El nuevo Sumo Pontífice,
León Catorce se llama,
ya está reinando en la Iglesia
después de, como Dios manda,
fuera elegido en el Cónclave
por la mayoría holgada
que se exige en estos casos,
una costumbre muy sana
para que los Cardenales
que son todos gente sabia,
piensen muy bien lo que hacen,
y el nombramiento recaiga
en aquel mejor dotado
para hacerse con la tiara.
No tuvieron que esperar
mucho a la fumata blanca,
brotó de la chimenea
tras votación, que hizo cuarta.
Eran miles las personas
presentes en la gran Plaza
y, no digamos, millones
viéndolo desde sus casas.
Cuando se asomó al balcón
el recién nombrado Papa
sonriente, algo nervioso,
se le notaba en la cara,
la multitud estalló
en un aplauso entusiasta.
En el Espíritu Santo
imagino, confiaban
por casi desconocido
para los que ovacionaban.
Es del todo comprensible
pues se sabe, la esperanza,
es una hermosa virtud
fe y caridad, la acompañan
en el pódium de excelencias
de la cristiandad, las anclas.
Aunque en los tiempos que corren
va un tanto desesperada
por cómo camina el mundo
cuesta abajo en su rodada.
No pinta muy bien la cosa
más cabe esperar desgracias,
corregidas y aumentadas,
en el camino al suicidio
la Humanidad arrastrada
por no se sabe el Poder
totalitario y canalla.
Cristianos y no cristianos
aquí, diferencias no hayan,
sabemos lo que está en juego
según el Papa nos salga.
Es pronto para saberlo
aunque no faltan bocazas
expertos vaticanistas
de la noche a la mañana
que, todos, pontificando,
al Pontífice retratan
cada cual, según sus amos
con sus dineros, les mandan.
Más que Poder, que no tiene
sino espiritual, que alcanza
tan solo a la cristiandad,
sin embargo, su palabra
se escucha en el mundo entero
y suele ser respetada.
Los de siempre sospechosos
de actuar con mala baba
los que antes, a Francisco,
elogiaban y elogiaban
en sus posibles errores
y sus aciertos, callaban,
ya han salido a la palestra,
grave defecto destacan
en este León Catorce
el que del Trece tomara
su nombre como señal
de una intención bien copiada
de su antecesor que fue
luchador por una causa,
la de Justicia Social,
hoy, casi, casi, olvidada.
Esto, aunque muy bien lo saben,
los de siempre, bien lo callan.
Y, señalando un defecto,
real o falso, le atacan:
le acusan de partidario
de inmigración desatada
mientras que en el Vaticano
el que entra por puerta falsa
a la cárcel va a parar.
¡Hipocresía cantada!
Pues estos golfos que ahora
al este Rey León le tachan
de propiciar invasión
que a Occidente tiene en ascuas,
para ellos, algo terrible,
que a León tan mal retrata
¡son los mismos que defienden
inmigración a mansalva!
Así que, como es costumbre,
en adelante, la pauta
para juzgar a León
sea observar a esta panda.
Si lo elogian, ¡malo, malo!
Si lo acusan ¡esto, marcha!
En todo caso, ya están
bien repartidas las cartas
por lo que ahora procede
pedir ¡Dios, suerte reparta!
pues, tal dicen jugadores,
una sentencia muy sabia
más que el jugar bien o mal
al que la fortuna ampara
será siempre el que, al final,
se llevará el gato al agua.
En todo caso el deseo
desde esta modesta página
es que el nuevo Santo Padre
tenga una vida muy larga
y, sobre todo, fecunda
que, de eso, al final, se trata.
