Situado en la gastronómica zona de Ponzano, Zaga se ha consolidado, a los pocos meses desde su apertura, como el restaurante donde el producto marca el ‘día a día’
Estamos viviendo momentos difíciles y con mucha incertidumbre, donde estamos volviendo a la esencia y autenticidad en muchas facetas de la vida. En principio, a un restaurante vamos principalmente a disfrutar y a comer en condiciones. Y esa precisamente es la filosofía de Zaga: Buen producto, servicio cercano y profesional y precios comedidos.
En Zaga se cuida de manera especial la selección del producto, a través de pequeños proveedores y optando siempre por esa materia prima de temporada que además de ser la más óptima para el consumo, resulta también, la más económica.

Con un desarrollo de marca a cargo del creativo publicitario Javier de Vega, Zaga plantea en su amplio y luminoso local, reformado por el estudio de decoración Kubo Ene de Natalia Casco, dos propuestas diferentes, pero con un mismo hilo conductor.

Platos de siempre con ejecuciones sencillas y honestas que pueden degustarse, bien en su zona de barra a través de una carta específica de pinchos y raciones, (atención a sus empanadillas de bonito “como las de la abuela” y a su tortilla de patatas – con o sin pimiento verde – que se ha hecho un hueco entre las más aclamadas de la capital), dirigida a un picoteo más dinámico

O bien en su amplio comedor en la planta superior, magistralmente dirigido por el carismático Vasile Nan, en el que la propuesta es más amplia, si bien la mayoría de los platos están pensados para poder ser compartidos, dando así la posibilidad de probar un mayor número de opciones.

Entre sus propuestas de otoño siguen manteniéndose algunos platos ya convertidos en icónicos. Obligatorio el tataki de atún rojo sobre tosta acompañado de guacamole, cebolla encurtida y un toque de lima; continúan igualmente el pisto casero con huevo “a caballo”, el bonito en escabeche casero (que destaca por su finura y jugosidad), el delicioso escalope con empanado “secreto” o los arroces terminados en Josper.

Las opciones de carne (de La Finca de Jiménez Barbero)

o de pescado, seleccionadas según el mercado, se han convertido ya en garantía de calidad

Pero, además, la cocina de Zaga está incorporando a su carta de otoño-invierno nuevas recetas más acordes con los fríos venideros, como la sopa de cebolla, los callos con pata y morro, la butifarra con trufa, patatas y pimientos, los garbanzos con setas y calamares, las alcachofas a la brasa o las sabrosas carrilleras de ternera.

Para los golosos, la piña a la brasa con jugo de mojito se ha convertido en un fijo en todas las mesas. Pero también hay opciones para los más adictos al dulce como su tarta de limón, su impresionante tiramisú o la deliciosa tarta de queso.

La bodega dispone de una cuidada selección de vinos de diferentes denominaciones de origen con más de 40 referencias, además de todo tipo de destilados para que los clientes puedan alargar la sobremesa en un ambiente relajado y acogedor.
Dispone también de un reservado denominado “el ropero” con capacidad para 14 personas y otro en la planta inferior para 10 personas, perfectos para comidas de empresa o reuniones de amigos.

Una agradable terraza completa el espacio, convirtiéndose en ineludible punto de reunión y entretenimiento en una de las zonas más punteras, – gastronómicamente hablando -, de la capital.
Restaurante Zaga
Calle Bretón de los Herreros, 39, 28003 Madrid
Teléf.: 912 321 130
http://zagarestaurante.com/
Precio medio en barra: 15-20 euros
Precio medio en sala: 30-40 euros
Días de cierre: Domingos noches y lunes completos
Horario: De martes a sábado de 12,00-17,00 y de 20,30-1,30. Domingos de 12,00-17,00
