, llegado el momento, un sector amplio de la sociedad que no quiere rendirse ni desaparecer como nación tenga otras opciones que no sean la secesión o la asimilación y sumisión. Lo hará, como ya lo venimos haciendo desde nuestro primer día de existencia. Históricamente, Unió ha defendido siempre un entendimiento con el resto de pueblos de España, en el que esté plenamente reconocida y garantizada la soberanía de Catalunya. Lo hemos formulado muy claramente cuando reclamamos una España plurinacional, pluricultural y plurilingüística con un modelo confederal.

Concluye:

Admito las dificultades intrínsecas del diálogo cuando uno no quiere dialogar. Pero me tendrán que admitir que las dificultades son tanto o más relevantes en una independencia no pactada. La declaración unilateral de independencia, de la cual hablaba el sábado otro significativo articulista de este diario, Juan José López Burniol, es respetable y más viable que la pactada. Pero durante años y años dejaría Catalunya aislada en un mundo cada vez más interdependiente, donde sólo las grandes unidades regionales tienen posibilidad de supervivencia. Dicho esto, no quiere decir que los sentimientos a los cuales hacía referencia antes ignoren, e incluso desprecien, mi observación. Pero llegará el día que se entenderán independientemente que el tiempo político nos arrastre a los que matizamos más allá de los legítimos y comprensibles sentimientos.

¡Pero, de eso, ya hablaremos! Ahora lo que toca, el objetivo común, es sumar esfuerzos para que Catalunya ejerza su derecho a decidir. Y aquí los de Unió Democràtica no han fallado y tampoco fallarán.

Pasamos ahora a Madrid. El Mundo cede una de sus páginas a José Luis Rodríguez Zapatero para que publique El pacto sobre el modelo territorial, un ‘ladrillo’ que puede resumirse en: ‘la solución al problema es aceptar la propuesta federalista del PSOE, aunque no voy a aclarar en qué consiste’.

Tras asegurar que «a la luz de la Constitución de 1978, ni de los tratados Europeos» el Gobierno catalán no puede celebrar «una consulta», dice:

Es necesario un pacto, un nuevo pacto. Y lo cierto es que hasta este momento sólo hay una propuesta para abordarlo, la que ha formulado el PSOE en su documento titulado Un Nuevo Pacto Territorial: La España de Todos, hecho público el pasado mes de julio.

Esta propuesta supone al tiempo una reafirmación y una toma de iniciativa. La reafirmación es la del Estado Autonómico y sus mejores principios fundacionales. La de España como compromiso colectivo en torno a un proyecto común respetuoso de las identidades diferenciadas. La de España gobernada bajo los principios de la solidaridad, la cooperación y la eficacia, al servicio de la igualdad básica de los ciudadanos inherente a un Estado democrático.

Y, junto a esa reafirmación, la toma de iniciativa para llevar a cabo una reforma de la Constitución que colme los vacíos y dé respuesta a los interrogantes que el título VIII de la Constitución dejó planteados y que en la aplicación del mismo no hemos acertado a resolver.

Estimado lector, ¿le aclara a usted algo lo anterior? ¿Sabe ya en qué propuestas concretas se traduce la idea del PSOE? Este humilde lector de columnas tampoco, y el supervisor de nubes tampoco parece poder aclararlo:

Los temas a abordar en una posible reforma de la Constitución están bien identificados: el cabal reconocimiento de los hechos diferenciales y de las singularidades políticas y lingüísticas como genuina expresión de la diversidad, la incorporación del mapa autonómico de España, la fijación de una distribución de competencias que delimite mejor las responsabilidades respectivas del Estado y de las comunidades autónomas, la atribución al Senado de un nuevo rol institucional, la decantación del sistema de financiación autonómica (hasta ahora permanentemente sometido a revisión y que necesita estabilidad), el establecimiento de bases más sólidas e institucionalizadas de cooperación y participación, particularmente en relación con las tareas vinculadas a la Unión Europea.

Que, así mismo, se proponga buscar las soluciones a algunas de esas cuestiones en las experiencias contrastadas del modelo federal me parece que tiene hoy pleno sentido.

Lo cierto es que, aunque Zapatero da una lista de cosas que habría que cambiar, tampoco aclara en qué sentido, por lo que seguimos en el terreno de las generalidades.

Concluye:

Ya sabemos que los intentos que ha habido hasta ahora de abordar una reforma del título VIII de la Constitución no han fructificado. Pero lo propio de la democracia es volver a intentarlo, es asumir que las instituciones son mejorables, es reconocer que nuestro proyecto común necesita nuevas energías.

Sé por experiencia que la tarea es difícil. Que exigirá generosidad, superar prejuicios y también asumir algún riesgo. Pero es un camino que deberíamos ser capaces de recorrer. Porque quizá, además, no tengamos otro.

A este humilde lector de columnas le queda una duda. Este artículo, en el que se se echa en falta una defensa clara de la unidad de España (con independencia de que se opte por un estado unitario, uno federal o el federalismo vergonzante del Estado autonómico) por parte de un ex jefe del Gobierno, ¿está escrito por Zapatero o algún colaborador suyo o directamente se lo han pasado desde Ferraz? En cualquier caso, nos parece que su calidad y profundidad oscila entre el cero y la nada.

Seguimos en el diario de Unidad Editorial. Salvador Sostres se refiera a Albert Rivera como Uno más.

Albert Rivera ha llamado a PP y PSOE a crear una mayoría en Cataluña distinta a la del nacionalismo. El problema de España no es que CiU y ERC sean partidos nacionalistas o independentistas, sino que populares y socialistas hayan asumido sus tesis.

Critica que el PP se haya creído «de verdad que es un partido fascista y por ello no comparece en el debate catalán» y que «lo del PSOE es una mezcla de incomodidad y de su viejo cinismo oportunista».

Añade:

Albert Rivera, que tiene más porte que peso político, un poco como su partido, que no tiene ningún proyecto serio para Cataluña que vaya más allá de la unidad de España, sabe que PP y PSOE no acudirán a su reclamo y aspira a convertirse, por detrás de ERC y CiU, en el tercer partido de Cataluña.

Continúa:

Esto va a acabar, como siempre, con una negociación entre el Estado y la Generalitat que dejará insatisfechos a todos, pero con la que vamos a ganar -o a perder, según se mire- algunos años más. Ni España tiene agallas para imponerse ni Cataluña para independizarse, de modo que lo más cómodo y rentable es prolongar esta tensión nacional no resuelta que tan eficaz resulta como cortina de humo y que tan cuantioso rédito electoral da a cada bando.

Vuelve a la crítica del líder de Ciudadanos:

Albert Rivera es igual de socialdemócrata que Artur Mas y, si algún día llegara a presidente, lo notaríamos porque algunos de los culebrones de TV3 serían en español, pero la miseria que conllevan las políticas izquierdosas está por igual en Convergència que en el pobrísimo ideario de Ciutadans. Se puede votar a Rivera por capricho identitario, pero no porque entienda lo que necesita un empresario.

Mientras el individuo continúe atado de pies y manos por una fiscalidad brutal, prevalezcan los convenios colectivos y no se deje trabajar en paz a los que crean riqueza y hacen que funcione todo lo demás, ni Cataluña ni España serán otra cosa que una decadente disputa tribal.

Saltamos ahora a ABC, donde nos encontramos a la tercera política de la jornada. Es verdad, eso sí, que en este caso se trata de alguien que publica de forma semanal en dicho diario. Esperanza Aguirre trata, como los otros, el asunto del independentismo catalán y titula su artículo La trampa del «derecho a decidir»:

Sin embargo, esa propuesta [el referéndum presentado como ‘derecho a decidir’] encierra una profunda trampa. Y la trampa reside en que no puede haber «derecho a decidir» sobre aquello que la Ley prohíbe. Para empezar hay que decir claramente que lo que proponen los nacionalistas y algunos que, como los socialistas, no se sabe lo que son, con ese «derecho a decidir» es, simple y llanamente, el derecho a la secesión.

Y ese derecho no existe en el ordenamiento jurídico y constitucional español, como no existe en ningún país occidental y como no existiría en una hipotética república independiente de Cataluña. Ningún país puede admitir el derecho a la secesión de una parte de sus ciudadanos y de su territorio.

¿O es que alguien puede creer que en esa república catalana con la que algunos sueñan van a dejar que un pueblo de Tarragona o un barrio de Barcelona puedan decidir separarse de Cataluña?

No, no puede haber derecho a decidir sobre aquellas cuestiones que la Ley prohíbe. Y, desde luego, en España la Ley prohíbe la secesión.

Concluye:

Lo que no está prohibido por la Ley es cambiar la propia Ley. Más aún, la Constitución Española contempla los mecanismos para cambiarla. Lo honesto y lo limpio de los nacionalistas sería que explicasen qué quieren cambiar de la Constitución y que explicasen claramente a dónde quieren llegar y qué tipo de república catalana quieren implantar. Lo demás, empezando por la aparentemente inocua reivindicación del «derecho a decidir», como la del derecho de autodeterminación, son trampas para manipular la conciencia y la buena voluntad de los ciudadanos y para ocultar que lo que se quiere es, simple y llanamente, la secesión, que está prohibida por la Ley.

Y los que creemos en la democracia y en el valor de la Ley no podemos dejar de explicar esto para que quede claro y para apoyar a tantos ciudadanos catalanes que están silenciosos porque, quizá, los políticos hemos estado demasiado silenciosos sobre este asunto.

Dejamos de lado a los políticos que firman artículos en periódicos para volver a lo habitual, periodistas que escriben sobre políticos. En el diario madrileño de Vocento, Ignacio Camacho firma Españolazos. Comienza en tono jocoso:

La semana pasada me descubrí un problema conmigo mismo: estaba cien por cien de acuerdo con el exministro Corcuera sobre la reacción de la izquierda ante el desafío secesionista.

Mal deben de circular las ideas en España cuando un tipo tan distante de la eminencia política está en condiciones de dictar ante su partido y la opinión pública una lección tan contundente, firme y nítida de principios constitucionales.

Añade:

Por eso resultó confortante comprobar en el ABC del domingo que la tradición igualitaria y la defensa de la nación no han desaparecido de la conciencia del Partido Socialista, o al menos permanecen en una honorable parte de su retaguardia ilustrada. Que al menos los Leguina, Vázquez, Bono, Belloch o Page -hay muchos otros- no están dispuestos a arriar la bandera del patriotismo constitucional frente a la liviana condescendencia posmoderna con el «derecho a decidir» y demás fantasmagorías del soberanismo.

Concluye, dicendo sobre el PSOE:

Al final, y por no perderle la cara a la pujante wiki-izquierda seducida por la épica de la emancipación identitaria, se la van a volver a esa inmensa porción de ciudadanos que no parecen dispuestos, sea cual sea su ideología, a permitir que España se convierta en un mecano fraccionable. Las voces que resaltan la prevalencia de la unidad como factor de progreso tal vez reciban el reproche de «españolazos» y «carrozas». Pero resultan imprescindibles para evitar el retorno al disgregador relativismo zapaterista que consideraba discutible hasta la idea misma de la nación que gobernaba.

Concluímos en el periódico de la ‘disciPPlina’. Alfonso Merlos firma en La Razón El «rajao» –el columnista y presentador de 13 Tv vuelve a optar por títulos que parecen propios de películas de Andrés Pajaras y Fernando Esteso–, dedicado a Oriol Junqueras.

Lo del señor Junqueras es, directamente, de psiquiatra. Ahora resulta que España deja de ser el enemigo, que la lengua que hablan 47 millones de compatriotas no debe ser perseguida, que uno puede desde Granollers o Mataró o Santa Coloma cantar los goles de «la Roja».

¿Se han vuelto tarambanas en ERC o pretenden volver loco al personal, o tomarlo por idiota? Y sobre todo, ¿qué hacemos ahora con el referéndum?

Concluye:

Las cosas están claras. Los ayatolás del separatismo más chillón están ya percibiendo cuál sería realmente el precio de la independencia: la ruina, la marginación y la irrupción en el escenario internacional de un engendro político-jurídicoadministrativo que tendría la consideración de un paria, o peor, de un gamberro. Le entendemos, señor Junqueras, el futuro no es todo lo prometedor que parecía.

Tiene razón Merlos en que la última propuesta de Junqueras es una tomadura de pelo. Si se quiere la independencia, esta ha de ser con todas las consecuencias. Está bien que a los ciudadanos afectados se les de a elegir que nacionalidad prefieren, pero no resulta de rigor que se pretenda que puedan tener ambas. Y, menos aún, que se imponga de forma unilateral desde una supuesta Cataluña independiente y que España tuviera que aceptarlo sin tener nada que decir.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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